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Crónica económica

España no es Portugal

jueves 24 de marzo de 2011, 20:35h
Esta vez, la convicción de que Portugal tendrá que ser rescatada no ha provocado el pánico del siguiente país en el dominó europeo, que es España.
Se ha producido la previsible secuela de la decisión de Moody’s de la rebaja de la calificación de la deuda española en las entidades crediticias. Habitualmente, a la revisión de la deuda soberana le siguen las deudas de las comunidades y, a éstas, las entidades financieras. La rebaja ha alcanzado a 30 bancos y cajas españolas, de las que se libran las tres primeras: Santander, BBVA y la Caixa. Los argumentos de Moody’s son, sobre todo, dos.

El primero es que Moody’s también considera las presiones sobre la deuda soberana que, aunque habían caído en los últimos días, siguen manteniéndose en el futuro. Tres entidades tienen la calificación de “bonos basura”: Banco Pastor, Banco Valencia y CatalunyaCaixa. Y están a las puertas nueve entidades más, de las cuales alguna ha sido noticia recientemente por los procesos de fusión. Es el caso de BBK, que llegó a un acuerdo ayer con las otras dos cajas vascas (Kutxa y Vital). También de Caja España-Duero, recientemente unida a Unicaja. Caja Madrid pierde tres escalones de un golpe y se queda con un aprobado alto: Baa1.

El segundo es la propia situación de las cajas de ahorro. La agencia es de las que no se cree al Banco de España y calcula las necesidades de capital adicional de las cajas en 50.000 millones de euros. Inicialmente había calculado que eran “sólo” 17.000 millones. Ahora que Portugal está a un paso de ser rescatada antes de caer, literalmente, en el descrédito, con más razón. Los bancos españoles poseen 6.500 millones de deuda portuguesa, pero la exposición española es mucho mayor, teniendo en cuenta las deudas de bancos y empresas. Los datos del Bank of International Settlements (BIS) dicen que la exposición de España a Portugal es de 108.600 millones de dólares, 76.900 millones de euros. O, lo que es lo mismo, un tercio (el 33,7 por ciento), de la exposición de la banca mundial.

Así las cosas, comienza por fin el Consejo Europeo. Los socios del euro ya han mostrado su disposición a ayudar a Portugal, aunque advierten de que no se le ayudará sin grandes recortes, probablemente mayores que los que acaban de rechazar. Sólo falta que el Gobierno luso lo pida. Según Bloomberg, Portugal ya ha adelantado que necesitará 99.000 millones de dólares, aunque algunas fuentes apuntan a 110.000 millones, que serían unos 75.000 millones de euros. Aquí se enfrenta a una disyuntiva. ¿Lo puede pedir un gobierno dimisionario y que va a convocar elecciones en breve? No parece que tenga la fuerza suficiente como para negociar unas condiciones de tal rescate. El Ejecutivo que le siga puede sentirse libre de volver a replantearse un hipotético acuerdo. Por otro lado, ¿puede dejar correr el tiempo sin pedirlo? Las respuestas no son obvias, pero parece que el país tendrá que esperar al nuevo gobierno. Fitch ha degradado la calificación de la deuda de Portugal a A-, y tiene perspectiva negativa.

Además, la caída de Portugal le ha pillado a la Unión Europea con el pie cambiado. Está debatiendo la reforma de los planes de rescate para permitir, simplemente, la compra masiva de deuda pública de los países en apuros. Ese posible acuerdo está bloqueado por Finlandia, en plena campaña electoral. De modo que habría que esperar a la siguiente reunión del Consejo Europeo. Más, viendo que Portugal tendrá que esperar al verano, con el nuevo gobierno, para solicitar el rescate, aún tiene margen.

¿Es España la próxima ficha del dominó europeo? Ya recogimos que Standard & Poor’s daba diez razones para que los cerdos se quedasen en singular: que se cayese la “S” de España de los famosos PIGS. No somos ni Portugal, ni Irlanda, ni Grecia. De hecho, a pesar de todo lo antedicho, la prima de riesgo (lo que pagamos de más en los bonos a 10 años sobre los alemanes) se mantiene por debajo de los 200 puntos básicos. El mercado no ve a España como a Portugal.

Seguimos haciendo inventario de daños y prospección de resultados en Japón. Morgan Stanley aporta dos análisis. Uno en el que señala que es aún demasiado pronto para hacernos una idea de las consecuencias, y otro en el que cree que probablemente el país vuelva a la recesión. Le da importancia a la ruptura de las cadenas de producción, que ya da lugar a interrupciones.

Recogíamos el lunes un artículo de Lex, editorialista del Financial Times, señalando que es imposible renunciar a la energía nuclear. Otro artículo, este de la revista Forbes, va en el mismo sentido, pero se centra en el caso de Japón. Si el cierre de Fukushima lleva a racionar la electricidad, a interrupciones en la producción de plantas de Toyota, Nissan y Honda, ¿qué alternativa viable se puede ofrecer a las 54 centrales del país? Más cuando no tiene recursos naturales que pueda convertir en energía. Es lógico que se busquen nuevas fuentes energéticas. Como la empresa Tata y el MIT trabajan en sacar energía del agua, en un proceso similar al de la fotosíntesis.

Y en un plano más general, recientemente, el experto en globalización y desarrollo William Easterly, ha destacado un artículo de la London School of Economics que señala que la economía se estaba desplazando del oeste hacia el este, lo que se puede ver en un mapa que recoge ese cambio. Es una flecha que se clava en China.
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