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Mas debe evitar el sectarismo lingüístico

martes 28 de diciembre de 2010, 01:05h
La investidura de Artur Mas ayer como presidente de la Generalidad podría ser interpretada como la vuelta del nacionalismo al poder tras siete años de tripartito. No obstante, si nos atenemos a la acción de gobierno llevada a cabo por Montilla y sus socios durante todo este tiempo, pareciera que el cambio de Mas es más nacionalismo, aunque con otro envoltorio. El PSC ha intentado ser más nacionalista que CIU y Esquerra juntos, obteniendo como resultado una debacle electoral sin precedentes –la segunda, después de Galicia y por las mismas razones- y una crisis interna cuya solución se antoja muy complicada. Con todo, su abstención ha posibilitado que Mas tomase posesión del cargo presidencial, de lo que cabe inferir un posible pacto entre socialistas y nacionalistas.

Nada que objetar a que las distintas fuerzas políticas se pongan de acuerdo en materias de interés general. Ocurre que, en ocasiones, dicho concepto de interés general no suele tener la misma acepción para un político que para un ciudadano de a pie. Por ejemplo, interés general sería que se supiese más del famoso “tres por ciento” al que aludió Montilla en el parlamento catalán para referirse a las posibles prácticas irregulares en materia urbanística durante el anterior gobierno de CIU. O de las cuentas del tripartito durante estos últimos siete años. Y, por supuesto, redundaría en beneficio de ese manido interés general la posibilidad de que los padres pudieran elegir el idioma en el que escolarizan a sus hijos: un principio democrático elemental. Con todo, no parece que nada de lo anterior interese en demasía a CIU y PSC, toda vez que la parte sustancial de su acuerdo parece establecer una suerte de pacto de agresión en lo primero y una vergonzante circunvalación en lo segundo.

Mas ya dijo en campaña que lo prioritario ahora era salir de la crisis, aunque sin renunciar a sus postulados tradicionales. Esos mismos postulados fueron los que sacó ayer a relucir cuando no paró de referirse a conceptos tales como “nación”, “estado” e “identidad”. Debería tener presente el señor Mas que muchos de los que le han votado lo han hecho para que les saque del pozo en el que les han metido los socialistas, y no para que pierda el tiempo en devaneos secesionistas que tan poco aportan a la sociedad catalana. Que se deje, pues, de ententes cordiales y de desafueros lingüísticos y se dedique a hacer lo que Montilla no ha hecho durante estos últimos años: gobernar con sentido común, supuesta virtud que se tiene por característica de los catalanes y que se echa en falta en toda España y, sobre todo, en Cataluña.

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