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CAROD-ROVIRA, EL FINAL DE UN CICLO

miércoles 26 de marzo de 2008, 21:09h
Tras los malos resultados electorales cosechados por Esquerra Republicana de Cataluña, Josep Lluís Carod-Rovira ha anunciado que no se presentará a la reelección en su partido. El caso de Carod no es sólo el de un político que, por mor de un varapalo electoral, decide dejar paso a otros, asumiendo como suyo el fracaso en cuestión. Sí es cierto que ha tenido parte de culpa en la debacle electoral de Esquerra. No en vano, han pasado de 8 diputados a 3, y han perdido su condición de grupo parlamentario propio. Pero es un hecho que, tras Carod, hay un proyecto no personalista, con muchas caras, y una sola idea: segregar Cataluña de España. No estamos, por tanto, ante el fracaso de una persona, sino ante el de un grupo -bastante mal avenido, por otra parte- en torno a una idea determinada.

Sería inexacto decir que el independentismo catalán como tal haya salido derrotado en las urnas. Sigue vivo, eso sí. Ocurre que, aunque no quieran reconocerlo abiertamente, sus postulados van ahora camuflados vía “estatut”, y eso pasa más desapercibido. De cualquier forma, las circunstancias son otras, visto lo acontecido el 9 de marzo. Esquerra no ha sobrevivido al “abrazo del oso” de Zapatero, en cuyo debe ha de apuntarse el haber fagocitado a gran parte del electorado radical nacionalista y de izquierda. Cabría inferir que esa fuga de votos ha podido basarse en razones eminentemente prácticas. Entre otras, que Zapatero es más receptivo a sus peregrinas ideas, y que hasta tal punto su sintonía con ellos es elevada, que incluso han llegado a suscribirse acuerdos puntuales de Gobierno, tanto a nivel autonómico como nacional. PSOE y Esquerra fueron socios en la primera etapa de la legislatura del PSOE, y recordemos que, a nivel autonómico, sigue mandando el “tripartito” (PSC; Esquerra e Izquierda Unida) en Cataluña.

Lo que no admite réplica son los 25 diputados que ha obtenido el PSOE en la comunidad catalana, igualando su mejor marca de 1982. Con semejante respaldo, el discurso socialista en aquellos pagos gana enteros, y pierden fuerza los demás. Bien que el PP no se ha descalabrado, y que CIU ha logrado mantenerse, pero es obvio que en Cataluña ha habido un derrotado sin paliativos, Esquerra. Por eso se va Carod. Aún así, deja una puerta abierta a su posible inclusión el las listas autonómicas, pero a día de hoy, tal posibilidad se antoja más un brindis al sol que una propuesta en firme. Carod ha acabado un ciclo. Seguirá presente, pero su futuro es incierto. Ojalá en esta nueva etapa queden desterradas conductas radicales, salidas de tono, y sobre todo, una confrontación permanente que a nadie ha beneficiado.

HUELGA AGRARIA EN ARGENTINA


Cristina Fernández Kirchner se enfrenta a la crisis más grave desde su llegada a la presidencia argentina. Esta semana miles de bonaerenses salían a las calles, cacerola en mano, para protestar contra la postura de Fernández frente a la huelga de los productores agrarios, que ya ha provocado desabastecimiento en los mercados de Buenos Aires. De esta forma, miles de pequeños y medianos propietarios agrícolas protestaban indignados por las palabras de la presidenta, que el martes tachó a los opositores a su plan de aumentar los impuestos de la exportación de granos de “piquetes de la abundancia”.

Con esta crisis culminan dos años de difíciles relaciones entre los productores agrarios y el Gobierno central. El motivo está en las políticas de tinte populista llevadas a cabo por Ernesto Kirchner y continuadas ahora por su mujer, Cristina, para aprovechar al máximo las ganancias de uno de los sectores más importantes de la economía argentina. Las retenciones son impuestos que pasan directamente a manos del Estado y, hasta el momento, el matrimonio Kirchner se las ha arreglado para que el 100% del dinero derivado de las mismas no pase a ningún Gobierno local. De esta forma, el Ejecutivo central puede hacer uso de él para subsidiar a sus provincias afines y mantener así el poder político.

Este afán intervencionista no es, en ningún caso, nuevo. Ya hace dos años que el Gobierno peronista decidió paralizar la exportación de carne, hasta el momento uno de los pilares de Argentina. El objeto de esta medida era controlar los precios de la misma de cara al interior del país, evitando de esta forma que el desequilibrio entre los bajos sueldos de los argentinos y la subida natural de los alimentos se hiciera palpable. Esta inciativa afectó negativamente a los pequeños y medianos ganaderos, muchos de los cuales se vieron obligados a cambiar el negocio de la carne por el de la soja. Y son precisamente ellos y no los oligarcas de los que habla Fernández de Kirchner, quienes más perjudicados se van a ver con la nueva retención. Y es que, paradójicamente, la medida repercute mucho más en los pequeños propietarios que en los grandes.

Las protestas que están recorriendo el país son una respuesta espontánea y lógica de un pueblo cansado y harto de una forma de hacer política populista e irresponsable. Nada tienen que ver con movilizaciones orquestadas por las oligarquías económicas contrarias a Fernández Kirchner, como se ha tratado de hacer ver desde el Gobierno. Las palabras de la presidenta tildando de “paso de comedia” a las protestas no han hecho sino enardecer a los pequeños empresarios que temen que su negocio se vuelva a ir al garete. Además, es preciso mencionar la preocupante aparición de grupos de choque progubernamentales, conocidos como “piqueteros”, que han tratado de disolver las protestas pacíficas que se dieron en Buenos Aires de forma extremadamente violenta, actuando impunemente sin que la policía interviniera. Las formas y el fondo del Gobierno de Fernández Kirchner se alejan del camino del Ejecutivo serio y responsable que se debería esperar para un país como Argentina.

ADIÓS A RAFAEL AZCONA


Verse en la tesitura de escribir a propósito de la figura de Rafael Azcona con motivo de su fallecimiento, resulta difícil ¿Qué decir, que no hayan dicho tantos ya? Prolongar en exceso este editorial no serviría sino para llenarlo de obviedades y burdos intentos por plasmar en palabras una carrera que escapa de aquel que lo pretenda. Se podría decir, por ejemplo, que fue el más brillante guionista que ha visto nacer este país, que hizo grande al siempre denostado cine español, que algunas de sus obras se cuentan entre lo mejor del séptimo arte en castellano, que sabía captar como nadie la esencia de las personas. Podría, pero resultaría tautológico. Podría decirse, también, que fue amigo de sus amigos, que irradiaba felicidad, que era divertido e imaginativo. Podría decirse, pero no estaría diciendo nada nuevo.

Rafael Azcona poseía un ojo mágico que le permitía escrutar la sociedad española más allá de los trampantojos y las poses, para luego reproducirla en la gran pantalla. Sus películas son realistas, tanto que a veces su tornan esperpénticas, pero, sobre todo, sus películas huelen a España. Él, que había renunciado al cielo, quiso siempre mantener los pies en la tierra, tratar de plasmar la vida cotidiana de las personas ofreciéndonos un retrato artístico de la sociedad española en cada momento. Decía que cumplir 80 años no era ningún mérito porque, hoy día, los cumple cualquiera. No contaba con que el cáncer habría de ser su verdugo, y se ha ido a los 81. Ateo como era, no esperaba nada después de la muerte, pero, si se equivocó, seguro que Dios le ha puesto un pisito en el cielo.


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