El Inter de Milán se enfrenta a una de las peores crisis de resultados de los últimos cinco años. El técnico español ya ha recibido un ultimátum de la prensa transalpina tras figurar en la quinta posición en la clasificación del Calcio y empeorar sensiblemente los resultados de la temporada pasada. Las constantes lesiones que han sufrido sus jugadores parecen constituir la razón del desastre. Sin embargo, resulta discutible la actitud de sus futbolistas, un bloque de jugadores que ganó todo con Mourinho -entrenador al que idolatró la institución nerazzurra- y que no ha podido doblegar a Lecce, Brescia y Milán en los últimos encuentros. La alargada sombra del “Special One” parece entorpecer la entrada de la metodología del madrileño en el vestuario milanés. ¿Estará sufriendo el preparador español una rebelión en su vestuario?
La labor de un entrenador es, junto a la del árbitro, una de las más discutidas del balompié. Su función permanece condicionada a la calificación sistemática de aficionados propios y rivales, de la prensa y del cuerpo directivo del propio club. Amén de la incómoda compañía del llamado “entorno” del equipo, el técnico debe conjugar su dominio de la táctica y estrategia futbolísticas con la mano izquierda necesaria para que todos sus jugadores alcancen un relativo grado de felicidad y comodidad en la disciplina de la plantilla. Sin embargo, y aunque pareciera lo contrario, es esta última faceta la que complica más la labor de un preparador.
La psicología ha ganado peso en el mundo del balompié hasta convertirse en un factor decisivo en el rendimiento de un grupo de futbolistas. La metodología del entrenador no se traducirá en buenos resultados a menos que el mister convenza a sus jugadores de la idoneidad de la misma. Es decir, una plantilla de 25 profesionales no entrenará –convenientemente- dos horas diarias si no cree en el proyecto que el plantea el entrenador. Si no se consigue alcanzar la confianza del jugador el técnico está sentenciado a estrellarse, será el protagonista de la crónica de una muerte anunciada.
Rafa Benítez es uno de los entrenadores españoles de mayor prestigio a nivel internacional de la historia de este deporte. Sus éxitos rotundos son indiscutibles y sirven de argumentación a favor de su metodología de trabajo y de su filosofía –escasamente comprendida en España-. Uno de sus mayores logros ha radicado en lograr el compromiso máximo de toda una plantilla en pos de un objetivo común. El
Valencia y el Liverpool comprobaron la fuerza de convicción de Benítez y gozaron del esfuerzo conjuntos de sus jugadores, tanto estrellas como gregarios, para alcanzar la
Champions League de 2005 en el caso inglés y la
Liga y UEFA de 2004 en el casó valenciano.
Sin embargo, el técnico madrileño se enfrenta en estas semanas a una de las peores situaciones de su carrera profesional –incluso más negativa que el proceso de derribo sufrido por el Liverpool-. Benítez se encuentra contra las cuerdas en el Inter de Milán. El gigante italiano es el actual campeón de la Champions League, la Copa Italiana y de los últimos cinco Scudettos. Pero el bloque ganador, capaz de dominar como hacía mucho tiempo el balompié transalpino y de conseguir la copa de Europa para la entidad nerazzurra 45 años después, no funciona. Bajo el mandato de Rafa, el Inter es quinto, a seis puntos del Milan y con cinco empate y dos derrotas de 12 partidos.
Esta situación, agravada por la desastrosa serie de resultados –
dos empates en casa ante Brescia y Lecce y la derrota ante el Milan-, ha provocado que en el club milanés se respire un ambiente de desconfianza que ya ha alcanzado a la institución. Moratti, el máximo mandatario, ha desmentido las publicaciones de la prensa italiana que situaban a Benítez en una situación límite y condicionaban su permanencia a sendas victorias en los encuentros venideros. “
Tengo una total confianza en Benítez, el proyecto sigue adelante”, declaró Massimo Moratti. Sin embargo, el presidente también ofreció su apoyo público y oficial a Roberto Mancini, que fue cesado cuando su equipo era líder del Calcio en 2008.
Las causas de la depresión que sufre la plantilla interista se pueden resumir en dos teorías. En primer lugar, el entrenador alude a la desolación provocada por las numerosas lesiones que han golpeado a jugadores como
Esteban Cambiasso, Diego Milito, Wesley Sneijder, Maicon y Walter Samuel. Incluso Moratti ha mostrado su preocupación por el esfuerzo que están realizando sus jugadores tras la durísima y exitosa pasada temporada. Y en segundo lugar, se puede encontrar una explicación de cierta validez en el cambio de enfoque que Benítez implementa en la plantilla y los mecanismos defensivos y ofensivos de la misma, con respecto al desplegado por Mourinho en los dos años precedentes. Es decir, falta de adaptación de los jugadores al nuevo técnico.

Esta segunda vía podría aportar luz a la verdadera causa del bajo rendimiento de la plantilla que consiguió el triplete en 2010: falta de adaptación de los jugadores a Benítez y no viceversa. El pensamiento colectivo del vestuario nerazzurro podría no aceptar al entrenador español, resistiendo a cambiar el método de trabajo y filosofía de su ex entrenador, el portugués
José Mourinho. Ninguna imagen resulta más gráfica que el abrazo de despedida entre lágrimas de
Materazzi y el preparador luso tras ganar la
Champions League en el Bernabéu. La plantilla de Mourinho se construyó como una familia, como un todo y no como una suma de las partes. La absoluta devoción que la institución milanesa profesó al actual técnico madridista ha provocado que Mou sea recordado en Milán como uno de los mejores entrenadores en la historia del Inter. No en vano, con él, el equipo logró volver a ser el mejor equipo del mundo 45 años después.
La resistencia, quizá inconsciente, de los jugadores a acatar los nuevos esquemas de Benítez no es una situación sencilla. En un equipo en que sólo ha funcionado
Samuel Eto´o –ocho goles anotados-, debe haber una justificación añadida a la de las lesiones que, desde luego, han mermado el potencial del equipo. De hecho, la justificación de las lesiones no es válida para el tropezón ante el Brescia en casa. La alineación titular de ese encuentro fue: Castellazzi (portero),
Maicon, Lucio, Samuel, Chivu, Zanetti, Sneijder, Coutinho,
Pandev, Milito y Eto´o. Es decir, nueve de esos jugadores formaron parte del equipo titular que ganó la final de la Champions en el Bernabéu con Mourinho. Tan solo
Julio César y Cambiasso estuvieron fuera por lesión.

Pero, de cumplirse la teoría de la conspiración del vestuario al entrenador “foráneo”, no sería la primera vez que ocurre en el fútbol, ni mucho menos. Un ejemplo cercano al club interista es el de
Roberto Mancini en el Manchester City. El italiano fue fichado por el club inglés en diciembre de 2009 para sustituir a
Mark Hughes. El desembolso espectacular del los jeques propietarios no consiguió convertir al equipo británico en ganador a las primeras de cambio. Con Mancini en el vestuario el equipo no despegó y nunca tuvo posibilidades de ganar la Premier League. La falta de conexión entre el nuevo entrenador y los jugadores se hizo manifiesta y los sorprendentes malos resultados parecían tener por fin una explicación lógica.
Carlos Tévez, la estrella argentina del equipo, declaró en abril que "
estamos al final de una temporada larga, tenemos partidos importantes, estamos cansados, pero todavía hay sesiones dobles de entrenamientos, por la mañana y por la tarde, no lo entiendo".
Esta temporada ha arrancado del mismo modo que la pasada para
Mancini. Resultados discretos en relación a las expectativas y al gasto en fichajes –el explosivo
Balotelli ha aterrizado en Manchester como apuesta personal del entrenador-. La primera cornada oficial al italiano ha llegado del
Sun. El diario publicó las impresiones de los jugadores de la plantilla citando una fuente del club: “
es difícil encontrar un solo jugador en el vestuario que esté de acuerdo con Mancini. El lugar es un completo desastre. No saben quién podría sustituirle, pero sí están seguros de que quieren la destitución de Mancini”. La publicación, que cita a otra fuente del club, añade: “
el espíritu de equipo está cayendo a pedazos, porque no hay respeto por el entrenador e incluso algunos futbolistas apuestan cuándo será despedido”.

En nuestro fútbol se han producido varios casos flagrantes de rebeliones del vestuario contra su jefe. La situación más representativa tuvo como protagonistas a
Ronald Koeman y al
Valencia Club de Fútbol. El técnico holandés llegó al conjunto ché en octubre de 2007 y en abril de 2008 fue cesado. Koeman trató de dar un giro en la planificación deportiva del club apartando a símbolos de la plantilla como
Santi Cañizares, David Albelda o Miguel Ángel Angulo. La rebelión en el vestuario no tardó en consumarse y el holandés se vio obligado a abandonar el club tras caer en San Mamés por 5-1. El autor del gol con el que el Barcelona ganó su primera Copa de Europa declaró tras su salida que: “
Cañizares, Albelda y Angulo han creado una atmósfera negativa con el apoyo de otros, como Joaquín. Jugadores como ése costaron 30 millones de euros, pero han dado un rendimiento de 30 euros”. El extremo gaditano no tardó demasiado en responder a su ex entrenador: "
cogió al equipo cuarto y lo dejó a dos puntos del descenso: eso lo dice todo”. La gestión de la plantilla que hizo Koeman es discutible, pero no lo es menos la actitud de los jugadores.
Rafa Benítez atesora la experiencia y los triunfos suficientes en el mundo del fútbol para comprender la situación que sufre en la actualidad. Su capacidad de motivación queda fuera de duda tras remontar un 3-0 en la final de la Champions League y llevarse la copa a Liverpool. Sin embargo, ante una plantilla veterana y campeona de todo, ¿podrá Rafa aplicar su magia, revertir la situación y domar el raciocinio de sus pupilos para conseguir algún trofeo esta temporada?