La gracia por Arrobas
lunes 15 de noviembre de 2010, 21:23h
De familia de cómicos, su padre fue un buen actor, que trabajó la república y tuvo compañía propia. Manolo, de joven, estuvo en la Guerra Civil, del lado republicano donde fue herido en la cabeza y le sirvió para presumir de mutilado de guerra. Nacido en Madrid, se las daba de chuleta, campechano y cordial. Muy joven, se inició en la compañía de su padre y enseguida pasó a ser galán-cómico en el mundo de la revista. Mi género predilecto que hizo, que yo me dedicase al teatro. Mi adolescencia está ligada a la claque de los teatros, donde se representaba esa maravilla que era la revista de los años cincuenta. Un mundo de fantasía musical con las mujeres más maravillosas de la época.
Si comparo el mundo fascinante de la revista, con el ahora, noto una sensible diferencia. Lo principal, es que, eran espectáculos populares. Los locales de España estaban llenos de compañías de revistas. La comedia era una cosa más fina y sin música, algo extraño para mí, sólo se hablaba con texto de Pemán. La comedia me parecía sosa y sin futuro. Eran producciones muy económicas que trataban de ahorrarse los decorados, la orquesta y el sueldo de las vicetiples. Por eso no me extrañaba que en el ochenta por ciento de los locales se dieran revistas, que era mucho más divertido. Músicos insignes como Alonso, Guerrero, Moraleda, Moreno Torroba, etc trabajaron como enanos para la revista. Las esculturales vedettes no sólo actuaban, sino que bailaban y cantaban en directo y con orquesta y además, se las oía. Los cómicos tenían que hacer reír, también cantar y evolucionar con ritmo. Por eso, cuando entraron en el mundo de la comedia, el trabajo les pareció una broma. Somoza, Merlo, Bárcenas, Lepe, Heredia, Alady, Navarro, Camoiras, Tony Leblanc, Gómez Bur…¡Y los pobres libretistas! Tenían que hacer delicias del respetable, con la actualidad, el fútbol y el ayuntamiento, sorteando la dura censura que no les dejaba ni moverse. Se trataba de la colaboración texto-actor. Al igual que en la comedia del arte, la aparente improvisación hacía las delicias del respetable.
El dinero público no había hecho su aparición en el teatro. Las subvenciones no tenían color alguno. Y ni los ayuntamientos podían manejar la pasta de cultura, el dictado de según qué carnet se llevara en la boca. El productor se jugaba su dinero, y el de sus hijos, formando compañía de revistas.
Espectáculos como los Vieneses, Celia Gámez o el Martín eran de lujo para el momento y el público con cena se evadía de lo lindo. Impensables en la actualidad que para hacer un monólogo se necesita subvenciones y sponsor.
En este marco incomparable de fantasía, luz y color, brillaba el joven Gómez Bur, bailarín de claqué, cantante afinadísimo y cómico desternillante que, hacía partirse de risa a la abarrotada sala ¡Un figura!
Llegó el cine y Gómez Bur se hinchó de hacer películas. Igual que Tony Leblanc, los Ozores, Isbert, Gila, Somoza, Martínez Soria, Saza, todos de la escena. Con el tiempo, la revista pasó y los geniales cómicos se instalaron en el teatro d everso que se decía a la comedia o el drama. Sólo un decorado, y un tresillo y a darle al verbo. Seis actores lo más. Con más herramientas había que lograr que la gente olvidase las plumas, las escaleras, los decorados y la orquesta. El milagro se consiguió gracias a los actores y a algunos textos divertidísimos.
A poco de iniciarmeen el oficio, coincidí con Manolo y con su mujer Marichi, compañera de trabajo y que dedicó su vida a cuidar de su actor y marido. Congeniamos enseguida y actor y autor unieron sus destinos en varios estrenos: EL PLAN MANZANARES, un vodevil con mujeres maravillosas y él de conquistador imparable; LA IDEA FIJA, con Juanjo Menéndez, dos años de éxito en todas partes. Un musical de García Segura y mío BARBA AZUL Y SUS MUJERES, obviamente Manolo era Barba Azul, y las diez mujeres más despampanantes del momento. De Manolo recuerdo que en la época de la censura llevaba en el equipaje una foto enmarcada en alpaca del Generalísimo y la colocaba bien visible en el camerino. Él que era rojo, saludaba brazo en alto y gritando ¡Arriba España!, a los censores cuando exigían ver el libro. La astucia le servía, de más de una multa se libró gracias a sus dotes de histrión ¡Genial! Era íntimo amigo de Tony Leblanc. No recuerdo nunca verle descansando, su pasatiempo, alguna partida de poker donde ganaba siempre, cuando las catorce funciones semanales y el ensayo por la noche del estreno de la próxima obra le dejaban. Aparte de rodar películas por la mañana.
Manolo me consta que fue feliz. Un triunfador nato. Que trabajó sin descanso cambiando el marco de alpaca de su camerino; el Rey, Suárez, González, Calvo Sotelo, Aznar y Zapatero… él, que era un demócrata de toda la vida. Se te echa de menos, tio.
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Comediógrafo
JUAN JOSÉ ALONSO MILLÁN es comediógrafo
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