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Fumar o no fumar

Regina Martínez Idarreta
domingo 09 de enero de 2011, 16:21h
Imagínense lo empática que soy, que, a pesar de no ser fumadora, llevo toda la semana dándole vueltas al coco con el tema del tabaco. Todos mis amigos fuman. Mis novios casi siempre son fumadores. Así que eso de ser fumadora pasiva lo tengo tan asumido que, a decir verdad, creo que a la larga he fumado más pitillos que muchos fumadores empedernidos. Como decía, de primeras casi tenía el impulso de quejarme por la incomodidad que supone no poder echarse el cigarrito del café después de una comida. O las tertulias ahumadas en las que se resuelven tantos y tantos problemas mundiales. Pero después de una semana sin humo he de decir que eso de que no me huela el pelo a alquitrán cuando llego a casa después de una farra es una sensación que casi había olvidado, perteneciente a las épocas en las que he vivido en el extranjero.

Y sí, lo del olor parece un argumento banal, máxime cuando a muchos se les llena la boca hablando de estado fascista, de Gran Hermano y de otras exageraciones para quejarse de la “caza de brujas” a las que se están viendo sometidos los “apestados fumadores”. Pero, sinceramente, me parece pasarse tres pueblos. Durante años los no fumadores nos hemos tragado sin protestar el humo de todos esos que, ahora, en plan poético, se presentan como aquellos que prefieren “el placer a la salud”. Hace 20 años a todo el mundo le parecía normal que un médico te recibiera con un cigarro en la mano y que tuvieras que aguantar un viaje de varias horas en un autobús cerrado aguantando el humazo del tabaco. Gracias a dios, hemos sido capaces de darnos cuenta del despropósito que todo eso significaba y ni al fumador más recalcitrante se le ocurre exigir su derecho a fumar en un tren. Creo que con lo de los bares acabará pasando lo mismo. Porque si nos ponemos quisquillosos con los derechos, creo que con todo lo que hemos aguantado los no fumadores tenemos para desfogarnos un rato largo. Y conste que ni soy una maniática de los olores, ni una intolerante ni nada por estilo y que he tragado humo en los postres de miles de comidas sin decir ni mu. Pero creo que la gente se está pasando. Que aquí no hay una caza de brujas y que si a todos los españoles les parece perfecto ir a Nueva York a pasar las vacaciones, aunque no se pueda fumar en prácticamente ningún sitio, no les va a pasar nada por acostumbrarse a hacer lo propio en su país.

Regina Martínez Idarreta

Periodista

Regina Martínez Idarreta es investigadora del Instituto Universitario Ortega y Gasset

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