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Silvia García y Javier Sopeña relatan a EL IMPARCIAL su experiencia en El Aaiún

Activistas españoles acusan al Gobierno de ser "cómplice activo" de la "masacre" en el Sahara

jueves 18 de noviembre de 2010, 19:05h
Dos de los activistas españoles de la organización Sahara Thawra, Silvia García y Javier Sopeña, que vivieron de primera mano la intervención militar de Marruecos para desmantelar el campamento pro saharaui de El Aaiún, han explicado a EL IMPARCIAL que el pueblo saharaui ha vivido una "masacre" de la que España está siendo un "cómplice activo". García y Sopeña han aludido a que en la zona todavía quedan muchos ciudadanos españoles y se preguntan, ante la inactividad del Ejecutivo español, si son "ciudadanos de segunda".
¿Qué es lo que ha ocurrido en el Sahara Occidental?
Hemos sido testigos de la represión de un levantamiento popular.

¿Cómo fue el desalojo del campamento saharaui?
Sobre las 5.30 de la mañana del pasado 8 de noviembre el ejército marroquí, que estaba rodeando el campamento, comenzó a moverse y a posicionarse para atacar. Todos sabíamos que iban a atacar esa noche, incluso la hora se intuía, y a nadie le sorprendió.

Los hombres jóvenes que podían físicamente ofrecer una resistencia al avance de las tropas se situaron delante y el resto, mujeres, niños, ancianos y heridos que iban llegando desde la línea de los enfrentamientos se posicionaron detrás para ir siendo evacuados a la ciudad. Cuando había coches, en coches y cuando no, andando a través del desierto.

¿Se le advirtió al Gobierno español de la inminencia de la intervención marroquí?
El Gobierno español sabía que iban a atacar esa misma noche porque la información era pública, el Frente Polisario había avisado el día de antes a través de Internet de que era muy posible que esa noche atacaran. Si al Ejecutivo le interesaba lo más mínimo lo que estaba ocurriendo en el campamento, también tenía que saberlo.

Además, había evidencias que apuntaban a que iban a actuar porque el día anterior habían cortado el paso entre El Aaiún y el campamento y habían llegado a la ciudad muchas ambulancias y tropas de otros puntos del territorio.

¿Fue "pacífica" la intervención militar como apuntó el ministro del Interior marroquí? ¿Había "milicias armadas" como aseguró Marruecos?
La intervención del Ejército no fue pacífica, ¿cómo iba a serlo? Hubiese sido pacífica si los saharauis hubiesen abandonado el campamento por su propia voluntad, pero ellos resistieron y defendieron su campamento, por lo que al Ejército marroquí le costó mucho desmantelarlo.

Aunque era imposible ganar la pelea porque eran soldados profesionales peleando contra civiles, los saharauis pelearon sabiendo que podían matarlos, lo que da una lección de dignidad a todos.

No había milicias saharauis. Lo único que había era un Comité de Seguridad en el campamento que vigilaba para echar a los espías marroquíes y que fueron los que despertaron al resto de los activistas cuando el Ejército comenzó el desmantelamiento.

¿Tuvieron miedo en algún momento?
No. Sentíamos impotencia por no poder hacer nada y preocupación por los que nos ayudaban, ya que los teléfonos estaban pinchados y se estaba vigilando a los saharauis de cerca.

¿Se esperaba una intervención del Gobierno español en pro del pueblo saharaui?
Nunca hemos esperado la intervención del Gobierno. Ni en esta situación ni en ninguna. No es la primera vez que ocurre algo así en el territorio. ¿Cómo vamos a esperar ayuda de un Gobierno que autoriza la venta de armas a Marruecos y que permite el expolio de los recursos naturales por parte de empresas españolas?

Nosotros sabemos que el pueblo saharaui nunca va a tener la ayuda del Gobierno español, más bien al contrario, el Ejecutivo español es un enemigo más, es como Marruecos.

El Gobierno ha traicionado al Sahara y al pueblo español. Hay muchos españoles saharauis todavía en El Aaiún pero el Ejecutivo se está olvidando de ellos, ¿es que son ciudadanos de segunda?

silvia García y Javier Sopeña a su llegada al aeropuerto de Las Palmas. Efe¿El Gobierno mantuvo algún tipo de diálogo con ustedes?
Nos llamaron de la Embajada en Rabat y del Consulado por primera vez el jueves –cuatro días después del asalto-. Sí, estaban en contacto continuo con nuestras familias.

¿Había esperanzas en El Aaiún de que el Gobierno español interviniese?
Los saharauis no tenían ninguna esperanza en el Gobierno español, pero sí que preguntaban si estaba haciendo algo. Nosotros con vergüenza contestábamos que nada. Sí sabían que los medios de comunicación españoles se estaban moviendo.

El Gobierno nunca ha hecho nada. Ahora no esperamos que lo haga porque se supeditan y colaboran con la masacre en Marruecos desde que España abandonó el Sahara. Son cómplices activos. Por eso decimos que también son enemigos.

¿Había prensa en la zona?
Algunos periodistas consiguieron acceder al campamento cuando ya construyeron el muro cerca del campamento. Cuando el campamento llevaba dos semanas y Marruecos vio que era imposible controlar la entrada, porque los saharauis entraban por el desierto con vehículos todoterreno, fue cuando construyeron varios muros para dejar un único acceso al campamento.

¿Se pusieron en contacto con ustedes desde el régimen marroquí?
Nosotros nunca hemos tenido constancia de que el Gobierno de Marruecos nos buscara porque nunca se pusieron en contacto con nosotros, ya que estábamos huyendo de la Policía.

Fuimos nosotros los que tomamos la decisión de salir porque no podíamos hacer nada allí, no teníamos libertad de movimientos para tomar testimonio de los hechos y se estaba poniendo en peligro la seguridad de las personas que nos estaban ayudando. No había manera de contar lo que estaba sucediendo, sólo a través de lo que nos relataban los saharauis.

Cuando decidimos salir de allí hablamos por teléfono con la Embajada en Rabat, con el servicio de emergencia del Consulado y con Mariano Collado, que es el funcionario encargado de la depositaria de bienes culturales de España y el que asume el papel de cónsul en el territorio porque, allí no hay Consulado español al ser un territorio ocupado.

¿Se les estaba buscando a ustedes?
En uno de los barrios en el que nos escondimos sabemos que nos buscaban porque uno de los saharauis que nos estaba cuidando había visto al Ejército yendo por las casas y preguntando por los europeos.

Uno de los días, la Policía le dio una paliza a un periodista norteamericano que era corresponsal en Rabat de un medio saudí, John Ford, al confundirlo con un activista español. No sabemos qué fue de él. Ford fue uno de los periodistas que consiguió acceder al campamento.

Cuando hemos acudido a la zona en otras ocasiones, la Policía marroquí nunca se ha cortado a la hora de dar palizas a saharauis delante de nosotros. Lo hacen porque saben que no les va a pasar nada.

¿Cómo fue su día a día durante la semana posterior a la intervención militar?
Estuvimos en varios lugares ocultándonos. De hecho, nosotros no nos encontramos hasta tres días antes de volver a España.

Cuando todos, menos a los que habían capturado, volvíamos del campamento andando tras la intervención vimos la Intifada en las calles de El Aaiún. Se veían los enfrentamientos en las calles, edificios ardiendo, saharauis resistiendo contra el Ejército, barricadas, bombas, etc. A partir de ese momento, una vez que conseguimos escondernos, vimos poco.

La resistencia saharaui duró tres días. A partir de ahí, lo único que pasaba era que los militares entraban en las casas y y se llevaban a la gente. Ya no había resistencia.

García y sopeña durante la rueda de prensa en la que explicaron su experiencia. Efe


¿De cuántos muertos y desaparecidos se hablaba en El Aaiún?
Hay referencias pero es imposible dar una cifra exacta. Tenemos que hacer cábalas porque es imposible saber hasta dónde ha llegado la masacre, ya que Marruecos impide que acceda la prensa extranjera, salvo un par de medios franceses que dicen que no han visto nada.

La Misión de las Naciones Unidas para el referéndum del Sahara Occidental (Minurso) no hace nada y si quisiera hacerlo Marruecos no le dejaría. Nosotros estamos en contacto con saharauis que nos cuentan quién ha desaparecido cada día. Hay una lista con los nombres de los desaparecidos.

Sabemos que a algunos se los están llevando a las cárceles marroquíes porque en la cárcel negra de El Aaiún ya no cabe nadie más. Sabemos que se han encontrado cuerpos en pozos de agua cercanos al río que baña la ciudad.

Hay denuncias de la Liga Española Pro Derechos Humanos, que habla de más de cien muertos y 400 desaparecidos. La cifra que nosotros tenemos es bastante mayor, pero es imposible contrastarla hasta que no se lleve a cabo una investigación.

Somos pesimistas porque no es la primera vez que sucede, antes de estos sucesos ya había 500 desaparecidos. Se han llevado a cabo investigaciones sobre esto: Cristina Navarro, por poner un ejemplo, estuvo investigando el asunto de las fosas comunes en el Sahara y encontraron huesos. Hubo una denuncia, pero ahí se ha quedado.

La gente se lleva las manos a la cabeza por el número de muertos, pero esto ya pasaba antes. Ya había fosas comunes.

Cuando Marruecos abra las puertas, que lo hará, no se podrá encontrar nada. La única manera de saberlo es ir de casa en casa preguntando quién falta, que era una de nuestras labores allí.

La Minurso, ¿no hizo nada en absoluto? ¿Se le ofreció refugio a alguien?
Ellos no hacen nada allí. Llevan muchos años y sólo guardan el alto el fuego, no tienen como competencia la vigilancia de los Derechos Humanos.

Sólo elaboran informes sobre el alto el fuego y realizan un censo para el referéndum de independencia, que acabó de realizarse en 2004. No hacen nada práctico y son los primeros que reconocen que no pueden hacer nada. No están para defender a nadie.

Los activistas españoles en el aeropuerto de Las Palmas. Efe



¿Qué es lo que más les ha consternado?
"Muchas cosas. Creo que la imagen más dura la tengo del campamento, de ver cómo machacaban a los saharauis y se ensañaban con ellos. Fue muy bestia. Después, todo lo demás. Ver a la gente hecha polvo no sólo físicamente, las mujeres buscando a sus maridos o hermanos, etc.", ha explicado Silvia García.

¿Consideran que es una guerra lo que está ocurriendo?
Una guerra no porque los saharauis no tienen armas, se defienden con palos y cuchillos. Lo llamaríamos un intento de levantamiento popular reprimido por un Ejército.

¿Cómo ven el futuro más inmediato de la zona?
Suponemos que Marruecos dejará investigar, pero no servirá para nada. Aumentará el número de desaparecidos y ya está.

A largo plazo la única esperanza que tienen para ejercer su derecho de autodeterminación es que algún gobierno los apoye. Pero eso no va a pasar con ningún gobierno porque nadie está dispuesto a enfrentarse a Marruecos hasta ese punto.

La única posibilidad que les queda para conseguir la libertad es la guerra, pero es muy complicado.

¿Creen que Marruecos está intentando exterminar al pueblo saharaui para quitarse el problema de encima?
Eso es lo que llevan intentando desde la Marcha Verde. De lo que no se dan cuenta es de que hasta que no exterminen a todos y cada uno de ellos no van a dejar de tener problemas, y cada vez más.

Cada vez transcurre menos tiempo entre los sucesivos levantamientos en el Sahara y Marruecos hace lo de siempre, mata a todo el que puede. De lo que no se da cuenta es de que esos muertos tienen hijos que lo ven y que piensan que cuando crezcan serán ellos los que actúen. Y se vuelve a repetir la misma historia.

No nos cansamos de pensar en que no se han condenado los hechos y en que hay que darle un aviso a Marruecos por parte del organismo que tenga que hacerlo porque se le está permitiendo que termine con el movimiento saharaui. La responsabilidad de parar la represión la tiene la comunidad internacional.

¿Cómo es la convivencia entre los saharauis y los colonos marroquíes en El Aaiún?
En general no hay mezcla. Hay barrios de saharauis y de colonos, pero conviven en muchos otros barrios. Cuando pasan cosas como esta, Marruecos utiliza a los colonos para coger a los saharauis. Los colonos están haciendo de chivatos cuando la Policía les pregunta por los saharauis. También hay colonos radicales.

Los marroquíes prefieren colaborar con el Régimen marroquí, antes que revelarse como los saharauis.
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