revueltas populares
Occidente no se pone de acuerdo sobre la crisis de Túnez
jueves 13 de enero de 2011, 19:32h
La revuelta popular en Túnez está sacudiendo la maquinaria del Estado, hasta ayer monolítica detrás del “lider amado del pueblo”, Zine el Abidine Ben Ali. El presidente, atrincherado en su búnker del Palacio de Cartago, teme que la cúpula de las Fuerzas Armadas le obligue a dimitir. Así lo hizo él mismo hace 23 años, cuando asaltó con una división blindada el Palacio presidencial en el que estaba recluído Habib Burguiba y le depuso “por motivos de salud”. Hoy, casi un cuarto de siglo después, el nuevo inquilino de Cartago, sabe que se puede repetir el mismo escenario.
El “general” Ben Ali nunca fue bien visto por la oficialidad castrense. Sus galones fueron conquistados no en el campo de batalla, ni en las Escuelas de Estado Mayor, ni en las Academias militares. Fueron amasados en su calidad de jefe de la Policía política, de la Seguridad, de primer espía del país. Y en sus 23 años de despótico reinado ha conseguido hacer de Túnez un pais en libertad vigilada.
En las altas esferas castrenses hay una oposición real a la práctica mafiosa del régimen, y a la decisión de aplastar las manifestaciones populares en un baño de sangre. El Jefe del Estado Mayor el Ejército de Tierra, el general Rachid Amar, ha sido destituido de sus funciones por haber criticado “la gestión de la crisis” por el Presidente, y oponerse al uso de armas de fuego contra los manifestantes. Según fuentes de la oposición consultadas por El Imparcial, no se tiene noticia del paradero del general Amar, y se teme por su vida. Ben Ali ha nombrado para ocupar este puesto al jefe de la seguridad militar, Ahmed Chebir. La función de éste será no sólo de cumplir a rajatabla las órdenes del Presidente, sino de deshacer cualquier intento de pronunciamiento contra el veterano dictador.
El Ejército de Tierra tunecino es de lejos el arma más importante de sus Fuerzas militares. Con 60 mil de los 95 mil efectivos de las Fuerzas Armadas, el Ejército de tierra está dividido en tres regiones militares que engloban 6 unidades de comandos especiales, 2 batallones blindados, 4 brigadas de élite para la protección presidencial, una unidad de infanteria mecanizada y dos brigadas de paracaidistas principalmente. El general Amar que estaba al mando hasta ahora, goza de prestigio entre la oficialidad y es considerado un excelente profesional. Como Jefe del Estado Mayor de tierra, Rachid Amar ha sido el interlocutor privilegiado de los Estados Mayores de los Ejercitos del Magreb, pero también de Francia y de Estados Unidos. Su destitución es un mal presagio para el Presidente Ben Ali, que teme que la actitud desobediente del general Amar pueda extenderse como mancha de aceite.
Los países occidentales dan muestras cada dia de diferencias en el modo de abordar la crisis tunecina. Mientras que la Casa Blanca ha sido firme al pedir “respeto a las libertades y derechos” y ha deplorado “los muertos causados por la represión de las manifestaciones”, al tiempo que pide que haya “una solución pacifica”, tal como ha declarado la Secretaria de Estado Hillary Clinton en visita en el Golfo; otros paises como Francia, se muestran mucho más comprensivos con el Poder tunecino. La ministra de Asuntos Exteriores, Michelle Alliot Marie, “deplora las violencias” que han tenido lugar – no el hecho de que la policía y los Escuadrones de la muerte reclutados y pagados por Ben Ali disparen a bocajarro sobre los manifestantes, sino la violencia en general -, y afirma que “no hay que intervenir en los asuntos internos de Túnez”, ni “pronunciar anatemas”. Otros paises, como España e Italia, simplemente siguen mudos, escudándose tras las declaraciones de la responsable de política exterior de la Unión Europea, Catherine Alshton que exige “la liberación inmediata de los detenidos” y “el cese del uso de la fuerza” por parte del régimen de Ben Ali.
Desde Italia, primer cliente y proveedor de Túnez, la prensa independiente aboga por una alternativa basada “en la cooperación entre militares, magistratura, fuerzas productivas e intelectuales del país”. Una alternativa que aun no muestra visibilidad, pero que se baraja ya en los medios de la oposición tunecina dentro y fuera del país del jazmín.