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Luces y sombras sobre el último vuelo de Saint-Exupéry

Juan María López-Aguilar
lunes 24 de marzo de 2008, 21:29h
Admirador y entusiasta lector de cuanto se refiere a la vida y obra de Antoine de Saint-Exupéry, me removí días atrás al leer la noticia, publicada en casi todos los diarios europeos, según la cual un piloto alemán, hoy con 88 años, Horst Ripper habría reconocido ser el autor de los disparos que el 31 de julio de 1944 ametrallaba y hundía en el mar al avión Lightning -P 38- que pilotaba el insigne autor francés.

El porqué de mi intriga e interés ante esa declaración que, al parecer, se complementará próximamente en un libro, tiene cierto fundamento. Ante todo porque como piloto, Saint-Ex, con 44 años tenía suficiente experiencia y probada profesionalidad para no dejarse sorprender por aparatos enemigos en una mañana, según los radares de las fuerzas aliadas en la zona, despejada y luminosa.

En segundo lugar, ¿por qué el Sr. Rippert tarda 64 años en anunciárnoslo?

Tercero. Esta noticia ¿se ha contrastado con historiadores y especialistas en el Centro de Estudios y Fundación que los herederos del escritor dirigen en Lyon?

A mi juicio, estas y muchas otras dudas sólo quedarán resueltas si algún día se consiguen recuperar y sacar a flote los restos del avión. Comprobar entonces en su fuselaje y motor las verdaderas razones de la caída y hundimiento. El lugar más que probable está prácticamente definido en una zona costera próxima a Toulon y Hyères; aunque ya se han hecho serios intentos -apareció el brazalete que portaba- no sería extraño que un día quede aclarado el último capitulo de la intensa vida del autor de "El Principito".

Mientras tanto, y desde una atalaya española aprovechemos la noticia para apuntar y divulgar cuántos vínculos, poco conocidos pero apasionantes se dieron entre nuestro país y el escritor. Recordemos primero cómo desde sus primeros vuelos de Toulouse a Africa y posteriormente a Argentina vía Brasil y Uruguay, fue la costa mediterránea española protagonista en su vida, con escalas y estancias, sobre todo en Barcelona, Alicante y Málaga. La limitada autonomía de los aparatos Salmson y Laté, -son vuelos pioneros en la historia de la aviación europea- obligaba a trayectos sobre playas y ensenadas más acogedoras, en caso de aterrizaje forzoso que la línea recta sobre Castilla y Andalucía, desde los Pirineos al Estrecho de Gibraltar.

A partir de Octubre de 1927, cuando su vocación literaria comienza con brío, Antoine, Tonio, es designado por la empresa, Latécoère, después Aeropostale, su representante en el puesto de Cabo Juby, en pleno Sahara entonces español. Durante más de año y medio y en condiciones durísimas será piloto, coordinador... en el trayecto de Francia a Senegal, viviendo en un sencillo barracón de madera contiguo al fuerte de las tropas españolas. Allí hará amistad con el Coronel de la Peña y con Ignacio Hidalgo de Cisneros, futuro Jefe de la Aviación republicana.

Creo, sin temor a equivocarme, que fue en aquél entorno, en aquél alejado escenario, con aquellos camaradas de soledad y silencio donde se inicia su carrera de escritor y estoy seguro que la proximidad del desierto, el diálogo con las tribus saharauis, los Erguibat, Teknas, Ouled Dlim... motivo de reflexión e inspiración. Así consta en numerosas cartas a su madre, hermanas y amigos. Escribe y apunta ya una brillante carrera literaria: "Correo del Sur", "Tierra de Hombres" y desde luego, ¿por qué no pensar que allí imagina y vislumbra, aunque redacta en 1942/43, "El Principito"?

Al estallar la Guerra Civil española viaja a Cataluña y al año siguiente, 1937, a Madrid como corresponsal de los diarios de Paris "L’Intransigeant" y "Paris-Soir". Le llevan al frente y se horroriza de la crueldad y angustias comprobadas. Léanse si no sus crónicas y cuanto recoge en "Carnets". Sus columnas y opinión no debieron gustar en el entorno franquista y en más de una ocasión, allá por 1943 ve cómo le rechazan su solicitud de visado para viajar de Argel a Lisboa vía Málaga y Sevilla. Es evidente, si releemos sus trabajos en Nueva York, que los regímenes autoritarios no eran santo de su devoción. Y de ahí sus problemas con Pétain de una parte, y con el General De Gaulle de otra.

Lo que me gustaría finalmente apuntar de Saint-Exupéry, escritor, inventor, cronista, filósofo, humanista... es que quizá no fueran las balas enemigas las que le derribaran sobre el Mediterráneo azul. Como piloto era su último vuelo y a partir del mismo debería buscar otras ocupaciones. Ni el mando norteamericano ni mucho menos el francés de De Gaulle le autorizarían otras actividades ni de combate ni en observación. En la relación con Consuelo, su mujer, había llegado al límite de tensión y distancia. Ella en Manhattan, él entre Argel, Córcega y Cerdeña. Sus grandes amigos, Mermoz, Guillaumet habían desaparecido en vuelo, uno en el Atlántico Sur, el segundo abatido por fuego "amigo" entre Italia y Malta.

En la habitación/dormitorio de su acuartelamiento último, fueron varias las cartas que había dejado escritas, y a John Philips, el periodista y fotógrafo de "Life" que le acompañó durante las semanas anteriores, le dejaron intrigado algunas respuestas desconcertantes y misteriosas respecto al futuro del escritor/piloto. Así las cosas, ¿no buscaría Saint-Exupéry un nuevo entorno, quizá en otra galaxia, en un más allá, desde dónde seguir luchando por la libertad, la ilusión y la dignidad del hombre?
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