Llega un fin de semana cansado después de tanto estrés informativo. No por los más de 20.000 muertos que se han producido en Japón, de los que apenas se ha hablado, sino por los hipotéticos muertos y enfermos por el desborde de la radiactividad desde la central Fukushima I. Donde la situación, por cierto, se está controlando.
Ahora el foco de atención está en otra parte del mundo, en Libia, donde hemos pasado de la guerra civil, donde la oposición estaba a punto de perecer por el aplastamiento del Ejército de Gadafi, a la actuación de los aliados. En esta guerra se ventila el destino de un régimen terrorista y dictatorial que, hasta el momento (con la única excepción de Reagan), no ha merecido la respuesta contundente de estas horas. También se ventila el destino de su petróleo, y ello no ha dejado de hacerse notar. Con todo, las interrupciones de suministro desde Libia pueden ser subsanadas con relativa facilidad para sus clientes, de modo que aunque esta crisis está afectando al precio del barril (y de hecho ha subido a pesar de la crisis japonesa). En las horas en que se escribe esta crónica, el petróleo corregía su precio ligeramente a la baja, en coincidencia con la proclamación por Estados Unidos de que se ha logrado la zona de exclusión aérea en el país.
Decíamos en otra crónica que
nadie cree al Banco de España. No mencionábamos el caso de Moody’s, que se suma a la larga lista de quienes se frotan los ojos al ver que el órgano regulador ve un agujero en nuestra banca de sólo 15.000 millones de euros. La agencia lo cifra en 50.000, del orden de la cifra dada por Bruegel. El País le dedica un
largo e interesante artículo a minar la credibilidad de esta agencia, que no sólo mantiene una discreta nota de la deuda española (la misma que S&P), sino que es la única de las tres grandes que mantiene la perspectiva negativa. Entre los argumentos recogidos por el diario de Prisa se encuentra un juicio histórico muy duro, pero muy ajustado: Moody’s, como S&P y Fitch, no valoraron bien los riesgos en que había incurrido la banca. No previeron la crisis. Esta crítica no es exclusiva de este diario, y por eso la resaltamos. Por eso, y porque parece contraria a la lógica. Si las tres agencias fallaron fue porque minusvaloraron los riesgos. Si se quiere acudir a la experiencia histórica para juzgarlas, entonces se está reforzando su crítica a los cálculos del Banco de España, no lo que pretende este artículo.
La semana que viene estará marcada, sí, por Japón (menos) y por Libia (más). Pero hay otras citas informativas de interés. De las importantes, la más cercana es que George Osborne enviará al Parlamento británico su segundo Presupuesto. Será interesante ver cómo va a mantener su necesaria política de reformas.
Pero por lo que a nosotros nos afecta, toda la semana que viene y de hecho todas hasta las elecciones del 22 de mayo, estará marcada por la reunión del Consejo de Europa. En juego está la aprobación del fondo de rescate, del que colgarán varias exigencias. La principal, ligar los salarios a la productividad. ¿Cómo se hace esto? Por medio de la reforma de la negociación colectiva de la que nos ha hablado en El Imparcial
José Luis Feito, presidente del Instituto de Estudios Económicos. Zapatero ya
se ha comprometido por cartaante Van Rompuy a que hará las reformas necesarias para lograr la exigencia de Europa, sinécdoque de Angela Merkel. Las consecuencias políticas de este camino estaban descontadas cuando se anunció que no habría mitin en Vista Alegre. De hecho es difícil no ver en esta reunión el principal motivo por el que los socialistas renunciaron al baño de masas.