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Abrazando a dictadores

Ricardo Ruiz de la Serna
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ricardo_ruiz_delasernayahooes /22/22/28
domingo 27 de febrero de 2011, 16:02h
Mientras escribo estas líneas, el régimen de Gadafi podría vivir sus últimas horas. Habría que pronunciar una bendición dando gracias al Creador que nos dio la vida, nos sostuvo y nos permitió llegar a este momento.

Gadafi se defiende en Trípoli y confía en un contraataque si a los rebeldes se les agotan las municiones y se dividen. Parece que quiere resistir hasta entonces gracias a los apoyos que le quedan entre sus seguidores y a los contingentes de mercenarios que han llegado desde elÁfrica subsahariana. Sin embargo, la capacidad militar del régimen puede verse muy limitada si pierde las reservas de combustible necesarias para los aviones y los helicópteros, que tienen incluso mayor valor táctico para combate en ciudades. Las noticias que llegan de Libia son confusas y las apariciones del dictador por televisión sólo acrecientan el terror que inspira su familia.

También es aterradora la hipocresía de algunos, que ahora condenan los crímenes que Gadafi viene cometiendo desde hace más de cuatro décadas. ¿Se acuerdan del terrorismo de ultraizquierda en la Europa de los años 70 y 80? Pregúntense quién les suministraba las armas y el entrenamiento. ¿Quién propagó el odio a Israel, a los Estados Unidos y a todo Occidente durante cuarenta años? ¿Quién indujo el atentado de Lockerbie? ¿Quién ha torturado, encarcelado, asesinado y reprimido a su propio pueblo con Gobiernos europeos de derecha, de centro y de izquierda? Busquen las respuestas y en todas ellas estará Gadafi, este personaje atroz que fue referente para tantos.

Sí, sí. ¿No lo recuerdan? Muchos se entusiasmaron con el Libro verde y la famosa Jamahiriya Socialista, el modelo de república socialista africana islámica que, de paso, estaba armada hasta los dientes y propiciaba el terrorismo en medio mundo. Hasta en las Universidades había quien defendía este modelo de socialismo. ¡Ay! Por qué será que hay tantos intelectuales prestos a abrazarse a dictadores mientras les queden lejos. Ahora todo parece haber cambiado. Lo dijo ShimonPeres hace menos de una semana: Gadafi quería un Oriente Próximo sin Israel y ahora parece que va a haber una Libia sin Gadafi. A veces, la Historia tiene una ironía despiadada.

Mientras tanto, debemos reflexionar sobre el apoyo que Europa, Estados Unidos y, en general, el mundo libre ha prestado a estos criminales. No se puede perder la legitimidad moral. Coexistir no es apoyar y a Gadafi lo sacaron del ostracismo -en que estaba justamente sumido- precisamente las democracias. Ya ven que, de vez en cuando, también la libertad se traiciona a sí misma. Una cosa es relacionarse porque la política es muy dura; y otra cosa es limpiarse de la cara las salpicaduras de sangre opositora.

Ahora bien, no aparten la mirada del resto del mundo islámico. En Irán siguen sofocando la oposición a sangre y fuego mientras crece su influencia en los países árabes. ¿De qué se sorprenden? El vacío de poder que ha quedado en Egipto y Túnez, la debilidad de los Gobiernos en Bahrein y Yemen, la inestabilidad en todo el Magreb y la Península Arábiga son una fuente de oportunidades para la Revolución Islámica Iraní. Por lo pronto, sus barcos atraviesen con normalidad el Canal de Suez con cargamentos sospechosísimos.

Así, para la evolución de esta crisis en los países islámicos habrá que mirar con detenimiento a los Estados Unidos y a la Unión Europea, pero también –e incluso con mayor atención- a las potencias regionales: Irán, Arabia Saudí y Turquía. Por lo pronto, la Revolución Islámica de Irán sigue matando a su propia población mientras avanza su programa nuclear fuera del control internacional.

Ojalá no perdamos la claridad moral.

Ricardo Ruiz de la Serna

Analista político

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