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Al Zawahiri y Ghoneim frente a frente

Al Qaeda juega su supervivencia en Egipto

jueves 10 de febrero de 2011, 09:01h
Cada día se hace más acuciante el temor a un atentado terrorista en Egipto protagonizado por la nebulosa de Al Qaeda. La organización fundada sobre la ideología del doctor egipcio Ayman el Zawahiri juega su supervivencia en lo que ocurra en Egipto. Si el movimiento de la Plaza Tahrir triunfa, quedará demostrado que es posible una transición pacífica en el mundo árabe para derrotar las tiranías, y se desmoronará el fundamento mismo de Al Qaeda.
El temor a un atentado ha crecido cuando el vicepresidente egipcio Omar Suleiman ha declarado este martes que “activistas de Al Qaeda” figuran entre los miles de detenidos que se han evadido de las prisiones tras las protestas multitudinarias contra Hosni Mubarak. No ha especificado ni cuántos, ni si pertenecen a la Gamaa Islamiyya. Pero ha añadido que será muy difícil volverlos a detener.

Un manifestante anti gubernamental sostiene una bandera nacional ayer, miércoles 9 de febrero de 2011, durante una vigilia por las víctimas que han dejado las protestas en contra del presidente egipcio, Hosni Mubarak, en la plaza Tahrir, en El Cairo (Egipto). EFE/FELIPE TRUEBA


Como para preparar el clima propicio al efecto devastador de un atentado, que traería como consecuencia la irrupción del Ejército en la escena pública e incluso la Ley marcial, el movimiento iraquí conocido como “Estado islámico de Irak”, al que se considera afiliado a la nebulosa de Al Qaeda, llamó este martes a los egipcios “a la guerra santa y a instaurar un gobierno basado en la Chariaa coránica”, según ha divulgado el Centro americano de control de las páginas web islamistas (SITE). Un llamamiento sin embargo que suscita algunas sorpresas ya que los yihadistas iraquíes tienen poca o ninguna relación con el pueblo egipcio.

La atribución que se hace en algunos círculos de que este grupo terrorista iraquí ha sido el inspirador del atentado contra la iglesia copta en Alejandría el pasado 1 de enero que se saldó con 23 muertos y un centenar de heridos, deja mucho escepticismo. Y más bien se sospecha de algunas “oficinas negra” del propio régimen de Mubarak, en las que estaría el ex-ministro del Interior Habib Al Adly destituido en el cambio de gobierno de finales de enero. Según esta versión el objetivo del atentado era diáfano: enfrentar a las comunidades musulmana y copta. El clima de fraternidad que se ha vivido estos días en la plaza Tahrir ha echado por tierra este propósito, en el que extrañamente coinciden los sectores más represores del régimen y los yihadistas islámicos.

En las dos semanas de manifestaciones populares en Egipto no se ha visto en ningún momento a la gente pedir la instauración de un Estado islámico, de la Chariaa, o enarbolar banderas verdes o negras, según la tendencia islámica de que se trate, sino tan sólo egipcias. En lugar del mítico “califato”, los manifestantes pedían democracia y libertad; en lugar de ensalzar a los líderes del yihadismo mundial, exigen elecciones libres y transparentes ; todos ellos conceptos que chocan con los fundamentos de Al Qaeda.

El pueblo egipcio se ha pronunciado estentóreamente por una transición pacífica hacia la democracia. La cofradía de los Hermanos Musulmanes se ha reiterado en contra del recurso a la violencia, que está en la base misma del yihadismo. Por el contrario, Al Zawahiry, afirma que “sólo la lucha armada y el yihad podrán destruir el Estado impío, sostenido por Israel y estados Unidos”.

El llamamiento a la Yihad hecho por el grupo iraquí ha sido respondido de inmediato por los Hermanos Musulmanes egipcios. Jaled Hamza, responsable de la página web de la cofradía ha vuelto a martillar que “los Hermanos Musulmanes siempre han rechazado y rechazarán cualquier llamamiento a la violencia”.

Si la transición pacífica triunfa en Egipto, las tesis del doctor Zawahiry se vendrán abajo. En su libro Hassad el Murrakor (Cosecha amarga), el ideólogo de Al Qaeda describe el método para triunfar: minar el estado desde el interior, destruyendo sus bases económicas, culturales y políticas. No cree en la acción de las masas. Sólo en la eficacia de sus comandos terroristas, sean o no suicidas.

La sombra del Ejército
El Ejército egipcio sigue siendo la columna vertebral del país. Pero no es sólo una fuerza militar sino que está anclado profundamente en la sociedad, de la que controla una buena parte de la economía, grandes obras, fabricación de armamento, suministros militares y todo lo relacionado con la intendencia que conlleva una armada de medio millón de soldados.

Algo muy importante para las Fuerzas Armadas es que la continuidad del régimen con Omar Suleiman, un escenario preparado por los aliados occidentales pero que cada vez está más contestado en el interior, le garantice los 1.300 millones de dólares anuales que le otorgan los Estados Unidos en concepto de asistencia militar. Una ayuda sin embargo que está sujeta a la continuidad de los Acuerdos de paz con Israel y al mantenimiento del equilibrio geopolítico en la región medio-oriental.

En gran parte por esta razón, la cúpula militar tiene una profunda aversión a los islamistas de la cofradía Hermanos Musulmanes que mantienen su posición hostil a la paz firmada en Camp David en 1978 “a expensas de la causa palestina”. Aunque por el momento la cofradía no pone esta cuestión al orden del día, ya se sabe que su posición es que “es imposible un acuerdo de paz sin el reconocimiento de Hamás”, el grupo palestino que controla la franja de Gaza fronteriza con Egipto. Los Hermanos Musulmanes quieren dejar el asunto para resolver en un futuro referéndum en el que el pueblo egipcio se pronuncie.

El estado mayor del Ejército siempre ha dado carta blanca a las actividades de los Servicios de inteligencia dirigidos por el general Omar Suleiman contra el terrorismo de la Gamaa Islamiyya autora de los atentados al World Trade Center en 1993 y del asesinato de turistas en Luxor en 1997; lo mismo que a la persecución de la Yihad Islámica, seguidora de Ayman el Zawahiri. El Ejército observa y espera.

Paradójicamente en Egipto en estos momentos se enfrentan dos símbolos, el de Al Zawahiry que representa al extremismo y el yihadismo islámico, y el joven ciberactivista Wael Ghoneim, que representa un amplio sector de la juventud egipcia que ansía la libertad. Del triunfo de este último depende la supervivencia del primero, y el inicio del fin de una época oscura de opresión y corrupción.
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