Ángeles afuera: Ordenador humano
lunes 24 de enero de 2011, 21:54h
Hace años que un “importante” chupatintas de una gran editorial me encargó un anticipo de mis “Memorias”. Tras entrevistarnos, dos años después, pretendió sincerarse conmigo. Me espetó: “Te has retrasado y ahora pienso que tú no eres un escritor carismático”. Le respondí que probablemente tenía razón. Y que, efectivamente, tampoco era patético, sintomático, epidramático, peripatético, angélico, diabólico, diabético; pero no te preocupes “que todo se andará”. Y, naturalmente, anduve hacia la “puta calle”, pregunté a unos amigos y, uno muy ducho en estos menesteres me recomendó que me incorporase a esa despreciable legión de los revisteros del corazón y, si era necesario, me inventase un personaje “importante”. Me recomendó que me pelase al cero e hiciese competencia a los hermanos que despotrican contra los diestros y sobre todo los siniestros. Aun no era “la princesa del pueblo” y su frase lapidaria, más que la de “estos son mis poderes” o “el estado soy yo”.
La sentencia que llenó de carisma a una mujer desgarrada, arrabalera y al mismo tiempo envidiable es “Yo por mi hija mato”. Pero me llevaba mucho trecho recorrido ese personaje fantasmagórico y surrealista en encuadernación cutre, felliniano, que se llama Belén Esteban. De Jesulín de Ubrique, que es un torero que no se dio la importancia que en realidad merece, a mi insignificante persona, hay muchas salidas en hombros de distancia. Además yo no mato por nadie a Belén, una mujer picassiana con muchas narices, cejas, ojos, yo no sería capaz de seguirla ni en sus rotundas amenazas. Sin embargo me atrevería a preguntarle si, en caso de hacer efectiva su amenaza, mataría al volapié.
Recibiendo, anticipándose a la arrancada del toro. Vaya, procedimientos, usos y costumbres más propios de un matador de toros.
Se me fue la olla en disquisiciones varias y en “personajillos” variados y me alejé del quid de la cuestión. Si, de un personaje serio, importantísimo en las tareas radiofónicas y periodísticas. Que tiene en su mente privilegiada una especie de ordenador sin más trucos que su amplísima cultura, su voz y voto definitivamente únicos…Su nombre es María de los Angeles Afuera. Colecciona, para ofrecerlos sin acritud, todas la “erratas” en las que caemos cuantos nos asomamos a los micrófonos. Y, cuando toma la voz de mando, sus espacios pueden competir con los mejores programas radiofónicos españoles. No creo que exista, en el universo periodístico- radiofónico, nadie que pueda igualarse a esta oficialmente documentalista.
Cuando pone el prólogo a una inmediata entrevista de un personaje, lo hace polvo porque lo normal es que lo supere con sus palabras y con su documentación asombrosa.
Ustedes, que son adictos a las “ondas” la encontrarán cuando la esperen, o menos la esperen, sirviendo con talento a los oyentes de “Radio Madrid”, en particular y de la cadena SER en general. La hallarán en los programas de Francino (“Hoy por hoy”) en el que le sigue en antena (“Hoy por hoy Madrid”) conducido por Alberto Granados.
Generalmente los servicios de documentación, como los museo, son estáticos y no prácticos. El de la citada cadena radiofónica es dinámico.
Cada año se conceden los “Premios Ondas” que premian a las mejores figuras de la Radio, la Televisión y un etc. Bastante amplio. Casi siempre aciertan con sus veredictos los señores del jurado. Sin embargo, creo modestamente, que deberían aparecer entre los galardonados los prodigiosos técnicos verdaderos directores de la “orquesta” que está en la “pecera”.
Tampoco se enaltece, por ejemplo con el “Ondas” a verdaderas figuras de nuestro oficio. Personajes que son “vedettes” que, sin plumajes como las figuras teatrales, aportan humor, el mayor de los talentos, suman inteligencia, demuestran su talento desde los verdaderos escenarios que, veces, se prolongan en las pasarelas. Me anticipo a la jugada. ¿Dónde está la estatuilla del “Ondas” que de verdad de la buena corresponde a Ángeles Afuera?