"La rebelión del Continente" II
lunes 24 de marzo de 2008, 22:22h
En los hechos, la inesperada "solución de los abrazos" en que terminó la reunión de presidentes del Grupo de Río, dio el puntillazo: la expedición de una declaración que 1) Demostraba la viabilidad que tiene la resolución de las crisis diplomáticas sudamericanas sin la presencia de los Estados Unidos; 2) Reafirmaba la inviolabilidad territorial de los Estados; y 3) Rechazaba cualquier intento de calificar a las FARC como organización terrorista. El texto dejaría una lección clara: los países del grupo de Río, en la Cumbre no buscaron derrotar a Colombia, sino derrocar la primacía regional de los Estados Unidos.
Ante la magnitud del tsunami que se venía, que el gobierno Bush recurrió a toda su artillería diplomática. A las declaraciones de Bush convirtiendo a Colombia en un asunto de seguridad nacional y la visita de Condolezza Rice a Brasil y Chile, le siguió la designación de una delegación de más de 40 funcionarios a la Cumbre de Cancilleres de la OEA, bajo la dirección por John Negroponte y Thomas Shanonn, considerados las cartas más duras del gobierno Bush en la región, que iban con el claro propósito de reversar los resultados de la reunión presidencial del Grupo de Río.
En la definición de fuerzas, Brasil jugó un papel discreto pero efectivo y definitivo. No sólo lideró la propuesta de resolución que finalmente se aprobaría, sino que además se encargó de anticipar a Estados Unidos cual sería su posición ante la solicitud de considerar a las FARC como una organización terrorista. "La única organización terrorista que Brasil reconoce como tal es Al Qaeda y la hacemos acatando la determinación de Naciones Unidas", había dicho muy claramente el Canciller Celso Amorim.
La descripción que hace el Diario El Comercio de Ecuador, ilustra muy bien cual fue el tono en que se desenvolvió el final de la Cumbre de Cancilleres. "La simple posibilidad de que el Ecuador tome la decisión de someter a votación el texto hizo que los cancilleres del continente se preocupen. Celso Amorim, canciller de Brasil, cuya actuación fue protagónica en toda la jornada, propuso entonces que se conformara un pequeño grupo encargado de la redacción del texto final. Ahí estaban Ecuador, Colombia, República Dominicana, Paraguay, Uruguay, México e Insulza. El propio Amorim, quien había sido invitado para dar algunas opiniones, miró el documento preparado por el Ecuador en el que se recogían varias observaciones y empezó a aplaudir. Ese momento, según la canciller María Isabel Salvador, fue clave para el Ecuador. Su par colombiano, Fernando Araújo, miró a la delegación de EE.UU. que había entrado para expresar su oposición y trató de decir que aún había posiciones contrarias al texto. Pero ya era demasiado tarde".
El final de la Cumbre de Cancilleres, resultó tan sorprendente como la Cumbre de Río, pero sin el espectáculo de los abrazos y sí con la certidumbre del nuevo orden regional que comienza a emerger, en dos bloques continentales. Por una parte, el mayoritario liderado por Brasil, Argentina, México y Venezuela y, por otra, el minoritario conformado por Estados Unidos, Colombia y unos pequeños países caribeños.
El resultado de la Cumbre, para Ecuador, le debe significar un desagravio, pues sintió que hizo parte de lo que su embajador ante la OEA llamó "La rebelión del Continente". Para Colombia, fue la certificación de cuan lejos está de sus vecinos y qué tan urgente debe ser el replanteamiento de su política exterior. Y para Brasil, es el primer paso de una batalla más larga, que pasa por la intención de tener un puesto permanente en el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas, basada en la convicción de que el "equilibrio del poder mundial se jugará en América Latina y ese juego no lo puede hacer sin sus vecinos".
|
Doctor en Ciencias Políticas
PEDRO MEDELLÍN es doctor en Ciencias Políticas de la Universidad de París
|
|