Los deslices de la diplomacia francesa
martes 08 de febrero de 2011, 00:55h
Desde que Nicolas Sarkozy designase a Michelle Alliot-Marie para que si hiciese cargo de la cartera de Exteriores, la diplomacia gala ha tenido más de un sobresalto. El último de ellos, las revelaciones según las cuales la canciller francesa habría utilizado el jet privado de un empresario tunecino afín al depuesto Ben Alí para viajar al país norteafricano y disfrutar de unas lujosas vacaciones. No se trata, como arguyó inicialmente la ministra, de un vuelo puntual, sino que ha habido una cierta reiteración en las escapadas, algunas de las cuales se efectuaron cuando ya se habían iniciado las revueltas.
El argumento de la canciller, según el cual en su vida privada es simplemente Michelle Alliot-Marie es cierto, aunque sólo en parte. Poco importa qué religión practica, con quién vive o de qué equipo de fútbol es. La cosa cambia cuando se trata de andar en compañía de políticos extranjeros o aledaños poco recomendables; por ejemplo, empresarios del círculo íntimo de un tirano como Ben Alí. O cuando el lugar escogido para realizar un lujoso viaje de placer es un país inmerso en una revolución tan importante como la que se vive ahora en Túnez o Egipto. Ostentar un cargo público lleva aparejadas una serie de servidumbres que han de respetarse en todo momento. De no ser así, el camino correcto sería la dimisión.