COLUMNA SALOMÓNICA
Sabios de pacotilla
lunes 24 de enero de 2011, 08:37h
Buscando un dato olvidado –el nombre de una iglesia siciliana donde se exhibe la carta de una monja al diablo exhortándole a volverse bueno y la respuesta de éste excusándose muy gentilmente por no hacerlo- he descubierto con horror que la Historia de la Estupidez Humana de István Rath-Vegh, libro que frecuento desde mi juventud y que siempre consideré un pozo de sabiduría, apenas se ocupa de la estupidez de naturaleza intelectual, académica o científica. Salvo la sección dedicada a Michel Chasles, matemático de renombre a quien cierto estafador colocó veintisiete mil cartas originales (incluido los epistolarios, en francés, entre Alejandro y Aristóteles) y el capítulo sobre una tesis doctoral en tres volúmenes titulada “Breve meditación acerca del problema jurídico de si una mujer embarazada, caso de dar a luz durante el trayecto en diligencia, debe pagar por el mismo el precio del transporte”, el libro pasa de puntillas por el reino de los sabios sin mollera. El hecho me parece asombroso y azorante. Tal vez me estoy volviendo seco y duro como el viejo Saturno, dios de la melancolía, pero: ¿conocen ustedes un gremio menos inteligente que el de los intelectuales?
El lector avisado acaso crea que este barroco preámbulo es un rodeo para hablar ahora de los científicos que han propuesto a la ONU preparar un plan mundial de defensa frente a un posible ataque de los extraterrestres, pero aunque no negaré que el asunto resulta tentador y muy a propósito para lo que hoy me propongo, jamás osaría invadir los dominios de mi colega Álvaro Ballesteros, quien ya ha dedicado algunos certeros flechazos al tema. La cuestión de la que quiero hablar no es en cualquier caso sustancialmente distinta, aunque tiene que ver con un artículo publicado hace catorce meses en la prestigiosa revista Philosophical Psychology. La prensa, discretamente, lo pasó por alto. Yo debería hacer lo mismo, mas como no descarto que algún investigador decidido a completar los estudios de Rath-Vegh compulse en el futuro mis artículos, les dejaré una pista.
El estudio del señor Schwitsgebel, autor del trabajo, parte de un dato escalofriante, uno de esos hechos que pueden conmover los cimientos de la existencia universitaria: en las bibliotecas de los campus se roban más libros de ética que de filosofía y más libros de ética clásica que de ética contemporánea. Ya sé que a la mayoría de ustedes lo que les sorprenderá en realidad es que tales libros puedan ser robados -¿qué clase de lunático se llevaría a casa las Disputaciones Metafísicas del padre Suarez o los Principia Ethica de Moore?-, pero tengan en cuenta que el estudio del que estoy hablando se ha publicado en una revista científica y que estas revistas existen porque existen los aspirantes a catedrático, entre los cuales ni ustedes ni yo nos encontramos. Si fuera así también nos horrorizaría lo que sucede en las bibliotecas de las universidades y desde luego no nos conformaríamos con una explicación sencilla, algo de sentido común, como que “los ladrones prefieren los libros fáciles de ocultar y los de filosofía son unos tochos monumentales”. Pero Schwitzgebel no es como nosotros. Se trata de un sabio que hace investigaciones y que tiene, por tanto, la honorable obligación de formular hipótesis brillantes. La suya puede resumirse en la siguiente pregunta: ¿acaso el hecho de que se roben libros de ética en las universidades no es contradictorio con lo sostenido por los principales tratadistas –Aristóteles o Kant- de que el estudio de la ética debe tener efectos positivos en el comportamiento de los individuos?
La pregunta es grave y extiende sobre los aficionados a la ética una sospecha malévola. Schwitzgebel, con gran habilidad, evita la posibilidad de ser incluido entre los ladrones de estos libros evidenciando ostentosamente que jamás los ha leído. Sólo así se explica que atribuya a Aristóteles o Kant ideas que jamás sostuvieron. ¿Cómo iba ninguno de ellos a afirmar algo tan incompatible con sus propias posiciones filosóficas como que el estudio de la ética mejora a las personas? Por otra parte, y si Lutero estaba en lo cierto cuando escribió que “al igual que la medicina vuelve enfermos a los hombres, y la matemática tristes y sombríos, la teología los hace malos”, ¿por qué la ética iba a ser distinta?
Son cosas de sentido común. El estudio de la medicina no garantiza la buena salud de sus practicantes. Pero los intelectuales viven en un mundo más sutil que el nuestro y, además, están los psicólogos, gremio que, según Schwitzgebel, rechaza la posibilidad de que el estudio de la ética no tenga efectos positivos sobre la conducta de los individuos. ¿Acaso la psicología no los ha vuelto a ellos más penetrantes? Schwitzgebel, de quien Lutero y yo sospechamos que es psicólogo, decide, en consecuencia, llevar hasta el final su arriesgada hipótesis y explicar por qué estudiantes y profesores de ética son tan ladrones. La conclusión a la que desemboca tras sinuosas divagaciones estadísticas deja muchas dudas –la primera es si el objetivo último de su investigación no sería rellenar el número de páginas estipulado para que el artículo le cuente como mérito académico-, pero pone al menos de manifiesto lo importante que es la probidad intelectual cuando falta la inteligencia “Mi estudio –dice triunfalmente- refleja una pequeña parte del comportamiento moral y por eso no se pueden extraer conclusiones definitivas ni generalizar acerca del comportamiento de los éticos (entiéndase, aquellos que se ocupan de ética en las universidades)”.
¿A ustedes no les parece grandioso?