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La asociación arca imparte desde 2009 un curso de especialización pionero

Cómo convertirse en cuatro meses en superagente contra el robo de obras de arte

miércoles 12 de enero de 2011, 21:47h
El robo de obras de arte es un delito internacional en alza. Para combatirlo, una asociación de expertos en legislación e Historia del Arte, entre otras materias, ofrece desde 2009 un programa educativo pionero para formar a expertos en la lucha de esta práctica ilícita, una suerte de superagentes contra la falsificación y la sustracción de piezas artísticas y antigüedades. Estas son las claves de su propuesta.
Calificada como la propulsora de una generación de superagentes contra el robo de obras de arte, la Association for Research into Crimes against Art (ARCA), entidad no lucrativa constituida en Estados Unidos e Italia, nace con la intención de formar a expertos en la lucha contra el tráfico ilícito de estas piezas. Su propuesta no es otra que educar para combatir esta práctica ilegal a través de un curso de especialización en el que han sido combinadas las disciplinas que, a juicio de este organismo, son necesarias para luchar contra este delito. No basta, pues, con ser un avezado investigador policial si no se cuenta con una buena base educativa en Historia del Arte, así como en museología, criminalística y legislación.

Desde hace tres años, Italia acoge este curso, financiado con los honorarios de inscripción, concretamente en la ciudad de Amelia, en la provincia de Terni (Umbria). Su duración no supera los cuatro meses, de mayo a agosto, se imparte en inglés y las clases las componen 25 alumnos como máximo.

Pero, ¿es posible en cerca de veinte semanas llegar a ser un superagente? Belén Carrasco Barea, abogada y colaboradora de esta asociación, afirma que el programa académico de ARCA es "único en su campo". La formación que aporta, centrada en "prevenir y paliar las consecuencias de estos delitos", se hace "muy necesaria", dice Carrasco, quien detalla que este año se impartirá también un curso de Evaluación del Riesgo sobre "las medidas de seguridad que se hacen imprescindibles para proteger el arte y las antigüedades", explica. En este sentido, Carrasco señala que esta asociación no busca "perseguir delitos, sino formar para prevenir", algo "nunca antes facilitado".

Un equipo polifacético
Formada por expertos de varias nacionalidades, el equipo de ARCA está dividido en directivos, encabezados por su fundador, el investigador Noah Charney, representantes repartidos por todo el mundo, personal de administración, consejeros, abogados y voluntarios. Entre sus miembros se encuentran el director de la división italiana encargada de la protección de patrimonio de los Carabinieri, el jefe de seguridad de la Tate Gallery, el director de la unidad de arte y antigüedades de Scotland Yard y profesores de Criminología, Historia del Arte y Arqueología de universidades de Holanda, Estados Unidos y Reino Unido, entre otros.


La valía de estos expertos radica, a juicio de Cherney en declaraciones a Efe, en que "pocos directores de Policía u organismos de seguridad tienen conocimientos o inclinación a estudiar arte, por lo que raramente han sido capaces de hacer algo más que investigar el robo”. Dada la dilatada trayectoria del departamento de Patrimonio Histórico de la Guardia Civil en su lucha contra el tráfico ilícito de obras de arte, este periódico ha creído oportuno preguntar qué opina esta unidad de las declaraciones de Charney. Pero aún es pronto para decir algo. Fuentes de la Benemérita evitan pronunciarse, dado que desconocen cómo funcionará esta asociación. Carrasco, sin embargo, no tiene ninguna duda sobre la necesidad de que Policía y estudiosos del Arte colaboren: "Ambos grupos tienen un importante papel que jugar en la lucha contra estos delitos, por lo que la colaboración puede ayudar a conseguir una mayor eficacia en los resultados perseguidos".

Pese a formar a estos superagentes, esta asociación no llevará a cabo investigaciones por su cuenta. La abogada Carrasco Barea explica que ARCA "ofrecerá sus servicios a quienes lo requieran a través de una amplia red de contactos que le permitirá, por ejemplo, responder a consultas sobre seguridad".

Francisco Fernández Pardo, investigador de Historia del Arte y autor de la obra Dispersión y destrucción del patrimonio artístico español, afirma que es necesario contar con “pruebas, fotos y documentación de las obras que aún continúan en paradero desconocido”; datos que, a su juicio, son “fundamentales” para elaborar un inventario que ayude a ubicarlas y buscarlas. Es una tarea que, según recuerda, puso hace años en marcha la Interpol, aunque no sin ciertas dificultades, ya que “no hay que olvidar que hay coleccionistas que no desean que se sepa lo que poseen para evitar el coto estatal o de Hacienda”, comenta.

Otra de las trabas que han de superarse, a juicio de Carrasco, es conseguir alcanzar "unanimidad en la legislación internacional"; un objetivo sobre el que se están dando pasos acertados y en el que colaborará ARCA para "favorecer una mejor política de soluciones a largo plazo".

Un delito con "arte"
Robar obras de arte es "uno de los negocios más lucrativos, como el de la droga y las armas", dice esta experta. Conocida la atracción de los ladrones por las obras de Picasso, las pinturas del malagueño ostentan el dudoso mérito de ser las más robadas. El último de los hurtos de lienzos de este artista data de mayo de 2010, cuando Le pigeon aux petits pois fue sustraído del Museo de Arte Moderno de París. Junto a esta pieza desparecieron también otras firmadas por Matisse, Braque y Modigliani.

No fue el único hurto de este tipo que aconteció el año pasado. En enero, fueron robadas del domicilio particular de un coleccionista francés una treintena de obras de pintores como Picasso o Rousseau. Días después, autoridades estadounidenses confiscaron un cuadro de Camille Pisarro en poder de Emile Guelton, afamado ladrón de obras de arte, quien lo había sustraído del museo francés Aix-les-Bains en 1981.

En abril, desapareció la tabla Santero de la cofradía, de Joaquín Sorolla, que colgaba de una de las paredes de la Casa Museo Benlliure de Valencia. Fue en junio cuando autoridades alemanas recuperaron en Berlín el cuadro de Caravaggio El beso de Judas, robado en 2008 en Ucrania. De vuelta a España aún pesa el robo de un furgón en Getafe que portaba obras de Chillida, Botero, Tàpies y Picasso, con fortuna recuperadas. Casos que, con el crimen organizado como telón de fondo, cada vez van a más.

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