El mundo árabe, pendiente de Túnez
martes 18 de enero de 2011, 01:13h
La situación que vive Túnez tras la marcha de Ben Alí dista mucho de ser estable. Hay una cierta atmósfera de calma tensa, bajo la cual subyace un tremendo descontento social que amenaza con volver a estallar en cualquier momento. Las circunstancias que han llevado a los tunecinos a rebelarse como lo han hecho son sumamente comprensibles: situación económica precaria, una administración corrupta e ineficaz, falta de libertad y exceso de autoritarismo. Un cóctel explosivo que no es patrimonio único de Túnez, sino que sus ingredientes se dan también en la práctica totalidad de países árabes. Entre los cuales, como no podía ser de otra manera, hay una honda preocupación ante un eventual efecto contagio.
La solución a ese problema -que la hay- no es inmediata, pero sí efectiva casi al cien por cien. Pasa por hacer de una vez por todas una separación de poderes efectiva. Pasa por desligar -sin que ello implique necesariamente dejar de prestarle la atención que cultural y socialmente requiere- religión e instituciones, al modo de Ataturk en Turquía. Y pasa, en suma, por permitir que la democracia se abra camino; la democracia en versión occidental, se entiende: que significa derechos fundamentales, independencia y división de poderes e imperio de la ley. De haber las condiciones propicias, los islamistas no tendrían el caldo de cultivo que tienen para ganar adeptos con la miseria y la desesperación como principales aliadas. Que tomen nota, pues, los vecinos de Túnez. En sus manos está.