No se ponen de acuerdo ni en el nombre
Alejandra Ruiz-Hermosilla
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ruizhermosillaelimparciales/14/14/26
martes 22 de marzo de 2011, 14:51h
Si en el asunto de la intervención militar en Libia, la llamada coalición internacional no se pone de acuerdo ni el nombre la operación ¿cómo esperamos que lo hagan en el mando de la misma, en los objetivos o en la duración?
En Reino Unido, un ordenador ha elegido el nombre de “Ellamy” de forma aleatoria. Francia ha escogido “Harmattan”, un viento sahariano. Los estadounidenses han optado por “Odyssey dawn”. La “Operación Móvil” con que los canadienses bautizaron la evacuación de sus nacionales en Libia sirve también al Estado Mayor de Canadá para referirse a la intervención armada. Nosotros hemos decidido traducir el nombre americano y unos han optado por “Odisea al alba” y otros por “Odisea al amanecer” o “Amanecer de la Odisea”.
Este galimatías se traslada al escenario del conflicto y al centro de mando, pero tiene su origen en un desencuentro mayor y anterior en el seno de la comunidad internacional. Ni la ONU ni la OTAN ni la UE logran unanimidad en ninguna de sus iniciativas, decisiones, votaciones y actuaciones.
El guirigay empezó el pasado jueves cuando el Consejo de Seguridad de la ONU aprobaba una resolución que permite el uso de la fuerza para imponer una zona de exclusión aérea sobre Libia y para proveer asistencia y protección a la población civil de ese país. La resolución fue respaldada por 10 votos a favor y cinco abstenciones, las de dos países con derecho de veto, Rusia y China, más las de Alemania, India y Brasil. La desunión se trasladó a la UE que vio cómo Francia enarbolaba la bandera del liderazgo militar, a la que se sumaron, con entusiasmo, Reino Unido y, con timidez, Italia y España, y de la que se descolgó, sonoramente, Alemania, pero también Polonia. Faltaba la OTAN, que no defraudó. EEUU está deseando transferir el mando de la operación militar, pero no dice a quién; Turquía pretende que el plan de operaciones sea revisado para evitar bajas civiles; Reino Unido quiere que la Alianza asuma cuanto antes el liderazg; Francia y España ofrecen un papel subsidiario para la Alianza; Italia reclama a la OTAN que coordine ya las operaciones militares si desea que Roma siga ofreciendo su base; Noruega ha dejado a sus aviones en stand by hasta que haya nuevas órdenes y un sistema de mando; e Irlanda ha decidido no participar.
¿Está dando la comunidad internacional un espectáculo o no? Pues indudablemente sí, pero lo peor es que esta sinfonía desafinada es fruto, por un lado, de la incapacidad de quienes nos gobiernan y, por otro, de su falta de voluntad por implicarse verdaderamente en el conflicto. Nótese que el presidente Obama, comandante en jefe del Ejército de los EEUU, ha estado en Brasil durante la gestación de la operación en Libia y está en Chile durante su ejecución. Da la sensación de que estamos un poco en guerra, pero sólo un poco. Vamos a bombardear desde el mar y el cielo, pero ni un soldado en tierra; vamos a evitar que Gadafi extermine a su pueblo, pero no vamos a acabar con el "hermano líder"; queremos exportar democracia, pero dejaremos que los libios decidan su futuro. Todo un ejemplo de incoherencia consecuencia de la hipocresía que caracteriza la política exterior y las relaciones internacionales, unos lobos sólo empujados por sus propios intereses bajo la piel del cordero protector de los derechos humanos.
Con lo fácil que sería llamar a todo este guirigay la guerra de Libia, tomar partido y combatir hasta ganar. Claro que para eso hay que tener principios, determinación, coraje, valentía y ni un solo complejo, y esto ya no es tan fácil cuando de políticos se trata.
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Periodista
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