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obras de arte robo asociacion arca superagentes expertos

obras de arte robo asociacion arca superagentes expertos

miércoles 12 de enero de 2011, 21:41h

Calificada como una generación de superagentes, la Association for Research into Crimes against Art (ARCA) nace con el propósito de formar a expertos en la lucha contra el tráfico ilícito de obras de arte. El objetivo no es otro que educar para combatir el robo de este tipo de piezas a través de un curso de especialización en el que han sido combinadas las disciplinas que, a juicio de este organismo, son necesarias para luchar contra este delito. No basta, pues, con ser un avezado investigador policial si no se cuenta con una buena base educativa en Historia del Arte, así como en museología, criminalística y legislación. Esta suerte de agente experto logrará, de esta manera, una formación óptima para luchar contra el robo, pero también contra la falsificación y el comercio ilegal.

Italia es el país elegido desde hace tres años para acoger este curso, concretamente la ciudad de Amelia, en la provincia de Terni (Umbria). Su duración no supera los cuatro meses, de mayo a agosto, se imparte en inglés y los grupos de alumnos no pueden superar las 25 personas.


Formada por expertos de varias nacionalidades, ARCA divide su equipo en directivos, encabezados por su fundador, el investigador Noah Charney, representantes repartidos por todo el mundo, personal de administración, consejeros, abogados y voluntarios. Entre sus miembros se encuentran el director de la división italiana encargada de la protección de patrimonio de los Carabinieri, el jefe de seguridad de la Tate Gallery, el director de la unidad de arte y antigüedades de Scotland Yard, profesores de Criminología, Historia del Arte y Arqueología de universidades de Holanda, Estados Unidos y Reino Unido, entre otros.

En declaraciones a EFE esta semana, Charney se mostró tajante sobre la importancia de introducir en las investigaciones a este tipo de superagentes: “Pocos directores de Policía u organismos de seguridad tienen conocimientos o inclinación a estudiar arte, por lo que raramente han sido capaces de hacer algo más que investigar el robo”. Dada la dilatada trayectoria del departamento de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil en su lucha contra el tráfico ilícito de obras de arte, este periódico ha creído oportuno preguntar qué opina de las declaraciones de Charney. Pero aún es pronto para decir algo. Fuentes de la Benemérita evitan pronunciarse, dado que desconocen cómo funcionará esta asociación.

Francisco Fernández Pardo, reputado investigador de Historia del Arte y autor de la magna obra "Dispersión y destrucción del patrimonio artístico español", lo tiene más claro. Afirma que más allá de este tipo de proyectos, lo que es necesario es contar con “pruebas, fotos y documentación de las obras que aún continúan en paradero desconocido”; datos que, a su juicio, son “fundamentales” para elaborar un inventario que ayude a ubicarlas y buscarlas. Es una tarea que, según recuerda, puso hace años en marcha la Interpol, aunque no sin ciertas dificultades, ya que “no hay que olvidar que hay coleccionistas que no desean que se sepa lo que poseen para evitar el coto estatal o de Hacienda”, comenta.

Robar obras de arte es un “oficio” casi, cabría decir, tan antiguo como la prostitución. Conocida la atracción de los ladrones por las obras de Picasso, las pinturas del malagueño ostentas el dudoso mérito de ser las más robadas. El último de los hurtos de lienzos de este artista data de mayo de 2010, cuando “Le pigeon aux petits pois” fue sustraída del Museo de Arte Moderno de París. Junto a esta pieza desparecieron también otras firmadas por Matisse, Braque y Modigliani.

No fue el único hurto de este tipo que aconteció el año pasado. En enero, fueron robadas del domicilio particular de un coleccionista francés una treintena de obras de pintores como Picasso, una vez más, o Rousseau. Días después, autoridades estadounidenses confiscaron un cuadro de Camille Pisarro en poder de Emile Guelton, afamado ladrón de obras de arte, quien lo había sustraído del museo francés Aix-les-Bains en 1981. No hubo que esperar más que 24 horas para que otro robo fuera noticia en Bolivia, donde su gobierno decidió devolver a Argentina cuatro cuadros coloniales de temática religiosa sustraídos dos años antes de su territorio.

Despareció en abril la tabla “Santero de la cofradía”, de Joaquín Sorolla, que colgaba de una de las paredes de la Casa Museo Benlliure de Valencia. Fue en junio cuando autoridades alemanas recuperaron en Berlín el cuadro de Caravaggio “El beso de Judas”, conocido también como “La detención de Cristo”, robado en 2008 en Ucrania. De vuelta a España aún pesa el robo, que se cree programado, de un furgón en Getafe que portaba obras de Chillida, Botero, Tàpies y, sí, de nuevo Picasso, con fortuna recuperadas.
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