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El turismo en tiempos de inseguridad pública y demagogia plena

Juan Federico Arriola
domingo 30 de enero de 2011, 09:10h
“El cinismo es la aceptación consciente de una inversión de valores.”
Emilio Uranga (Análisis del ser mexicano)

Frase sabia la del filósofo mexicano, discípulo predilecto de José Gaos, el transterrado y discípulo a su vez del genial José Ortega y Gasset.

Hace casi treinta años el entonces presidente de México, José López Portillo y Pacheco, dijo que lo peor que le podía pasar a México es convertirse en un país de cínicos. Pues eso ya no es profecía, es una lamentable realidad. Poco antes, en 1976, el presidente Luis Echeverría había hecho comentarios antisemitas. Esto le costó a México una caída del ingreso turístico proveniente sobre todo de miembros de la comunidad judía estadounidense que hizo un boicot contra México para castigar la actitud del máximo responsable del gobierno.

Ante el fracaso de las políticas públicas de desarrollo económico sustentable y de prevención a la delincuencia, el presidente actual de México, Felipe Calderón ha externado otro comentario político sin fundamento en la realidad: “El 99.99% de los extranjeros que visitaron México el año pasado (2010) la pasaron muy bien.” Eso no es verdad, muchos extranjeros y turistas mexicanos también no la han pasado bien en sus vacaciones, por el clima de temor e inseguridad: bandas criminales que se baten a tiros en las calles, secuestros de personas, ejecuciones y extorsiones son aspectos reales también en los centros turísticos de mar y tierra. Acapulco, que es atrae a millones de personas de muchas regiones del planeta ha visto caer sus ingresos dramáticamente aún en las temporadas típicamente de descanso. En 2011, este centro turístico ha sido objeto de múltiples ataques de bandas criminales.
La industria del turismo en México se ha desplomado en los casi dos últimos años por dos razones principales: la epidemia de la influenza en abril de 2009 y la terrible inseguridad pública que padece México en el norte y también en los estados de Guerrero, Michoacán y Morelos. Las cifras del sector turístico que comprende hoteles, restaurantes, líneas aéreas, autobuses, barcos y agencias de viajes no mienten: el turismo uno de los principales ejes económicos ha venido hacia abajo, no por crisis económicas, sino por inseguridad jurídica y pública.

El turismo es una de las principales fuentes de ingresos del Estado mexicano junto con la venta de barriles de petróleo, exportación de automóviles y remesas de mexicanos que viven en el extranjero, sobre todo en Estados Unidos, pero el presidente mexicano que ve la realidad encerrado desde la casa presidencial rodeado de un ejército de guardaespaldas, no aprecia lo que acontece en México: los extranjeros han dejado de venir, porque se informan y saben que en México hay una guerra poco convencional pero muy sangrienta.

Las agencias de turismo dicen que la única zona segura de turismo es la Riviera maya, que además de ser preciosa, es culturalmente muy importante. Adicionalmente, el gobierno de Calderón ha sido incapaz de salvar y promover empleos. Al día de hoy sigue sin operar la segunda aerolínea más importante: Mexicana de Aviación y que por cierto es la más antigua de Iberoamérica.
¿Por qué no se da una vuelta el presidente de México a las agencias del Ministerio Público especializadas en atender a los turistas extranjeros y nacionales? ¿Qué no le han informado que un empresario canadiense fue secuestrado y ejecutado en un centro turístico y así desgraciadamente hay otros casos?

Hace tres días fue asesinada una distinguida pastora de una comunidad religiosa protestante de Estados Unidos en el fronterizo estado de Tamaulipas. Ella vino a México con su esposo por labores religiosas y no turísticas. Tampoco para personas que vienen por motivos diferentes al turismo tienen seguridad.

Felipe Calderón una vez más ha exigido a los mexicanos que hablemos bien de México. De este país se pueden hablar muchas cosas buenas, pero el gobierno federal y casi todos los gobiernos locales son un desastre: no gobiernan, hacen demagogia. La inseguridad pública está peor en relación a 2006, los derechos humanos se han deteriorado y la pobreza ha aumentado.

Una atenta y respetuosa petición al presidente del gobierno español Rodríguez Zapatero: ¿Nos puede prestar 20 meses a don Alfredo Pérez Ruvalcaba? El primer vicepresidente y ministro del Interior de España el solo haría un papel mucho más destacado que los 17 secretarios de Estado y el procurador general del gobierno mexicano juntos. Al presidente Rodríguez Zapatero no le ofrezco a cambio estos 18 personajes. Eso implicaría el regreso al poder del Partido Popular este mismísimo 1 de febrero de 2011.

Es casi imposible hablar bien del gobierno mexicano actual: más de 30 mil muertes violentas y varios centenares de secuestros registrados en los últimos 4 años, 6 millones de pobres más y un déficit de empleo –por lo menos desde 1994- que alcanza ya más de siete millones de personas, me impiden que hable bien del gobierno que prometió quitar a los delincuentes de las calles y el campo y de generar empleos y educación para millones de mexicanos, muchos de ellos conforman la “generación nini”, porque ni estudian ni trabajan. Algunos no lo harán por pereza pero otros tantos por falta de oportunidades. La realidad no está en la residencia oficial “Los Pinos”, sino en las calles, en las playas, en el campo, en las escuelas y en las fábricas cerradas por amenazas de la delincuencia organizada.

México tiene lugares preciosos de turismo cultural y de diversión. Sólo que las bandas criminales y la ineficiencia y demagogia de autoridades lo manchan y lo desprestigian.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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