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paso cambiado

Confidencias entre Zapatero y Bono

viernes 18 de febrero de 2011, 08:27h
En una situación normal, una conversación privada entre el jefe del Gobierno y el presidente del Congreso no tendría mayor trascendencia. En la incierta España de hoy, esa entrevista confidencial estaba llamada a causar una gran expectación. Algo que estuvo perfectamente justificado precisamente por la conjura de silencio de ambos cargos institucionales, que soslayaron las preguntas sobre el encuentro con una vaga referencia al “calendario legislativo”, según Zapatero, y al “calendario político y legislativo”, según Bono.

La reunión pudo traer a la memoria a muchos que Zapatero sigue sin decidir la cuestión sucesoria, al menos en público. Tanto en el sentido de la permanencia (como apuntan sus últimos gestos políticos de iluminismo reformista) como si prevé su retirada (en la que esos mismos gestos significarían su deseo de no pasar a la historia como el peor presidente de la Historia). Pues las aguas en el estanque socialista están amansadas en apariencia, pero mucho más por inseguridad de sus dirigentes, temerosos de equivocarse de caballo con consecuencias fatales, que por convicción sobre el liderazgo.

Sólo algunos barones autonómicos insisten en jubilar a Zapatero, pero el resto, instalado en los aparatos de partido y Gobierno, prefieren ahora callarse, después de haber hablado largo y tendido sobre la ineluctable salida de Zapatero y su eventual relevo por Rubalcaba.

Las idas y venidas respecto a éste del mismo Zapatero han colocado al vicepresidente y ministro del Interior en una frágil situación. Desde su presunta entronización sucesoria no han dejado de lloverle palos. Cuanto más crecía su estatura política, más distante se mostraba su aparente benefactor Zapatero (como contó detalladamente Felipe González). Según aumentaba su influencia en el Gobierno y su poder en el partido, y recibía más apoyos explícitos, más se veía preterido por el aparto de Zapatero y más acosado por la oposición.

Rubalcaba, con unos fuertes parapetos mediáticos, descubría sin embargo que su tejado era de cristal. Y podía empezar a sospechar que le habían metido en una guerra y, ahora, ocupaba la tierra de nadie. Ni con los suyos, que no le quisieron en las fotos de la Convención hagiográfica de Zapatero en Aragón o la del llamado Pacto social con los sindicatos, ni con los contrarios, a tiros contra el faisán.

Y en esto aparece quien nunca deja de estar en este tipo de salsas: José Bono. No hace falta que él lo diga, porque se le nota bastante que estaría entusiasmado con la posibilidad de suceder a Zapatero. Porque Bono es mucho más político profesional de trinchera que personaje de hornacina institucional. Lo que sucede es que ha demostrado su astucia, y sabe que un pronunciamiento a destiempo en este sentido puede ser ruinoso.

Como Bono, Rubalcaba o Zapatero no son los únicos listos de la historia, aunque Bono no diga esta boca es mía (como han hecho por error los partidarios de Rubalcaba) o Zapatero regatee más que Messi, estarán los tres en el punto de mira de los adversarios. En el caso del presidente del Congreso, algún asunto económico-biográfico continuará candente vía judicial. Pero de ésas ya ha salido Bono, y sabe que, si es prudente, tiene posibilidades en el caso de un reparto de despojos tras el zapaterismo con Rubalcaba al teléfono.

En fin, este Bono, bastante más sólido como político que otras alternativas que se plantean en el PSOE, ha hablado hora y media del calendario político y legislativo con Zapatero. En ese tiempo da casi para tratar sobre todos los plenos de este periodo de sesiones, de repasar todos los proyectos de ley del Gobierno e incluso de mencionar todos los acontecimientos deportivos previstos hasta junio. Podemos apostar a que no dedicaron un minuto a ninguno de estos asuntos.

Por el contrario, el único calendario estudiable es justamente el que puede alterarse con una decisión de retirada de Zapatero, ya que el Parlamento debe elegir sucesor, pues los partidos no son una Monarquía, aunque a veces se lo crean. Aunque también puede estudiarse la mejor coyuntura para la disolución de las Cámara. E, incluso, si me apuran, otro objeto de conversación puede ser la propia situación interna del PSOE y la manera de frenar o atizar el despiste en sus filas por las incógnitas que Zapatero se complace en transmitir. Y hasta, finalmente, puede interesarles a ambos ver la manera de frenar la ofensiva de la oposición y bucear la forma de alcanzar acuerdos que desactiven a los de Rajoy.

Pudieron hablar de todo, menos del tiempo. Lo que no quita para que la reunión nos recordara que Bono existe aún, y tiene vocación de existir mucho más. Tal vez por eso él mismo fue el primero en desactivar a Rubalcaba cuando todo el mundo le miraba embobado, al calificarle como “la liebre”, que es a la vez el reclamo para atraer a la jauría o, como se utiliza en el deporte, quien tira de otro para que no desfallezca.
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