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Circunstancias

Sobre la jubilación a los 67

jueves 20 de enero de 2011, 08:29h
La tendencia en los últimos años ha sido adelantar la edad de la jubilación, y aún más, en las grandes empresas fomentar la prejubilación, en ocasiones de forma escandalosa, como lo hizo Telefónica, hace bien poco, que prejubiló a personas con menos de cincuenta años. Ahora nos hemos percatado del error por cuestiones económicas, porque vivimos muchos años y no hay forma de mantener a tanta población pasiva. Estaba cantado, pero no queríamos verlo, ahora no hay más remedio. Comenzamos a vislumbrar en el horizonte que la generación del baby-boom, los que nacieron entorno a los años cincuenta, casi todos hijos de familias numerosas, se jubilarán pronto y tendrán que ser mantenidos por la primera generación de la era anticonceptiva, casi todos miembros de familias con un solo hijo o con “la parejita”. Es decir que habrá mucho jubilado para pocos activos, y eso no hay sistema que lo soporte.

Pero no hay mal que por bien no venga, la jubilación más tardía tiene en mi opinión una ventaja de la que nadie habla, me refiero sobre todo a la dinámica en las grandes empresas. A partir de ahora se pondrá fin a las prejubilaciones y será obligatorio mantener en el trabajo a personas de mucha experiencia que están siendo apartadas porque supuestamente son menos eficaces que los jóvenes. Creo que nuestra sociedad lleva lustros fascinada con la juventud y dando la espalda a los mayores, perdiendo así el caudal de experiencia y sabiduría que poseen. Hay culturas, muy distintas a la nuestra, que valoran a sus mayores y estos tienen en ella un papel activo y decisivo, son culturas gerontocráticas. Así es, por ejemplo, la china, sólo hay que fijarse en los telediarios y comprobar que los dirigentes políticos del gigante asiático pasan todos de los sesenta. Las palabras senado, senador, senectud y senil tienen la misma raíz, y es que en la Roma clásica se desconfiaba de los políticos jóvenes. Utilizaban la experiencia de los ancianos, mientras que nosotros la despreciamos. Hace unos días Álvarez Cascos decía que sus compañeros de partido en Asturias le habían tachado de sexagenario. Yo sin embargo me declaro partidario de dirigentes que pasen de los cincuenta, prefiero cincuentones y sexagenarios que aidas, pajines o sorayas.

No quisiera caer en el extremo opuesto, el de ensalzar a los mayores y denigrar a los jóvenes. Tengo cincuenta y tres años, ya no soy joven, pero tengo una buena opinión de la juventud actual. Ahora bien, por muy buenos que sean son jóvenes y las virtudes que poseen son distintas a las propias de los mayores. En los ojos del joven arde la llama, en los del viejo brilla la luz, decía Victor Hugo.

La coyuntura actual nos brinda la posibilidad de modificar el papel que las personas mayores tienen en nuestra sociedad. El valor de la experiencia tiene que ser aprovechado, siempre se dijo que la experiencia es un grado, y que yo sepa nadie lo ha desmentido hasta ahora. Hay un tipo de sabiduría que no es de conocimiento sino de vida, que no se adquiere leyendo ningún libro ni cursando ningún master, y ese tipo de sabiduría, tan preciada y necesaria, sólo llega, cuando llega, con los años. Así, si eres joven no puedes ser ni experto, ni sabio en la vida. La vida, además, es tan corta que en el fondo todos somos amateurs.

En cada momento histórico, decía Ortega y Gasset, conviven tres generaciones: la de los abuelos, la de los padres y la de los hijos. Hay tiempos en los que las tres son muy similares y comparten los mismos valores, cuando esto ocurre la época histórica suele ser tranquila, sin grandes cambios. Hay sin embargo otros tiempos en que las tres generaciones son muy diferentes y tienen escalas de valores dispares, son tiempos convulsos, tensos, donde tienen lugar las revoluciones. No cabe duda que estamos en tiempos de cambio, de un cambio vertiginoso que afecta a todo y a todos. En las empresas españolas empieza a darse un fenómeno muy interesante y es la convivencia en activo de dos generaciones muy distintas. Los que andan ahora en los cincuenta y sesenta están conviviendo con los que tienen alrededor de los treinta. Unos son de la generación del “cuéntame como pasó” y otros son hijos de la democracia y la abundancia. Sus biografías son muy distintas, como distintas son su formación y también sus valores. Este hecho, si sabemos utilizarlo de forma adecuada, puede ser un capital de gran valor que enriquezca la dinámica interna de las empresas. Unos son prudentes y creen en el valor del esfuerzo, los otros tienen preparación, son confiados, abiertos y atrevidos. No tienen porqué ser antagónicos sino complementarios. La diversidad en esto, como en tantas otras áreas, nos hace mejores. La uniformidad, decía Bakunin, es la muerte; la diversidad es la vida.
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