www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

Al paso

El discurso del Rey

sábado 29 de enero de 2011, 10:15h
Son variadas las perspectivas desde las que pueda entenderse la extraordinaria cinta El discurso del Rey. Así es la bella historia de una extraña amistad entre dos personas singulares, el monarca inglés (Jorge VI de Inglaterra) y un plebeyo australiano, el logopeda Lionel Logue , que ayuda al personaje real a superar su tartamudez, obstáculo capital en un momento en el que el rey ha de comparecer en la escena pública precisamente hablando. Es también una película de época en tiempos difíciles, años de depresión económica ensombrecidos por la perspectiva de un conflicto bélico inevitable de dimensión mundial, con la ambientación perfecta que saben dar a estos productos los cineastas ingleses. Es asimismo un film admirable con el soporte de un guión y unos diálogos brillantes, muy bien servidos por excelentes actores, a destacar Colin Firth y Geoffrey Rush, y una capacidad sobresaliente para suscitar el suspense, de modo que, así, nos sentimos implicados emocionalmente ante la ejecución del discurso del monarca a la Nación y el Imperio, dicho impecablemente sin vacilación en la locución, subrayándose la tensión a través de travellings inacabables por pasillos y pasillos siguiendo al rey entre el personal de su séquito hasta el lugar de la emisión, mientras suena la Sinfonía séptima de Beethoven.

Pero a mí la perspectiva que más me interesa es la de explicar el éxito de la cinta en Inglaterra, que cree ver en esta película un reflejo adecuado de lo que es una pieza esencial de la misma, esto es, la monarquía constitucional. Si el Estado moderno inglés desde la revolución del siglo XVII no puede entenderse sin el monarca como centro indubitado, aunque no absoluto, del sistema político, el rey, ahora plenamente constitucional, sigue jugando un papel fundamental en el régimen parlamentario inglés del siglo XX. Lo que la cinta muestra es la capacidad del rey para desempeñar con dignidad la función que en el sistema constitucional se le asigna, precisamente cuando se está al borde del precipicio: representar a la nación, hablar por ella, defender ante el mundo, y en la hora de la guerra, los valores democráticos y civilizadores que Inglaterra asume.

Se entiende la sensación de complacencia inglesa ante la imagen que la película ofrece sobre todo de la familia real, quizás un reflejo no muy alejado de la común del resto de la sociedad, todavía ahormada en unas pautas de deferencia y jerarquía, pero suficientemente abierta para aceptar valores y actitudes de la calle. El Príncipe Alberto, y futuro rey, ha de aceptar la imposición del tratamiento familiar (Bertie) que le hace el logopeda con el que entabla una verdadera relación afectuosa y opta firmemente por su asistencia médica frente a las preferencias del establishment social o religioso del sistema, a pesar de la irregularidad de la titulación profesional del australiano y sus estrafalarias aficiones, pues en realidad se trata de un actor frustrado. La mujer del rey, la futura reina Queen Elisabeth y queridísima para el pueblo inglés, madre de la actual Isabel II, aparece, al igual que tantas madres de familia, como un personaje adorable, dedicada a la educación de sus hijas y volcada en la ayuda, no sólo médica, de su marido.

Esta familia con estas condiciones se sabe en la sociedad espejo de las demás, es , como Walter Bagehot vio “a family on the throne”. Es una institución al servicio de unas determinadas funciones que son las establecidas por el sistema constitucional, a cuyo cumplimiento se debe. Sabiamente, a la muerte del rey Jorge V, las exigencias constitucionales determinaron el apartamiento por abdicación de Eduardo VIII, abducido por la atracción de la Señora Wallis Simpson, la duquesa de Windsor, y de cuyas convicciones democráticas, por decirlo suavemente, se podía dudar. Quien accedió entonces al trono, con el nombre de Jorge VI, fue el Príncipe Alberto que a través de un gran esfuerzo, fue capaz de superar las dificultades que su tartamudez establecía en el desempeño de su papel constitucional, ofreciendo en el momento que refleja la película la resistencia del mundo democrático a la barbarie del nazismo, y por ello, ejerciendo un liderazgo político de evidentes resonancias patrióticas.

No viene mal, también en Inglaterra, en estos tiempos duros, concederse una gratificación simbólica, con licencias mínimas al rigor histórico, que alguna hay, servida con la excelencia que ofrece el director del film Tom Hooper.
¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (0)    No(0)


Normas de uso

Esta es la opinión de los internautas, no de El Imparcial

No está permitido verter comentarios contrarios a la ley o injuriantes.

La dirección de email solicitada en ningún caso será utilizada con fines comerciales.

Tu dirección de email no será publicada.

Nos reservamos el derecho a eliminar los comentarios que consideremos fuera de tema.