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España en el punto de mira

lunes 22 de noviembre de 2010, 13:52h
El rescate de Irlanda y el próximo, ya lo verán, de Portugal vuelven a situar a España en el ojo del huracán de los mercados financieros. Este panorama se ve fortalecido por la petición de la OCDE al gobierno español de practicar ajustes presupuestarios adicionales para lograr reducir el déficit y de la Comisión Europea urgiendo a introducir reformas profundas en el sistema de pensiones para garantizar su sostenibilidad y también para hacer posible el proceso de consolidación presupuestaria. Desde esta óptica se reproduce de alguna manera el escenario previo al verano en el que los problemas de las finanzas públicas españolas hacían temer una posible intervención de la UE y del FMI para evitar una potencial default. Quienes afirmaban que ese riesgo había terminado y que el fantasma de una crisis de deuda había pasado a mejor vida se han equivocado de nuevo.

La situación de Irlanda y la de España guardan semejanzas y disimilitudes. Entre las primeras se encuentra el estallido de una burbuja inmobiliaria, el alto endeudamiento de las empresas y de las familias en la pre-crisis y un crecimiento soportado en buena medida por una fuerte expansión del crédito. Entre las segundas, Irlanda se ha enfrentado al hundimiento de su sistema bancario mientras España ha tenido hasta el momento una posición más sólida de su sistema financiero, aunque el saneamiento de las cajas de ahorro está en gran medida pendiente y existe una considerable incertidumbre sobre su evolución. Por último, Irlanda aplicó una intensa restricción presupuestaria mientras la de España es a todas luces insuficiente.

Por lo que se refiere a Portugal, la comparativa augura un panorama con claras similitudes con el español. Un desequilibrio importante en las finanzas públicas unido a una pérdida de competitividad que no se ha resuelto junto a una economía con un encefalograma plano. El caso portugués ejemplifica el error de no acometer una severa contracción de los desembolsos del sector público y de no introducir las reformas necesarias, básicamente la laboral, para estimular el crecimiento y reducir el desempleo. La larga década de estancamiento de la economía portuguesa y si crisis fiscal son muestras evidentes de adónde conduce el no hacer los deberes a tiempo.

En este contexto, los rescates de Irlanda y Portugal es una manera de comprar tiempo para que España ponga en marcha las medidas necesarias para evitar una default. Esto es así porque la economía española es demasiado grande para caer pero también demasiado grande para ser rescatada. Esto plantea un escenario típico de teoría de juegos, esto es, los incentivos para reformar y ajustar el presupuesto son directamente proporcionales a la convicción del gobierno de que lo contrario conduce al desastre y, en consecuencia, los demás estados de la UE o la comunidad internacional “harán algo” para evitar la debacle. Del resultado de esa complicada partida de póquer a tres bandas –gobierno español, mercados, UE- dependerá el futuro del país en los próximos meses. ¿Qué puede pasar..?

Desde una óptica económica y patriótica, en el sentido estricto del término, el gabinete socialista debería introducir los recortes del gasto y las reformas estructurales que le exige la UE, los organismos internacionales y los mercados. Desde una perspectiva política, el asunto no parece tan claro. Si el objetivo de cualquier partido es maximizar sus votos, resulta improbable que el gobierno sea capaz de poner en marcha medidas que le van a proporcionar escasos réditos electorales cuando se enfrenta a unos comicios locales y autonómicos en mayo de 2011 y a unas generales en marzo de 2012. Sus incentivos para hacerlo disminuyen en tanto la cercanía electoral hace muy difícil que pueda “beneficiarse” de los beneficios producidos por una política de mayor austeridad presupuestaria y de cambios profundos en el mercado laboral, en las pensiones y en otros capítulos del gasto social. Por añadidura, el éxito del ajuste fiscal depende de manera crítica de recortar el gasto autonómico y local, extremo improbable con las elecciones territoriales a meses vista.

En este marco, el tiempo juega en contra del gabinete y, en consecuencia, de las posibilidades de implantar la política económica que España necesita para superar la crisis y evitar el riesgo de un rescate. Hoy como ayer, el problema es la falta de voluntad o, mejor, de capacidad del gobierno socialista de hacer lo que hay que hacer. Va siempre detrás de lo que exige la coyuntura económica y cuando da un paso hacia adelante en la buena dirección, se queda corto. Por otra parte, la frágil posición económico-financiera de algunas comunidades autónomas y ayuntamientos complican el panorama en tanto pueden forzar un rescate por parte del Estado para evitar su quiebra. En este entorno, el gabinete se enfrenta a un diabólico dilema o socorre a las administraciones periféricas, cuya deuda está avalada por él, lo que resta credibilidad al proceso de saneamiento de las finanzas públicas o no lo hace y la default de una o varias/os municipios o regiones se contagia al resto. Esta es la nueva amenaza que se cierne sobre la consistencia y credibilidad de la estrategia presupuestaria del ejecutivo.

Así pues, las cosas se vuelven a poner feas. España mezcla en una coctelera explosiva lo peor de Irlanda y lo peor de Portugal con elementos adicionales negativos propios como son la insolvencia de una parte no desdeñable de su estructura territorial. Prepárense…
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