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reseña

Eduardo Mendoza: Riña de gatos. Madrid 1936

sábado 25 de diciembre de 2010, 22:45h
Eduardo Mendoza: Riña de gatos. Madrid 1936. Planeta. Barcelona, 2010. 432 páginas. 21,50 € E-Book: Formato: ePub con ADOBE DRM. Lectura: Sí. Impresión/Copia: No. 15,49 €
Eduardo Mendoza nos traslada al convulso Madrid de la primavera de 1936 con una novela cuyo título supone una metáfora del clima reinante en la capital antes del estallido de la Guerra Civil. Galardonada con el Premio Planeta 2010, Riña de gatos combina intriga, humor e historia en proporciones tan variables como acertadas.

El protagonista de la novela es el inglés Anthony Whitelands, experto en arte español y recién llegado a Madrid para efectuar la tasación de algunas obras pertenecientes a los duques de la Igualada. Mendoza elige narrar el curso de los acontecimientos desde la neutral perspectiva de un británico, ajeno a los intereses de las ideologías que tratan de imponer su idea de España pero familiarizado con el país y sus costumbres. Esto le permite exponer situaciones y conflictos con la asombrada distancia de quien asiste a una peligrosa escalada de tensión, que presagia un conflicto inminente.

Su actitud contrasta con el apasionamiento y la militancia del resto de personajes, toda una galería de diplomáticos, espías, duques o militares entre los que se incluyen figuras pertenecientes a nuestra Historia, como el marqués de Estella –actor principal de una trama muy bien documentada–, Niceto Alcalá Zamora, Manuel Azaña y los militares golpistas Franco, Mola o Queipo de Llano. Entre los personajes ficticios se percibe la declarada afición de Mendoza a cuidar especialmente los ingeniosos nombres con los que los bautiza, inspirados en ocasiones en esquelas, listas electorales o anuncios por palabras, y empleados tanto como recurso humorístico –destaca la constante y castiza confusión de Anthony Whitelands por Antonio Vitelas– como parte fundamental de la identidad del personaje.

El autor de La verdad sobre el caso Savolta se traslada desde la Barcelona “prodigiosa” que envuelve muchas de sus novelas al Madrid del 36, violento y peligroso pero a la vez deliciosamente castizo y popular. Las situaciones absurdas y los enredos frívolos y ligeros se suceden en la presente obra; los desayunos con churros y bocadillos de calamares anteceden a persecuciones, mítines políticos o tiroteos. De fondo, todos los sectores del país se preparan para jugar sus cartas en el conflicto que se está fraguando. El posible final de la “riña de gatos” en la que se hallan enzarzados los españoles sólo parece ser presagiado por Whitelands a través de sus constantes encuentros con La muerte de Acteón, obra de Tiziano que retrata la crudeza de la matanza en la que –en palabras del inglés– “…todos se conocen pero no se reconocen ni se pueden comunicar”.

Por Lorena Valera Villalba
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