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La lección inglesa

Juan José Solozábal
jueves 10 de marzo de 2011, 11:57h
Lo admirable de los maestros no son tanto sus enseñanzas sobre lo que saben sino su disposición a aprender lo que todavía ignoran. Recibimos de ellos ciertamente conocimientos, que ellos han adquirido y nosotros no poseemos, pero de los maestros lo más válido, lo que determina su superioridad intelectual, es su apertura a lo nuevo que contrasta con nuestro anquilosamiento y pereza mental. Todos sobre un determinado tema tendemos a dar por concluido su conocimiento, teniendo por agotada la perspectiva del análisis y aferrándonos a nuestras conclusiones: lo difícil es reabrir la cuestión o alterar el punto de vista de la consideración, mostrándonos dispuestos a aceptar consecuencias que en anteriores exámenes no habíamos contemplado o habíamos conscientemente excluido.

No hay entonces maestros viejos. El magisterio solo puede ejercerse desde cierta ingenuidad, desde la disposición juvenil antes que a la reiteración y la insistencia a la rectificación, el acomodo y la renovación. Hago esta reflexión cuando acabo de abrir un correo cuya propuesta debo de entender correctamente. Se me envía un documento que sobre la cooperación han presentado ante los parlamentos británicos los gobiernos del Reino Unido, fechado en marzo del pasado año. Se trata de un protocolo ( The Devolution Memorandum of Understanding and Supplementary Agreements) que se plantea el reforzamiento de la cooperación en el ejercicio de sus respectivas competencias de los ejecutivos británicos y en particular en lo referente a la actuación de los mismos respecto de la Unión Europea. El documento resulta de extraordinario interés para el desarrollo de nuestro Estado autonómico, que sigue empantanado en la disputa competencial y descuida los instrumentos de coordinación, en un escenario en el que como medio de salir de la crisis asegurando nuestra presencia internacional se han de reforzar los mecanismos de actuación pública uniforme. La eficiencia de nuestro Estado no depende de su centralismo, evidentemente, sino de su capacidad de sumar acordadamente las contribuciones de sus partes integrantes, comenzando naturalmente por las Comunidades Autónomas. Lo interesante de este documento es la flexibilidad que dibuja como modo efectivo de relación entre los aparatos, principalmente administrativos, del Estado compuesto que es hoy el Reino Unido, de modo que se superan rigideces y complicaciones que a veces asolan a los (viejos ) Estados federales; y sobre todo la asunción como sustrato del sistema de relaciones en el Estado descentralizado británico, del principio de confianza mutua, de buena fe o lealtad, que hace inconcebible que las partes puedan atentar contra los intereses del todo o que el conjunto pueda actuar sin respetar las posiciones de sus integrantes.

Pero, decía, si agradezco este envío es sobre todo porque, mas allá de su evidente oportunidad para llevar a cabo una reflexión sobre lo que significan los amarres federales en el Estado compuesto, lo que se sugiere es una nueva manera de mirar al Reino Unido, precisamente desde la perspectiva de la descentralización. Equivocadamente en muchos aspectos, el Reino Unido es considerado por muchos constitucionalistas como un caso, podríamos decir, déjà vu, como un modelo desgastado, casi perteneciente, si se utiliza la expresión precisamente de Engels, al museo de la historia. Pero el envío del maestro lo que sugiere es la pertinencia del sistema británico.

La descentralización acometida en el Reino Unido, la famosa devolution, presentaría, adecuadamente reconsiderada, tres rasgos sobresalientes. Podría tratarse, en primer lugar, de un caso exitoso de descentralización que se ha mostrado adecuado para afrontar las tensiones seccionalistas en un sistema político, que resultarían como consecuencia del proceso, apaciguadas antes que estimuladas. Se trata, en segundo lugar, de una descentralización llevada acabo sobre pautas bien originales. La devolution, como se sabe, ni es generalizada (fue rechaza por los ingleses) ni se acoge con la misma intensidad en todos los territorios británicos, así es meramente administrativa en Gales. En tercer lugar, la descentralización se afirma especialmente en el terreno funcional antes que en el de la disputa de soberanías, pues no se discute la plenitud del poder en último caso en el Parlamento de todos de Westminster. Al final lo que justifica la descentralización en los Estados de la globalización de nuestro tiempo es la eficacia del poder, esto es, su capacidad de ofrecer mayores oportunidades a los ciudadanos, antes que las satisfacciones de identidad. Esta es la lección inglesa de hoy.

Juan José Solozábal

Catedrático

Juan José Solozabal es catedrático de Derecho Constitucional en la Universidad Autónoma de Madrid.

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