Los fantasmas del Palacio de La Moncloa
Joaquín Vila
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directorelimparciales/8/8/20
domingo 23 de marzo de 2008, 21:36h
Cuentan los parapsicólogos, los que rastrean en lo oculto, que las casas con historia, más aún los palacios, albergan los espíritus de los habitantes que han sufrido algún trauma entre sus paredes. Esos seres del pasado, esas almas errantes ululan por los rincones, gritan en silencio su dolor y deambulan a la caza de sus presas: los nuevos inquilinos. En ocasiones, los atrapan entre sus influjos y con sutileza, con susurros imperceptibles, juegan con su voluntad y los transforman en peleles.
El Palacio de La Moncloa fue construido a mediados del siglo XVII nada menos que por el virrey del Perú, Melchor Antonio Portocarrero y Lasso de la Vega, conde de la Moncloa, cuyo nombre ya llevaba embridadas las cadenas de una buena tropa de fantasmas. En los años sesenta, fue reconstruido tras los daños ocasionados por las bombas de la Guerra Civil y, en 1977, Adolfo Suárez lo convirtió en sede de la Presidencia del Gobierno y en residencia oficial del propio presidente
Según investigaciones recientes de los parapsicólogos, el Palacio se ha convertido en uno de los edificios que mayor población de espíritus alberga entre sus paredes. Lo que los politólogos han denominado como el "síndrome de la Moncloa" no es más que el influjo de los fantasmas sobre los habitantes, a los que emboban entre sus invisibles y suaves sábanas, convirtiéndoles en seres autistas, que se alejan de la realidad y terminan mirando a las musarañas.
El primer presidente de la democracia sufrió ese influjo negativo de los espíritus del pasado. A Suárez lo atrapó el fantasma de Tejero tomando café y fumando Ducados. A Felipe González, lo cazó, envuelto entre las volutas de un interminable Cohibas de su amigo Fidel Castro, la tropa de fantasmas más famosa de la democracia: Roldán, los asesores de Filesa, los escuadrones de los Gal y un largo etcétera que es mejor olvidar. Y a Aznar, mientras corría como un galgo por el jardín, le pilló Bush con su maldita guerra.
Dicen los parapsicólogos que a Zapatero lo engatusaron los fantasmas nada más entrar en el Palacio. Que los espíritus son los responsables del bochinche que ha montado. Es de suponer que, con estos antecedentes, la multitud de asesores que deambula por los edificios del Palacio de la Moncloa se aplique y mediante exorcismos o con spray cazafantasmas despeje las estancias para que Zapatero pueda centrase de una vez y enfrentarse a la manada de toros, que no fantasmas, que ha saltado a la plaza. El primero que le ha tocado en suerte es el de la crisis económica. Que la recesión no le pille mirando a las musarañas. Porque luego vendrán otros muchos y, esta vez, con pitones descomunales o, peor, con el coche-bomba cargado.
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Director de EL IMPARCIAL
JOAQUÍN VILA es director de EL IMPARCIAL
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directorelimparciales/8/8/20
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