www.elimparcial.es
ic_facebookic_twitteric_google

“Aislandia” y la revolución jamás televisada

José María Zavala
x
jmzavalagmxnet/8/8/12
domingo 06 de febrero de 2011, 16:50h
Túnez y Egipto, entre otros países árabes, son el centro de atención de cámaras y rotativos. Se intenta un exhaustivo conteo de muertos y heridos, se persigue generar un retrato fiel de la normalidad alterada, del caos y la violencia. Jóvenes y mayores vestidos con ropas diferentes a las de Occidente entonan lemas en lenguas extrañas. Más de uno se preguntará si habrá cesado la algarabía a tiempo para que no se estropee el crucero planeado de cara a las vacaciones. Un seguimiento minucioso colma los medios de especiales sobre el tema, cifras, fotos y vídeos. Sobretodo, que no falte la agresividad: masas sin control, linchamientos, ambulancias, disparos... Que quede bien claro lo que supone salir a protestar de verdad.

Sí que es cierto que a muchos europeos el griterío norteafricano nos queda geográficamente más cerca que ese extraño país helado del que nadie sabe nada: Islandia. Sin embargo, los flujos del capital financiero llegan más allá de la vía láctea si es necesario, y en 2008 acabaron por provocar la bancarrota del aislado país cual plaga de langostas. Es aquí donde empieza toda una verdadera revolución democrática y pacífica: caída en bloque del gobierno, negativa popular al pago de una deuda esclavista financiada por el FMI, redacción de una nueva constitución basada en la intervención directa de ciudadanos no afiliados a partidos, ajusticiamiento y encarcelación de banqueros irresponsables y promoción de la transparencia a través de la protección de sistemas periodísticos y cívicos para el acceso a la información. En la capital, Reikjavik la elección del Best Party da cuenta de la desconfianza popular hacia el sistema tradicional de partidos y abre las puertas de la democracia directa. Hace no mucho, Islandia encabezó el ránking del Índice de Desarrollo Humano.

La falta de atención hacia este proceso podría obedecer a diferentes motivos. Explicaciones inocentes dirían que un país de poco más de 300.000 habitantes que está más cerca de Groenlandia que de la Europa Continental no merece dedicarle tiempo ni espacio. Además, una revolución sin atropellos de masas, francotiradores ni Hermanos Musulmanes no tiene interés mediático alguno.

Las explicaciones de la sospecha dirían que existe la voluntad de perpetuar un concepto esencialmente negativo de los procesos revolucionarios y que se desea vehementemente evitar cualquier posibilidad de emulación hacia tal derroche de creatividad política. Pero estas argumentaciones ya rozan la Teoría de la Conspiración y con las anteriores ya es suficiente desarrollar un nivel de crítica aceptable.

Nuestros lejanos vecinos insulares están a la vanguardia de las tendencias democráticas. Y esto supone minar el poder de las dictaduras financieras a cuyo servicio se postran las marionetas del teatro partidista. Ha llegado la hora de rendir cuentas, de enraizar las fuerzas cívicas, de mostrar los bolsillos y abrir los cajones. Ha llegado la hora de sacar la basura. Por eso tenemos que cuidar el devenir de los medios. Ya obsoleta la exposición unidireccional, las redes de información permiten ser escuchado al último de los internautas (aún no al último de los ciudadanos, no vayamos a creer que el primer mundo carece de brecha digital).

Seamos valientes y derroquemos también nosotros a esos tiranos que llevan en el poder, no ya 30 años, sino muchos más, pues son sólo el exponente de generaciones enteras de acumulación ilegítima y esclavista. A los países árabes se les desea una transición pacífica y no traumática, pero la pregunta es “¿hacia qué?”. No queramos que entren en aquello de lo que a nosotros nos gustaría salir. La democratura representativa es insostenible.

José María Zavala

Sociólogo

¿Te ha parecido interesante esta noticia?    Si (4)    No(0)

+
0 comentarios