Los vaivenes de Zapatero
miércoles 26 de enero de 2011, 00:36h
El mismo día que el FMI corregía por enésima vez al Gobierno y rebajaba las expectativas de crecimiento de la economía española, el Congreso votaba las recomendaciones del Pacto de Toledo en materia de pensiones. No parece serio que en un asunto tan importante, las principales fuerzas políticas del arco parlamentario se muestren incapaces de llegar a un acuerdo integral, prefiriendo seguir con una dinámica de parcheo y demagogia absolutamente reprobable. Yerra el PP, por cuanto su brindis al sol de oponerse a los 67 años como edad de jubilación es una mera impostura, ya que saben que dicha medida, por impopular que sea, resulta a día de hoy imprescindible, además de razonable si observamos la esperanza de vida en España y, por ende, la pirámide de edades. Yerran los nacionalistas, que mercadean un puñado de competencias a cambio de sus votos sin ver -o querer ver- que con dicho apoyo están en cierto modo comprometiendo la estabilidad económica de sus respectivos territorios.
Y yerra, una vez más José Luis Rodríguez Zapatero, incapaz de mantener un rumbo coherente. Ante la intervención de facto que vive España, el jefe del Ejecutivo se mueve a golpe de titulares y llamadas exteriores -Obama, Merkel-, sin dejar de hacer constantes guiños a sus fieles sindicatos y negando un día lo que afirmara el anterior. La situación amenaza con agravarse porque la proximidad de las elecciones locales y las malas encuestas del Partido Socialista han resultado en presiones de los barones socialistas regionales al señor Zapatero para que cierre con los sindicatos a cualquier precio. Y ya sabemos que el Presidente del Gobierno se ha caracterizado por atender más a la virtualidad de los sondeos que a la realidad factual.
La semana pasada, el presidente del Deutsche Bank le daba tres consejos fundamentales al Presidente español: sanear las cajas de ahorros, poner coto al desafuero autonómico y emprender de una vez por todas una reforma laboral seria, sin parches ni paños calientes. Sólo parece que vaya a seguir el primera de las tres sugerencias, más por salvar la cara ante los mercados financieros que por convencimiento propio; a los otros dos no parece que vaya a prestarles demasiada atención. Ese es el auténtico drama del desgobierno que preside España; la total falta de rumbo e ideas. Lo vaticinan algunos barones socialistas, que piden un golpe de timón urgente ante la más que previsible debacle en sus respectivas autonomías, pero lo hacen más por miedo a perder la poltrona que por sentido de responsabilidad, ese que les ha faltado durante todo este tiempo. Es hora ya que el sentido común llegue de una vez por todas a la vida política española, y que el Gobierno afronte como es debido las reformas laboral y de pensiones por un lado, y el cierre del proceso autonómico por otro, sin tanto vaivén ni desatino.