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Andorra y Tíbet

Luis Racionero
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luisracioneroterraes/13/13/19
miércoles 19 de marzo de 2008, 22:29h
Son dos países cuya máxima autoridad, su jefe de estado, es un alto cargo religioso. Andorra tenía como Príncipe al obispo de la Seu d’urgell desde antes que la hija del vizconde de Castellbó - Ermesenda - se casara con el conde de Foix y pasara las posesiones de los Caboet al lado francés. Los astutos parroquianos de Andorra optaron por la solución salomónica de que les mandaran simultánemente los obispos y los condes de Foix, arreglo que se escribió en los Paratjes de 1285 y se respetó hasta hoy.

La noticia es que el Príncipe de Andorra ha sido degradado a jefe de estado en aras de la modernidad. Quien esto escribe, que es de Seo de Urgel, vivía feliz sabiéndose miembro de una arcaica ciudad con príncipe, y no deja de sentirse como el Guerra, al cual un picador se le hizo gobernador civil de Almería. "¿Cómo ha sido eso?". "Ya ve, degenerando". Ahora el obispo Vives ya no es príncipe, sólo es jefe de estado para que en la ONU les cuadren los archivos. ¿Cómo nos cambiará eso la vida en la Seo de Urgel?.

Andorra y su jefe de estado se pueden considerar afortunadas en comparación con Tibet y su descabalgado príncipe espiritual y temporal, el Dalai Lama. Los tibetanos no tenían vecinos livianos como el obispo de la Seo o el conde de Foix, sino dos colosos como China y los Rajas indios. Los chinos que no han sido imperialistas porque habitan la "Tierra del Centro", que es, según ellos, la mejor del mundo, y que en vez de expandirse se refugiaron tras la Gran Muralla, sólo han mostrado una pulsión imperialista desde el siglo XIII, y ha sido contra el Tíbet, una especie de Andorra en los valles del Himalaya, gobernada por un pontífice budista hace mil años.

¿Por qué el empeño de China por controlar Tíbet?. Es el techo del mundo, les protege su flanco con India, siempre había sido suyo pero dejaban que gobernasen los monjes budistas, son argumentos que se esgrimen desde el lado chino. Por desgracia no son aceptados en el propio Tíbet que se ha vuelto a rebelar exigiendo su independencia con motivo de la Olimpiada a celebrar en China.

No creo que consigan nada, aunque tengan razón: los chinos no convencerán, pero vencerán porque tienen la fuerza de su lado y no les tiembla la mano, como demostraron en Tianamen. Es una lástima. Una actitud más humana, un estatuto como el que tienen los vascos y los tibetanos estarían contentos y se gobernarían con el Dalai Lama como con un Lehendakari hasta que la maduración de la democracia en China permitiera llegar a acuerdos beneficiosos para ambos países sin necesidad de que el gigante aplaste al pequeño.

Andorra encontró su identidad moderna con el skí, el turismo de montaña, las compras y los fines de semana, gracias a la proximidad de ciudades ricas y desarrolladas como Barcelona, Toulouse, Valencia o Montpellier. Su gobierno de la mano de Oscar Ribas Reig le integró en la ONU como país independiente y por eso ahora su máxima autoridad ha de cambiar de nombre, un nombre más prosaico, menos romántico, pero más tranquilizador ante los tiempos modernos.

Nada de esto pudo o supo prever la teocracia tibetana, absorta en sus mandalas, sin sospechar que el siglo XX – "cambalache, problemático y febril"- llamaría a las puertas de las lamaserías, incluso las derribaría para sustituir su gobierno religioso por un comunismo ateo y materialista. Ateo daba igual, porque el budismo, como Laplace, no necesita la hipótesis de Dios, pero el materialismo histórico no se compadece con el eterno retorno, esa visión del mundo no lineal que separa los universos mentales de Oriente y Occidente.

¿Enviarán turistas y esquiadores los chinos hacia el Tíbet, les dejarán vender tazas de duralex?. ¿El nuevo tren hacia Lassa podrá convertir ese conjunto de monasterios en paradores profanos?. No me gusta ver desaparecer los príncipes ni los Dalai Lamas, pero celebro que los países se desarrollen y su gente viva mejor. En el caso de Andorra ya se ha conseguido, ojalá el Tíbet pueda seguir la misma estela de prosperidad por el turismo. Quien lo tiene peor es el Dalai Lama, pues a diferencia del obispo de la Seo, el gobierno chino se ha pasado una ley por la que pueden vetar su reencarnación.

Luis Racionero

Escritor

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