Los abucheos a un Presidente ausente
martes 07 de diciembre de 2010, 07:56h
De un tiempo a esta parte, las apariciones públicas de miembros del Gobierno llevan aparejada una salva de abucheos considerable. Ayer, durante los actos de homenaje a la Constitución del 78, José Luis Rodríguez Zapatero no se libró de su correspondiente dosis de silbidos e imprecaciones. Para alguien que gusta tanto de fotos y portadas, verse convertido en blanco de la desaprobación de la ciudadanía no debe ser plato de gusto pero, en honor a la verdad, se lo ha ganado con creces, si bien los ruidosos ciudadanos podían elegir otro día que no fuera el de la Constitución –punto de acuerdo de la inmensa mayoría- para expresar su sonora repulsa.
Ayer no había posibilidad de atenuar las muestras de descontento retrasando las tribunas, como el Día de las Fuerzas Armadas, por lo que la protesta se dejó sentir con más intensidad que en aquella ocasión –que tampoco era muy adecuada para el griterío que digamos. Posiblemente, de no haber estado ausente durante cuatro días, las cosas habrían sido diferentes. Y es que, hasta ayer lunes, nada se sabía del Presidente del Gobierno desde que estalló la crisis de los controladores. En pleno estado de alarma -algo inédito en la reciente historia de la democracia española- y con un PSC descosiéndose por las presiones del sector catalanista, el Presidente del Gobierno ha optado por escurrir el bulto, dejando que sean otros los que den la cara.
Así le va al Gobierno en las encuestas. Por un lado, los devaneos de los socialistas catalanes con secesionistas y nacionalistas radicales –con el acuerdo y el diseño, recuérdese, del señor Zapatero- desembocaron en una auténtica debacle electoral cuyos efectos aún seguirán sintiéndose una larga temporada. Por otro, la espantada del Presidente desde que se cerró el espacio aéreo el pasado viernes le va a pasar una factura considerable en pérdida de intención de voto.
Con todo, aún esta a tiempo de revertir, en la medida de lo posible, ambas situaciones. La catalana, pilotando la transición de una nave en deriva nacionalista y a la que no dudó en subirse cuando las encuestas venían bien dadas desde Cataluña. Y la de los controladores, reconduciendo un motín chantajista e intolerable, ante el que tomó la medida adecuada, pero del que tiene que explicar porqué estalló cuando lo hizo y qué va hacer en el futuro para que no vuelva a producirse algo semejante. Del señor Zapatero depende. Y no sólo del Presidente: sus colaboradores, los señores Blanco y Zarrías han acusado al PP de ponerse al lado de los controladores y, a mayor delito, de estar detrás de la huelga salvaje que tanto daño ha causado. Una imputación de esa gravedad debe demostrarse o, caso contrario, estar preparados para afrontar una querella por injurias.