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Una nueva explosión en el reactor dos provoca una fuga radiactiva

Se abren dos escenarios nucleares tras las explosiones en Fukushima

martes 15 de marzo de 2011, 00:51h
La central nuclear de Fukushima-1 permanece fuera de control. Una nueva explosión en el reactor número dos ha podido provocar una fuga radiactiva tras conocerse daños en la vasija de contención. Mientras que las autoridades japonesas piden ayuda a la ONU y EE UU, el director general del Organismo Internacional de la Energía Atómica (OIEA), no descarta por completo la posibilidad de que los incidentes en la central acaben desembocando en un nuevo Chernobil. Por José Pazó Espinosa.
De los tres frentes abiertos en Japón tras el terremoto y el tsunami --la devastación humana de vidas y familias, la crisis nuclear y las inminentes consecuencias económicas-- el más acuciante es el segundo, ya que su empeoramiento puede agravar los otros dos. La central de Fukushima 1, Dai-ichi, permanece con tres reactores fuera de control. Continúan los esfuerzos por bombear agua marina, aunque no se conocen los resultados. La agencia Francesa Nuclear ha expresado sus dudas ante lo que creen un desatre mayor del que las autoridades japonesas están declarando. Han aconsejado que se recalifique el incidente de 4 a 5 en la escala emergencia nuclear, lo que todavía lo mantiene lejos del 7 de Chenonbyl.

El escenario que se abre tiene dos posibilidades: la primera, que se logre controlar la temperatura de los reactores con el bombeo de agua de mar, lo que permitiría, en un plazo quizá de semanas o meses, llegar a enfriarlos y detener el proceso de fusión. Esto permitiría el acceso a las vasijas y los contenedores de hormigón para evaluar los daños con detalle. El proceso sería largo e implica que los equipos trabajen bajo el riesgo de la contaminación radioactiva ya existente. La segunda es que los esfuerzos por refrigerarlo no tengan éxito, lo que podría hacer que las barras de los núcleos de los reactores entraran en un proceso de fusión sin control. Esto abre, a su vez, dos posibles escenarios: el primero es la fusión simple de los núcleos; en este caso, la solución es crear un sarcófago de cemento que cubra los reactores. El segundo y seguramente el peor de todos, es que la fusión incontrolada desembocara en una explosión que afectara a los núcleos, con la creación de una nube altamente radioactiva.




En cualquiera de los casos, las consecuencias son muy graves. En primer lugar, el perímetro de seguridad tendría que ampliarse, acercándose peligrósamente a Tokio, una de las mayores concentraciones urbanas del planeta. Por otro lado, los operarios que trabajen en la zona necesitan equipos especiales, rígidos protocolos de prevención de radioactividad, todo ello bajo la amenaza de una explosión imprevista. Además, las zonas costeras constituyen en Japón, debido a la orografía montañosa en el centro de la isla, un pasillo de comunicaciones, por lo que su interrupción plantea grandes problemas de comunicación en el eje Norte-Sur del país. Esta situación, mantenida durante largo plazo, haría más difíciles las labores de limpieza y rescate de la zona.

El director de la Agencia Internacional de la Energía Atómica de la ONU, Yuyika Amano ha declarado en Viena que Japón ha pedido oficialmente ayuda a expertos de la agencia para intentar encontrar la mejor solución posible. Amano ha desechado que el incidente sea similar al de Chernobyl.

En otro orden de cosas, 17 soldados norteamericanos que efectuaron labores de rescate el domingo en helicópteros han resultado contaminados por radioactividad y han sido repatriados a los EE.UU. para ser tratados. En consecuencia, el portaaviones Ronald Reagan que se encontraba ya en la zona se ha alejado a una distancia de 250 kilómetros de la costa.
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