Tempestad en Túnez
sábado 15 de enero de 2011, 09:20h
La noticia de la fuga del presidente de la República de Túnez, hacia Jedda (Arabia Saudí), ha corrido como reguero de pólvora por todos los medios de comunicación.
El acontecimiento político se incubó cuando un joven tunecino se inmoló a lo bonzo, el 19 de diciembre de 2010. Este aparatoso modo de protesta constituyó un foco de ignición que ha ido extendiéndose imparablemente por el cuerpo social de la república norteafricana. Estudiantes y licenciados en paro, colegios profesionales (de la abogacía, en particular) y ciudadanos del común, han terminado por ganar el pulso a un Régimen político que supo ocultar su sigilosa capacidad represiva tras la fachada de un progreso material palpable.
La Crisis ha desencadenado la revuelta social, ¿espontánea? que ha puesto fin a la presidencia de Zine el Abidine Ben Alí, delfín y sucesor del difunto primer presidente de Túnez, Habib Bourguiba.
El Magreb Central en su totalidad, queda expuesto desde ahora a la amenaza de unas sanciones populares a los decenios de esclerosis gubernamentales que han terminado por acabar con la paciencia de los cerca de cien millones de habitantes norteafricanos, Egipto excluido.