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Mexikaner dann, verbrecher? ¿Mexicano, luego delincuente?

Juan Federico Arriola
domingo 13 de marzo de 2011, 17:00h
A la memoria de mi abuelo materno, Juan Cantero Escobar que me enseñó amar a México, y a mis padres de quienes aprendí a distinguir entre el nacionalismo y la xenofobia, porque fomentaron el contacto con culturas europeas, importantes en mi formación académica e intelectual.

La imagen de un país puede distorsionarse con mucha facilidad. ¿Cuál es la fuente principal de conocimiento que tienen los extranjeros de México por ejemplo? ¿El cine, las noticias, la literatura, los turistas que visitan México, los mexicanos que hacen turismo en otros países?

La cada vez más deteriorada relación entre México y Estados Unidos ha suscitado que mi país se vea envuelto en una campaña de mala fama internacional, propiciada en parte por la pésima actuación de algunos cuadros políticos mexicanos y en parte por la perversidad de algunas autoridades de Estados Unidos que quieren hacer creer al mundo que Estados Unidos es víctima de los carteles mexicanos del narcotráfico.

México es visto hoy mundialmente como un país violento, pero lo paradójico es que Estados Unidos, cuya economía de guerra incesante y cuyos niveles de corrupción también se han incrementado de manera alarmante con el tráfico de armas de norte a sur en medio de un escándalo con la operación estadounidense llamada “rápido y furioso” que no es más otra intervención ilegal y torpe de Estados Unidos contra México so pretexto de rastrear el destino de las armas en México. A las autoridades de Estados Unidos le salió todo mal: perdieron el rastro de millares de armas en México que a propósito infiltraron en territorio vecino y además hicieron el ridículo de ser intervencionistas sin avisar ni proponer nada a las autoridades mexicanas. ¿Cuándo nos dejará en paz Estados Unidos?

Una vez, un amigo español, me dijo que había notado que los mexicanos somos muy nacionalistas y le contesté: no tenemos otra opción. Si dejamos de ser nacionalistas, Estados Unidos nos absorbe de un golpe. No somos xenófobos, que odiemos a los extranjeros, en particular a los estadounidenses, pero si los mexicanos dejamos el nacionalismo a un lado, que contribuye a la defensa de la cultura y la identidad mexicanas, perderíamos el país en la siguiente generación.

El gobierno mexicano pide que se “hable bien de México” pero mantiene Calderón a colaboradores ineficientes con fama de corruptos, mientras que muchos mexicanos nos empecinamos en dar una imagen de responsabilidad, trabajo, cultura, apertura, hospitalidad con nuestro típico acento suave que tanto gusta a españoles y sudamericanos. Sin embargo, ni el presidente Calderón puede negar la inseguridad pública ni la creciente corrupción en cuadros policiacos y de personal de aduanas. Hoy estamos peor que en 2006, - en generación de empleos, educación y seguridad pública- cuando inició el gobierno mexicano presidido por Calderón. Tampoco ha habido una investigación a fondo en contra de algunos gobernadores y ex gobernadores, la mayoría del Partido Revolucionario Institucional, que son sospechosos de ayudar a carteles del narcotráfico.

Es tal la imagen negativa que tienen en algunos países de Europa de los mexicanos en general, que he vivido personalmente la agresión por parte de un extranjero, ciertamente ebrio pero no tan ebrio para estar medianamente informado sobre el caos que priva en varias regiones de México a causa de la criminalidad organizada desatada ya hace más de cuatro años para descalificar a todos los mexicanos. En un bar alemán en un pequeño pueblo bávaro llamado Treuchtlingen, en diciembre de 2009, un cliente germano al saber mi nacionalidad me espetó: “Sie sind Mexikaner, dann Verbrecher”, (o sea, usted es mexicano luego entonces, delincuente). Contuve el aliento –yo sólo había bebido una cerveza y mantuve la calma- y decidí no romperle la nariz, precisamente para evitar una acusación criminal en mi contra. Sólo le dije: “Usted no puede generalizar a todo un pueblo, yo a usted no lo acuso de ser nazi, no obstante que varios millones de alemanes lo fueron y todavía hay algunos estúpidos que creen en el nazismo. Lo admirable, es que hubo otros tantos millones de alemanes que lucharon contra Hitler y su régimen criminal desde dentro de las fronteras alemanas: el pastor luterano Niemöller, el sacerdote católico Lichtenberg, ambos residentes en Berlín bajo el dominio nazi, los hermanos Scholl de la Universidad de Munich, y tantos otros incluso dentro de las filas del ejército alemán, como el barón Klaus von Stauffenberg.” Aquel ebrio alemán no sabía de la existencia de aquellos grandes alemanes, y probablemente tampoco sabía quiénes fueron Heine, Schiller, Goethe, Bach, Beethoven, Brahms y un gran político alemán del periodo de entreguerras, Stresseman quien murió prematuramente. Creo recordar que eruptó y se marchó sin dejar de expresar que todos decimos lo mismo, que somos inocentes.

México, conocido por su hospitalidad y buen trato con los extranjeros, con su acento suave y delicado, con su enorme cultura heredada de la vertiente prehispánica, de la española con su respectiva carga idiomática árabe, más la influencia latina, griega y judía (el cristianismo no se entiende sin el judaísmo), es visto como un país peligroso. Los mexicanos tenemos hoy desafortunadamente una imagen negativa. Revertir esa imagen es una tarea compleja. Sin duda, con la clase antipolítica mexicana será imposible. Tendremos que recurrir a los campesinos, a los poetas, a los cineastas, a los escritores, a los científicos, a los deportistas, a las mujeres y hombres emprendedores.
Con los gobernantes y legisladores mexicanos, no se puede avanzar. No tienen remedio, su mediocridad política, moral e intelectual nos ha hundido más. No sólo la mitad de la población es pobre, hay mucho miedo en algunas ciudades, en particular el norte: los criminales no ceden: corrompen a autoridades mexicanas para continuar con su ilícito negocio y corrompen a autoridades de Estados Unidos (los últimos fueron de Columbus) para el tráfico de armas.

Conclusión: Ni todos los mexicanos somos delincuentes ni todos los alemanes fueron nazis, ni todos los estadounidenses son del Ku Klux Klan, ni todos los soviéticos fueron stalinistas, etcétera.

Juan Federico Arriola

Profesor de Derecho

Profesor de Derechos Humanos en la Universidad Iberoamericana, Ciudad de México.

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