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Un poquito más ingleses, por favor

Juan José Solozábal
jueves 24 de febrero de 2011, 13:29h
He leído en los periódicos que se está pensando en una modificación del régimen de las incompatibilidades parlamentarias del sector privado con el propósito de incrementar la dedicación absoluta del diputado o senador, de una parte, y de otra, supongo, cortar las oportunidades de que se utilice la influencia política en las relaciones profesionales o económicas, atajando en lo posible las ocasiones para la corrupción o el tráfico de influencias. Creo que hay de andarse con cuidado y antes de actuar preguntarse reflexivamente por el sentido del cambio, sopesar los argumentos a favor y en contra, y sólo después de ello proceder con toda prudencia a las reformas correspondientes.

Conviene advertir que más allá de relaciones obvias, como manifestaciones del mismo instituto, es muy diferente la significación de las incompatibilidades del sector público y las del sector privado. En el caso de las incompatibilidades del sector público se trata de asegurar, como en el caso de las incompatibilidades del sector privado, la independencia y dedicación del parlamentario, pero al mismo tiempo establecer las condiciones personales de la separación de poderes como criterio de organización del Estado, posibilitando, en concreto, el control parlamentario del ejecutivo. Así el parlamentario puede ser ministro o secretario de Estado, pero el diputado o senador no pueden ocupar una serie de cargos de entes u organismos, que desvirtúen o comprometan la tarea de la representación.

En el caso de las incompatibilidades del sector privado hay un primer problema: el parlamentario desempeña una función pública, pero no es un funcionario sino un representante, lo que quiere decir que no es conveniente que la preocupación por la eficacia que puede llevar a defender su exclusividad profesional- asimilándolo al funcionario de carrera- opere en desdoro de sus posibilidades representativas, lo que ocurre cuando se disminuyen las bases de la representatividad del parlamentario que dependen no sólo de la elección sino de lo que podríamos llamar afinidad o sintonía entre él y sus electores. La relación del representante con sus representados, esto es la capacidad del político de actuar en nombre de la sociedad, se reduce sin duda si se impone un régimen muy estricto de incompatibilidades, de manera que el parlamentario pierda, mientras dure el tiempo de su mandato, contacto con el medio social del que procede. En el plano teórico estamos hablando de una representación política, que es de diferente naturaleza que la representación de intereses o de las posiciones respectivas de los diversos sectores de la comunidad. Pero en el plano de la realidad un parlamento sin enganches sociales tiene mucha más dificultad para cumplir con su labor representativa. Si exageramos las incompatibilidades del sector privado cuya regulación actual adolece de equivocidad bien insatisfactoria, y que por consiguiente requiere de la correspondiente clarificación, lo que conseguiremos es la encapsulación y el aislamiento del parlamentario, incrementando así la distancia de los políticos de la sociedad, que está en la base de muchos de los problemas de nuestra democracia.

El modelo, tal vez, no es el parlamentario funcionario, dedicado por vida a su carrera, miembro de la clase social especial que son los políticos profesionales, sino quien en un momento de su vida y por un espacio de tiempo determinado obedece a una vocación por la cosa pública, dejando su ocupación particular a la que regresará tras haber aportado a la vida política una experiencia personal útil para la comunidad. Prefiero , qué quieren que les diga, la imagen del premier Harold Wilson reiniciando su labor como catedrático de historia tras cesar como primer ministro, a la de tantos ex parlamentarios atados para siempre, en virtud de un planteamiento erróneo de la carrera política, a la actividad de su Partido en el grado y sitio que se pueda, aunque sea con demérito de la independencia y dignidad políticas. Me opongo por esto a un planteamiento exagerado de las incompatibilidades, que al cortar las oportunidades de vida propia fuera del escalafón político, conduce a nuestra clase política al ensimismamiento y la inevitable insignificancia.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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