Wikileaks y el derecho a la transparencia
José Eugenio Soriano García
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josesorianoelimparciales/11/11/23
martes 14 de diciembre de 2010, 13:49h
Se ha dicho, con algo de razón, que la visión misionera de Julian Assange, fundador de Wiki – Filtraciones es pueril, por radical, inmediata y abrupta, con un sentido infantil de la realidad.
Es posible que sea cierto y que algo de impúber e inmaduro tenga la adopción de una regla de transparencia total. Al fin y al cabo, secretos y guardas de confidencialidades, son esencia de los poderes, especialmente de los gubernamentales.
Vaya pues, por delante, que no entiendo como aceptable un procedimiento que parte de dar jaque a una red protegida, como son los sistemas informáticos del Gobierno norteamericano. Y que tampoco, el resultado logrado, tras romper ilegalmente dicha barrera, y que consiste en la apertura total de la información de una parte del mundo civilizado, sea sin más, de aceptación. Aún más: yendo en esta línea, me pregunto si sería posible que los centros de información de gobiernos terroristas y similares, fueran objeto de ataque informático por Wikileaks; porque resulta sospechoso y escandaloso que solamente se ataque a las sociedades occidentales.
Dicho todo lo anterior, y si se desea, aumentándolo, lo cierto es que vivimos una época en la que políticos mediocres han hecho de la ocultación y de la falta completa de transparencia, su fuente de poder. Si en España supiéramos la mitad de la mitad de cómo se adjudican los contratos públicos; de cómo se hacen (o fabrican, si prefieren) las leyes; de cómo se negocian tras bambalinas las políticas de seguridad, o incluso, de los más simples y elementales modos de gestión de los servicios públicos; en fin, si se supiera una décima parte de cómo y por qué actúa la Administración, nos quedaríamos asombrados.
La falta de transparencia en la actuación de los poderes públicos es la regla general. Los procedimientos no son abiertos, se desconocen cómo pueden llegar a adjudicarse los contratos; no se sabe nada de las relaciones peligrosas, casi íntimas, entre determinadas empresas y las administraciones. En fin, no tenemos ni la menor idea de cómo actuar frente a las múltiples formas en que la hidra de la corrupción o de la burla de los derechos de los ciudadanos, se nos impone una vez y otra.
De ahí que, con todas las cautelas, haya que decir que la imprudente acción de Assange sí ha servido para poner de manifiesto que el poder muchas veces no tiene razones, sino sinrazones, que sin embargo impone por pura soberbia, corrupción o incluso por miedo.
La solución a este tipo de actuaciones, tiene que ser la de establecer instrumentos que permitan mayor transparencia. A la oscuridad, hay que oponerle luz, claridad, en definitiva, transparencia. Hay que utilizar la informática para conseguir que se radiografíen con exactitud los procedimientos administrativos. Hay que llevar las cámaras a los Juzgados, sitio donde solamente se enfocan a los abogados y que sin embargo impiden así muchas veces saber lo que de verdad está haciendo un Juez. Hay que dotar de medios a Fiscales y Jueces para que abran estos procedimientos, para que de manera efectiva la corrupción no siga avanzando hasta derruir todo lo que de moral y bueno pueda existir en la sociedad.
Y ahí, sin proponérselo, y como parte del efecto beneficioso de las malas intenciones, Julian Assange, sí ha ayudado, mucho, a recordarnos que somos ciudadanos y que merecemos alguna consideración, que nuestros mediocres políticos y administradores, se niegan a darnos.
Y es que al igual que existe un efecto perverso de tantas y tantas buenas intenciones, simétricamente puede ocurrir lo contrario, como es el caso. Así que puede que esta infantil y narcisista actuación, no haya sido en balde…para todos los demás.
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Catedrático de Derecho Administrativo
JOSÉ EUGENIO SORIANO GARCÍA. Catedrático de Derecho Administrativo. Ex Vocal del Tribunal de Defensa de la Competencia. Autor de libros jurídicos.
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