La unidad de Italia
Andrea Donofrio
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adonofriohotmailcom/9/9/17
domingo 09 de enero de 2011, 16:15h
En 2011, Italia conmemora el 150 aniversario de la unificación del país. Las celebraciones empezaron el 7 de enero en Reggio-Emilia, ciudad símbolo de la unificación y en la que en 1797 nació la bandera nacional. Sin embargo, se trata de un aniversario modesto y reticente, lleno de incógnitas y con alguna que otra polémica (varios miembros del Comitato interministeriale per le celebrazioni del 150° anniversario dell'Unità d'Italia –entre ellos el ex Presidente de la República Ciampi- han dimitido por la “deriva leguista” impresa a las conmemoraciones). Y mientras la Lega agita la bandera de la secesión, la distancia entre Norte y Sur del país se agranda. Y si en 1862, el filosofo francés Pierre-Joseph Proudhon manifestaba su desconfianza y escepticismo sobre el proceso unitario italiano a causa de motivaciones geográficas, de la “división originaria de sus nacionalidades” y de su historia, ciento cincuenta años después tenemos la impresión de que la famosa frase profética atribuida a Massimo D’Azeglio “ahora que Italia está hecha, hay que hacer a los italianos” aún no se ha cumplido del todo.
Italia representa un país dividido, con fuertes tendencias centrifugas y graves contradicciones. No sorprende que varias encuestas de diferentes medios nacionales hayan puesto de manifiesto que un 11% de los italianos considera la unificación del país un error, cuestionando la pertenencia de sus ciudadanos a un “único pueblo” y que un 15% de la población estaría feliz con la separación. Y tampoco sorprende que algunos miembros del Gobierno hayan revelado públicamente su voluntad de boicotear las celebraciones.
Después de 150 años, el problema de la unidad nacional parece aún vigente, estando el país profundamente dividido y siendo peligrosamente hostil: por un lado el Norte que subraya la existencia de problemas reales como la ineficiencia de la administración central, la ausencia de inversiones públicas o la grave imposición fiscal. Problemas que afligen no sólo al Norte sino a todo el país: la Lega consigue encarnar este malestar, el sentimiento de repulsión contra un Estado “centrista y propenso al despilfarro”; y por otro lado, el Sur, el Mezzogiorno, donde se desarrolla un fuerte sentimiento anti-nordista y arraiga una voluntad de reivindicación resarcitoria contra el fallido desarrollo del área, olvidando que la culpa no ha sido sólo nacional sino, sobre todo, de la clase dirigente meridional. La clase política del Sur se ha caracterizado por su tendencia al mal gobierno, al despilfarro, a la corrupción y a las intrigas con las organizaciones criminales locales. En eso, han contado con el apoyo de la población, con sus votos que han impedido un “reciclaje”: mientras la protesta del Norte favorecía la creación in situ de una nueva clase política, en el Sur se ha asistido a un “cambiarlo todo para que nada cambie”, para que los políticos, transformistas y clientelistas, sigan acachando a otros las culpas del retraso del Mezzogiorno, sin enfrentarse a los verdaderos problemas de la “cuestión meridional”.
La distancia entre Norte y Sur se refleja en profundas diferencias en temas ocupacionales (la tasa de desempleo de jóvenes en el meridione roza el 40-50% de la población, ya definida generación “sin futuro ni presente”), de renta per-capita, de asistencia sanitaria, de control de las organizaciones criminales (un Estado dentro del Estado), de administración pública o economía sumergida. La lega de Bossi, expresión del malestar de los ciudadanos del norte, presenta al Sur como un peso, un lastre y, por lo tanto, propone como objetivo principal de su partido, la independencia de la zona septentrional de la península. Siendo un camino largo, de momento, pretende obtener como paso previo, intermedio, la aprobación del “federalismo fiscal”, que permita a las regiones acrecentar su autonomía para administrar impuestos y fondos económicos. Pero, ya hablaremos de esto más adelante.
Por eso, se trata de un aniversario en parte “triste”, lleno de incógnita y problemas: la difícil cohesión social, la creación de una identidad nacional, las diferencias entre Norte y Sur, la separación entre las instituciones y el pueblo marcan la agenda de un acontecimiento tan importante para la historia de Italia. Aún así, resulta de gran importancia conocer el Risorgimento italiano, las guerras de independencias y todos los actos que han contribuido a la unidad nacional ya que, como bien ha afirmado el presidente de la República, Napolitano, “como nación no podemos pensar en el futuro sin memoria y conciencia del pasado. Nos sirve, nos ayuda recorrer las asperezas y contradicciones del camino que nos llevó en 1861 a convertirnos en un Estado nacional unitario”.
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Politólogo
Andrea Donofrio es politólogo, experto en Relaciones Internacionales e investigador del Instituto Ortega y Gasset
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adonofriohotmailcom/9/9/17
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