Ni Zapatero ni los controladores dan la cara
domingo 05 de diciembre de 2010, 01:58h
Por primera vez en la historia reciente de la democracia se decretaba este pasado viernes el estado de alarma, algo realmente excepcional por definición. Los controladores aéreos lograban cerrar el espacio aéreo español y con ello causar un perjuicio tremendo a cientos de miles de personas, así como unas pérdidas económicas que podrían superar los 400 millones de euros. Semejante catástrofe ha sido capeada con más pena que gloria por los ministros Blanco y Rubalcaba, que han tenido que hacer verdaderos equilibrios dialécticos para capear un temporal que les ha cogido de lleno. Y no tenía que haber sido así.
Vaya por delante que los principales responsables de toda esta situación son los controladores aéreos, sobre quienes debe caer todo el peso de la ley. Lo que han hecho no tiene justificación alguna y es de una gravedad tal que las consecuencias derivadas de ello tienen que ser ejemplarizantes. Pero semejante despropósito no puede ocultar el hecho de que el Gobierno ha pecado de imprevisión y torpeza en grado sumo. El pulso con los controladores no es nada nuevo para nadie y menos para el señor Blanco. Las intenciones de José Blanco a principios de año para racionalizar las condiciones laborales de los controladores aéreos fueron buenas, y justo es reconocerlo. Pero dichas intenciones deberían haber ido acompañadas de una serie de medidas imprescindibles para que nada de esto se produjese.
Tales como la formación específica de los controladores militares, la agilización de permisos administrativos necesarios para determinadas operaciones y, sobre todo, el tener preparado un plan de contingencias por si se llegaba a este punto. Lo cual, por otra parte, entraba en las peores expectativas de Fomento, pese a lo cual nada se hizo. Mientras, el señor Zapatero sigue sin dar la cara en pleno estado de alarma, dejando que sean otros quienes se desgasten.
Entre tanto, desde Ferraz empiezan a filtrar el infundio de que el PP anda detrás de todo ello. El señor Zarrías, cuya especialidad como cacique andaluz es conocida, ha cruzado el límite de lo tolerable al afirmar -en contraste notorio con las declaraciones del señor González Pons en nombre del Partido Popular- que el PP apoyaba a los controladores. La cosa es parecida a cuando no hace mucho echaron la culpa a los populares de la desconfianza que la economía española generaba en los mercados financieros. En fin, a la postre, todo este lamentable asunto, que tanto daño hace a una imagen de España crecientemente deteriorada, se ha saldado con una colección de despropósitos: la irresponsable actitud de los controladores, la huida del Presidente del Gobierno y, por supuesto, la gestión de una crisis que ha superado con creces a José Blanco y a Alfredo Pérez Rubalcaba.