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QUIÉN ESTÁ DETRÁS DE LA CRISIS EGIPCIA

sábado 12 de febrero de 2011, 12:15h
“Cuando la tiranía se derrumba procuremos no darle tiempo a que se levante”, escribió Robespierre, citado en el gran periódico nacional El Mundo. En ese mismo periódico, hace cinco días, escribió Luis María Anson el artículo que por su interés reproducimos a continuación:
“Los pueblos caminan siempre hacia la libertad, aunque sea en zigzag, Kennedy dixit. Los egipcios padecen desde hace tres décadas la dictadura de Hosni Mubarak. Un clamor airado recorre ahora la espina dorsal del país de los faraones en un esfuerzo emocionante para derribar al autócrata. Incluso las piedras de Luxor y Abu Simbel parecen estremecerse. Las nuevas Nefertitis han puesto el velo en el cielo y el aliento de libertad en el griterío popular.
Lo primero, pues, es terminar con Mubarak. Después habrá que estudiar la situación. No vaya a ser que el remedio resulte peor que la enfermedad. Al dictador Batista había que derribarle en Cuba. Eso estaba claro, pero llevamos 50 años soportando la tiranía comunista de Fidel Castro. Con los abusos del Sha no se podía convivir. El cuitado presidente Carter, pobrecillo, no se dio cuenta de lo que se nos venía encima y, desde entonces, el fundamentalismo islámico ha terminado con cualquier vestigio de libertad en la gran nación persa.
¿Quién está detrás de la agitación popular en Egipto? ¿Quién la financia? ¿Quién la dirige y mantiene? Me sorprende la ligereza con que algunos comentaristas responden a estas preguntas. Una revuelta de semejante calibre requiere organización. Es espontánea pero no solo espontánea. Egipto, país árabe que se acerca a los 100 millones de habitantes, tiene una situación geográfica clave y una política de especial complejidad, muy difícil de entender.
He conversado con algunos colegas israelíes. Ellos tampoco saben lo que hay detrás de la revolución. Pero se temen lo peor. Se temen que Ahmadineyad esté atizando la revuelta popular, tal vez financiándola, en contra de lo que cree el Departamento de Estado norteamericano que tampoco se enteró de quién era Fidel Castro ni de lo que podía ocurrir tras la caída del Sha.
El aguijón israelí clavado en Oriente Medio enciende la situación en aquella zona estratégica desde hace setenta años. Estados Unidos emprendió dos guerras contra Irak promovidas por el lobby judío norteamericano. Sadam Hussein anhelaba ser el rais del mundo islámico y su gran baza consistía en despedazar a Israel. Ahmadineyad dice lo mismo a las claras, sin máscaras ni tapujos. No se trata de una especulación periodística. Lo ha anunciado públicamente en cuatro ocasiones. Si en Egipto se instalara un sistema fundamentalista islámico, es decir, una dictadura todavía peor que la de Mubarak, Israel quedaría atenazado por la ira de dos naciones poderosas, la egipcia y la persa. Le oí decir al general Dayan algo que es clave para entender la política en Oriente Medio: “Nunca, nunca Israel consentirá que un país islámico de nuestro entorno tenga una potencia militar superior a la nuestra”.
En Egipto es imprescindible derribar la dictadura de Hosni Mubarak y establecer un régimen de libertad. Conviene no olvidar, en todo caso que, si, como consecuencia de lo que está ocurriendo, se instalara en El Cairo una dictadura fundamentalista, el mundo se enfrentaría a un serio riesgo de conflagración general”.



Luis María ANSON

de la Real Academia Española

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