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Cataluña sentencia a Zapatero

lunes 29 de noviembre de 2010, 08:07h
El vuelco electoral que supusieron los comicios autonómicos catalanes celebrados ayer ha de interpretarse no sólo en clave local, sino nacional. Y es que tanto ganadores -CIU- como perdedores- PSC, Esquerra- coincidían en la incidencia que la crisis ha tenido en estos resultados. Aunque quizá no del modo que los socialistas creen.


Parte del gran apoyo que ha cosechado CIU proviene de votos prestados, y eso es algo que saben en la formación nacionalista. Así las cosas, ojalá a partir de ahora Artur Mas saque a relucir dos de las tradicionales virtudes de su partido -pragmatismo y posibilismo- y trabaje para solucionar los problemas reales de Cataluña, en lugar de dedicarse a crear otros nuevos. Que es lo que le han venido a decir en las urnas tanto al PSC como a Esquerra. Los ciudadanos catalanes se han cansado de vivir permanentemente en el ojo de la confrontación con el resto de España, mientras su productividad se desplomaba por mor de la calamitosa gestión de tripartito y de las recetas nacionalistas. Si en el plano autonómico muchos catalanes ven que el PSC tiene una gran cuota de responsabilidad en la actual crisis económica, en el plano nacional tiran por elevación y apuntan al máximo culpable, José Luis Rodríguez Zapatero.


Muchos de los que entonces votaron al actual Presidente del Gobierno ayer no lo hicieron por las siglas del PSC. Y eso tiene que provocar reacciones en Ferraz. Que la filial catalana del PSOE coseche su peor resultado histórico es toda una lección de lo que pasa cuando alguien intenta aliarse con partidos residuales para desbancar a la fuerza política más votada. Ya les pasó en Galicia, donde la coalición con los nacionalistas radicales gallegos entregó en bandeja al PP la mayoría absoluta, y volvió a suceder ayer en Cataluña. Curiosamente, en ambos casos ni BNG ni Esquerra se moderaron; antes al contrario: se hicieron cada vez más secesionistas. Más bien fueron los socialistas los que se echaron al monte convirtiéndose en nacionalistas, y eso al final se acaba pagando. Apenas un 18 por ciento de respaldo a quien gobernaba hasta ahora supone una debacle sin paliativo alguno. De la que ya ha tomado buena nota José Montilla, en un gesto que le honra. Ahora le toca mover ficha a José Luis Rodríguez Zapatero.
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