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El misionero de los padres blancos, como pretexto

Juan José Solozábal
jueves 06 de enero de 2011, 14:05h
Veo, nada más llegar a San Sebastián , en el periódico de siempre El Diario Vasco a toda plana, la noticia de que la Diputación de Guipúzcoa ha concedido su máxima distinción, la Medalla de Oro, a un misionero el padre Angel Olarán por el trabajo que ha desarrollado durante años en Tanzania y Etiopía. El hernaniarra no se ha andado por las ramas y en su discurso de agradecimiento, delante de lo más selecto de la sociedad guipuzcoana, ha soltado algunas andanadas: “No tenemos dificultad alguna para creer en la presencia de Dios en la Eucaristía, pero nos resulta incómoda la presencia de Dios en el pobre”. Y ha señalado que aunque a veces se hacen promesas de ayuda a los desfavorecidos, llegando, como hizo en alguna ocasión Juan Pablo II, a prever la venta de objetos superfluos de las diócesis, tales aseveraciones no tienen en la voz de la Iglesia, “la firmeza e insistencia verbal que acompañan a documentos sobre los preservativos, abortos y matrimonios gay”.

Esta franqueza y rotundidad que yo veo en este misionero guipuzcoano, con un componente profético que admiro en tantos curas vascos, así Antonio Beristain, Alfredo Tamayo, Rafael Aguirre, o Ignacio Ellacuría, pienso si a veces no transciende a determinadas actitudes ideológicas no religiosas cuando la firmeza, puede devenir intransigencia y esta convertirse en intolerancia. Me atrae la coherencia del comportamiento consecuente, pero detesto la inflexibilidad y el dogmatismo: cuando estoy en Florencia o Roma comprendo el relativismo del catolicismo mediterráneo aunque aprecie al tiempo la severidad de nuestras catedrales o la reciedad de los primitivos castellanos.

Volviendo al rigorismo del catolicismo vasco, cuestión sobre la que hablo tantas veces con Joseba Arregi o Maite Echenique, entiendo mejor sus manifestaciones que sus causas. José de Arteche hallaba su mejor representación en el bayonés abate de Saint-Cyran, Juan Ambrosio du Vergier de Hauranne, que dirigió Port Royal, y al que dedicó una admirable ensayo biográfico de carateriología vasca Saint-Cyran, pero a dicha idiosincrasia, como decía, solo soy capaz de encontrar una explicación funcional, que no propiamente causal. Al hacerlo recurro a José Miguel de Azaola. Para Azaola, la religiosidad vasca, por lo demás de acuerdo con Caro y Arteche, es primordialmente efectiva, “volcada hacia lo pragmático”, por tanto moral, más que especulativa o teológica. Se trata de una religiosidad exigente, rigorista, puritana, pero no tanto por mor de la ortodoxia como por razones funcionales. En el caso de la religiosidad popular rural se incurre en la extremosidad en lo sexual. “No es que el vasco sea (yo por lo menos no pienso que sea, dice don José Miguel) menos lujurioso que cualquier pueblo vecino suyo; pero se me ocurre que la lujuria es el pecado que más directamente afecta a la solidez y a la seguridad de una institución que para él es excepcionalmente sagrada: la familia”. En el caso de la religiosidad urbana, la religión aporta una justificación al esfuerzo económico, según confirma el puritanismo de los jesuitas, expresión feliz del modo vasco de ser católico. La salvación individual es la coronación del éxito económico, que la anticipa en este mundo, afirma weberianamente Azaola. Paralelamente la salvación es un negocio, el negocio del alma. Este credo, obviamente, conviene a la burguesía emprendedora vasca y explica el éxito de los jesuitas, apóstoles de este mensaje. “La vida y los escritos de Loyola, y sobre todo entre estos últimos, los dos que más poderosamente habían de influir en el espíritu jesuita: la Constitución de la Compañía y los Ejercicios espirituales, están hondamente impregnados del sentido pragmático, del prurito de eficacia, tan característicos de la psicología vasca”.( Vasconia Tomo II, vol. I, pag. 149).

Algo ignaciano debe haber, pienso, en el padre misionero blanco al que dedico la columna, que además de profesar una fe de rotunda solidez, ha puesto en marcha un moderno sistema de microcréditos en desarrollo de su región africana según se propone la Jangela Solidaria que dirige. Egintzak eta ideiak: hechos e ideas.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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