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Las dudas sobre el rescate de Irlanda

miércoles 17 de noviembre de 2010, 23:49h
A día de hoy, las autoridades irlandesas aún no han solicitado la ayuda económica ofrecida por la Comisión Europea y tampoco se prevé que lo hagan en breve. No, al menos, de una manera pública y tajante; otra cosa será el fruto que den las conversaciones entre Dublín y Bruselas. Si por ellos fuese, los gobernantes irlandeses ya se habrían acogido al programa de ayudas para su castigado sistema financiero. Ocurre que dentro de poco habrá elecciones en el país y el hecho de que Europa tuviese que acudir al rescate, bajo severas condiciones, dejaría en muy mal lugar al Ejecutivo actual.

Así las cosas, cabe preguntarse si es lícito rescatar a quien no desea ser rescatado. Y vaya si lo es. La interconexión ente los 27 socios europeos hace que lo que sucede en un estado miembro tenga inmediata repercusión en el resto. Baste recordar el reciente ejemplo de Grecia para entender el temor de los mercados financieros. Mercados que, por otra parte, somos todos. Porque mercado financiero no es sólo ese gran banco con capital de varios países, sino también el pequeño inversor que acude a una entidad financiera y adquiere un producto que le permita obtener una mayor rentabilidad para sus ahorros, o simplemente aquel que deja su dinero en la cuenta corriente. Entre todos deciden si un país es solvente o no. Y, a día de hoy, Irlanda no parece estar en la mejor disposición.

De todos modos, conviene hacer algunas precisiones entre los llamados PIGS -Portugal, Irlanda, Grecia y España- y algún otro como Hungría. Esta última, junto con Grecia, falseó sus cuentas públicas y llevó a cabo una política económica desastrosa. Algo parecido puede decirse de España, donde sus bancos son tan fuertes como débiles sus cajas de ahorros y en la que su Ejecutivo lleva desnortado demasiado tiempo. El caso de Irlanda es precisamente el contrario. De hecho, hace bien poco aún se hablaba del “milagro irlandés” para referirse a la buena marcha de la economía irlandesa. Son sus bancos los que no han hecho bien las cosas, y es ahí donde radica el problema. En cualquier caso, Irlanda debe acometer un ejercicio de responsabilidad política y dejarse ayudar. Con ello, no sólo actuará en beneficio del resto de europeos, sino también de sus propios nacionales.
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