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ZAPATERO, RUBALCABA, SOLANA, BOYER Y BONO

miércoles 17 de noviembre de 2010, 13:11h
Vicepresidente primero del Gobierno y ministro del Interior, Alfredo Pérez Rubalcaba; vicepresidente segundo y ministro de Asuntos Exteriores, Javier Solana; vicepresidente tercero y ministro de Economía, Miguel Boyer. Los tres pesos pesados se dedicarían durante un año a combatir la crisis y a enderezar los entuertos zapatéticos. En septiembre próximo, José Luis Rodríguez Zapatero anunciaría, como hizo Aznar en el año 2003, que dos legislaturas son suficientes, que no se debe estar en el poder más de ocho años y que había decidido, en conciencia, dar paso a un nuevo candidato socialista a la presidencia del Gobierno. Un Congreso extraordinario del PSOE nombraría tal vez a Rubalcaba, tal vez a Bono que ha obtenido ya el voto popular en varias elecciones.

Este era el proyecto que destacados barones socialistas pretendieron imponer a Zapatero en la primavera pasada. El presidente dadivoso pospuso la crisis hasta después de la huelga general y, con extraordinaria habilidad, ha hecho el cambio que le permite mantener hoy sus expectativas personales. Desde su punto de vista, ha acertado plenamente. Ha dado a los barones el caramelo y medio de un Rubalcaba robustecido y un Jáuregui rescatado del exilio europeo. Pero mantiene el control del Consejo de Ministros, atento eso sí a que no le rubalcabeen en demasía. En septiembre próximo, si la macroencuesta que proyecta encargar le permitiera, tal vez no ganar, pero si gobernar en alianza con otros partidos, mantendría su candidatura a las generales de 2012. Si no fuera así, afirmará que Sonsoles está que trina en Moncloa, que lleva demasiado tiempo asumiendo la máxima responsabilidad y que talle otro.

En lo personal, Zapatero ha acertado con su crisis alicorta. Incluso se ha permitido decir a los Barreda, a los Gómez, a los Guerra, a las bases socialistas: “¿No habéis querido respaldar a mi favorita en Madrid? Pues taza y media. Ministra de Asuntos Exteriores, para que vayáis aprendiendo lo que vale un peine”. Y que Dios coja confesados a los españoles. A Trinidad la engañaron como a una pardilla algunos responsables de la OMS y despilfarró los recursos de Sanidad con la adquisición de 13.000.000 millones de dosis contra la gripe A, que se pudren en los desvanes del ministerio, en el zaquizamí de la incompetencia. Ahora debe lidiar, auxiliada por el faro de la Alianza de las Civilizaciones, a los morlacos de pitones veletos que embisten por los alberos de la política internacional. Zapatero cree que todos sus colaboradores valen para todo. Y menos mal que no ha nombrado a su otra favorita, Bibiana Aído, vicepresidenta primera del Gobierno y ministra del Interior. Que es lo que le pedía el cuerpo. Así se regocijaría hoy, rodeado en Moncloa de sus púberes canéforas al frente de los grandes ministerios: Elena en Economía, Carmina en Defensa, Trinidad en Asuntos Exteriores y Bibiana en Interior. Rubalcaba ha dejado coja la cuarta pata de la mesa zapateresca.
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