Anoche se estrenó en el madrileño Teatro de la Zarzuela la divertidísima obra “El niño judío”, compuesta por Pablo Luna con libreto de Enrique García Álvarez y Antonio Paso. En cartel hasta el próximo 16 de enero, la castiza obra cuyos personajes viajan a lugares exóticos como en un algo esperpéntico capítulo precursor de la famosa serie “Madrileños por el mundo”, es, sin duda, una apuesta segura para los aficionados a este género que en la actualidad se prodiga más bien poco. No se sentirán defraudados, porque la genial opereta, además, se presenta en una producción muy cuidada con pequeños ingredientes nuevos que, respetando absolutamente la obra original, hacen brillar aún más los ingeniosos diálogos surrealistas que arrancan continuamente las carcajadas del público.

Y es que el éxito ha acompañado a esta obra desde el día de su
estreno un ya lejano 5 de febrero de 1918 en el Teatro Apolo de Madrid. De ella se habló durante días y ninguno de los periódicos de la época dejó de destacar su ingeniosa comicidad. Así, en El Imparcial de la época se calificaron sus chistes como “obusivos”, es decir, del calibre de un obús, y se contaba que algunos de esos tremendos chistes hacían exclamar a un espectador “Es una estupendez”, celebrándolo el resto del teatro “con una salva de aplausos”. Pero, por supuesto, no es sólo el disparatado texto escrito por Antonio Paso en colaboración con su amigo García Álvarez lo que ha hecho tan popular a esta zarzuela plagada de continuas situaciones cómicas, ya que la música del compositor aragonés supo recoger la variedad y comicidad del texto ofreciendo vistosos números musicales como la hermosa canción de Manacor o la trova de la esclava Rebeca, así como la danza india, cuyas sonoridades orientales emparentan lo exótico y distante con lo español.
Pero, sin duda, el gran acierto de la partitura de
“El niño judío” fue la famosa canción “De España vengo”, que se convirtió desde el estreno de la obra no sólo en una de las piezas más conocidas del maestro Luna, sino en uno de nuestros mayores tópicos musicales. Quién no conoce hoy esta granadina con ritmo de fandango después de haber sido cantada por intérpretes de todo tipo, desde Montserrat Caballé hasta Sara Montiel. Y tal fue la sensación que causó el tema entre el público que asistía al estreno aquel 5 de febrero que Rosario Leonís, la tiple del Apolo, tuvo que repetirla tres veces en medio del delirio del público.

Con estos antecedentes, “El niño judío” es, por lo tanto, una apuesta bastante segura a la hora de llenar un teatro. Mucho más, si como ocurre en el caso de la producción que puede verse esta
temporada en Madrid se ha esmerado no sólo en conservar la joya sino, incluso, en mejorarla. La dirección de escena de Jesús Castejón, que es, además, el tenor encargado de meterse en la piel de dos de los personajes, Barchilón y Jamar Jalea, acierta plenamente y enfatiza lo cómico sin caer en ningún momento en la inútil “gracieta”, a pesar de lo difícil que resulta siempre arriesgar cuando ya se parte del precipicio del absurdo. Pero con un equilibrio certero, ha sido capaz de rizar el rizo sólo en las puntas y, así, los sorprendentes guiños a “Bollywood” o al “Thriller” de Michael Jackson encajan en la obra como si siempre hubieran formado parte de ella, porque nada cambian y, en su acertada dosis, consiguen enriquecerla. También la escenografía, a cargo de Ana Garay, responde con solvencia, agrandando el escenario.
Por lo que respecta al reparto, es la voz de la
mezzosoprano Beatriz Lanza la que responde al reto de proclamar a los cuatro vientos en tierras lejanas “De España vengo”. Junto a ella, el barítono Miguel Sola como Manacor y los actores Rafa Castejón, Mario Martín, Eduardo Gómez, Mulie Jarju, Juan Viadas, Berta Ojea y Ornili Azulay.
Al frente de la
Orquesta de la Comunidad de Madrid, Titular del Teatro de la Zarzuela, Miguel Roa y Luis Remartínez.