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reseña

Jaime Gil de Biedma: Obras. Poesía y prosa

sábado 18 de diciembre de 2010, 01:27h
Jaime Gil de Biedma: Poesía y prosa. Edición de Nicanor Vélez. Introducción de James Valender. Galaxia Gutenberg. Madrid, 2010. 1.360 páginas. 39,90 €
El presente libro representa la guinda de la atención continuada, con reciente película biográfica inclusive, El cónsul de Sodoma, que disfruta la figura de Jaime Gil de Biedma durante estos últimos tiempos. La introducción de James Valender ordena y repasa con minuciosidad las que considera como las tres obras canónicas del autor, recopiladas en este volumen: Las personas del verso (su obra poética), Retrato del artista en 1956 (su diario) y El pie de la letra (su obra crítica), al tiempo que nos presenta, frente a la tradicional lectura realista vigente hasta la fecha, el lado más simbolista del poeta. En cualquier caso, conviene aclarar que Gil de Biedma, proveniente de la burguesía castellana, formará –al juntarse con sus “pares” en Barcelona– lo que Sagarra denominó la Gauché Divine catalana. Aquel grupo influyó decisivamente en los derroteros literarios y editoriales de la España de aquellos años; y aunque pretenda defenderse en la introducción, Gil de Biedma inspiró entre bambalinas aquella antología tan tendenciosa como tramposa de Veinte años de poesía española, firmada por Castellet.

La obra poética, formada por tres libros en apenas 150 páginas (Moralidades, Compañeros de viaje y Poemas póstumos) nos muestra la construcción de un yo impertinente, irritante para con el lector que narra la dramatización de la experiencia y los estragos del tiempo en su persona. La lectura común de su poesía entiende la búsqueda de identidad, enmarcada en un deseo de ruptura con la tradición inmediata, como lo más determinante y valioso en Gil de Biedma. Muy probablemente sea tal pesquisa del “yo” lo más excelso de su obra, siempre que distingamos la continua desconfianza proyectada sobre la experiencia que construye al personaje; pues tal distancia representa uno de los rasgos más perdurables de su obra.

En un amplio y jugoso apéndice, se rescatan poemas dispersos así como traducciones que orientan sobre los intereses del poeta (Eliot, Auden, algunas de ellas ya recogidas en El pie de la letra, pero también una tragedia de Bertolt Brecht), además de una interesante “Poética” del autor y diversas conferencias –penetrante aquella sobre Jorge Guillén–. Como propina, se añaden una serie de entrevistas donde Gil de Biedma se revela como un agudo interlocutor.

El sosiego del tiempo permite a día de hoy comprobar cómo aumenta la significación de Claudio Rodríguez, José Ángel Valente y Francisco Brines de entre aquel mal llamado grupo poético del 50; lo cual retira a plano secundario al resto de integrantes. Sin embargo, la atención editorial y el interés lector por Gil de Biedma parecen no decaer (ello bastaría para reflexionar sobre tal dinámica). Este volumen, definitivo en muchos aspectos y a todas luces necesario, es buena muestra de ello.

Por Francisco Estévez
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