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lucha antiterrorista

Jaime Mayor Oreja: "Los proyectos de Zapatero y de Eta tienen puntos de encuentro"

lunes 28 de marzo de 2011, 18:12h
Permítanme que comience mi intervención saludando con un especial afecto a las víctimas del terrorismo que nos acompañan en este acto de hoy. A todos ustedes, que han padecido en carne propia, en sus vidas y en sus familias, la cruel barbarie del terrorismo, deseo públicamente expresarles mi más profundo cariño y respeto, un cariño y un respeto que estoy seguro que compartimos todos cuantos nos hemos reunido hoy aquí.

Quiero, igualmente, agradecer sus amables palabras de presentación a mi querido amigo y compañero, al Presidente de la Comunidad de Murcia Ramón Luis Valcárcel. Ustedes, los murcianos, son afortunados por muchas razones. Por vivir en una tierra tan bonita, por disfrutar de un clima tan agradable, porque conforman una sociedad acogedora con todos cuantos les visitan. Y también porque el Gobierno de su Comunidad está presidido por un hombre de valores que además ha demostrado ser singularmente eficaz, tan amante de su tierra y de sus gentes y tan querido como es Ramón Luis Valcárcel, un auténtico ejemplo de lo que debe ser el ejercicio de la política y del Gobierno al servicio de los ciudadanos. Por si le faltaba alguna cualidad va a ser de modo inmediato el Presidente del Comité de Regiones de la Unión Europea. Muchas gracias, Presidente, por tus palabras y por haber podido estar hoy aquí con nosotros.

Y, por supuesto, muchas gracias a Cayetano González, al Observatorio de Víctimas del Terrorismo y al CEU por su incansable labor en defensa del recuerdo, la dignidad y los derechos de todas las víctimas del terrorismo.

Mi deseo con esta intervención es compartir con ustedes cuál es mi diagnóstico de la actual situación del terrorismo de ETA en España. A mi juicio, es fundamental entender la situación que estamos viviendo, con esa apariencia de que ETA habría abandonado sus tradicionales objetivos, de que existe una quiebra entre ETA y la llamada izquierda abertzale y de que el Gobierno no forma parte de un proceso complejo, retorcido y tortuoso como el que estamos viviendo. Todo ello, como digo, apariencias.

Y, frente a esas apariencias, es más necesario que nunca hacer un diagnóstico con perspectiva de lo que no son apariencias sino realidad. De lo que significa y sigue significando el proyecto de ETA, de su complementariedad con el propio proyecto político de Rodríguez Zapatero y de cómo, adoptando una perspectiva temporal más amplia que la mera realidad de presente, lo que está ocurriendo a fecha de hoy no supone ningún cambio de proyecto sino, simplemente, un mero cambio de estrategia.

Y eso es lo que pretendo analizar y desarrollar en esta intervención. Lo que es preciso poner de manifiesto es esa diferencia entre las apariencias y la realidad de fondo. Y muy especialmente en fechas como éstas, unos días después de que el Tribunal Supremo haya impedido la inscripción de la última estratagema de ETA y su entorno, el partido SORTU. Un señuelo, un anzuelo, cuyo rechazo por el Supremo no cambia el objetivo del entorno etarra, que es estar en las próximas elecciones de Mayo. Una apariencia de dureza frente a ETA y su entorno que, en el fondo, no altera la realidad de fondo: la necesidad de que ETA vuelva a las instituciones. Una vez más, no nos dejemos engañar por las apariencias: el rechazo a SORTU no altera ni ese objetivo ni esa estrategia, tal y como desarrollaré posteriormente.

Por tanto, como punto de partida, a la hora de realizar un diagnóstico de lo que estamos viviendo ahora mismo en la relación entre ETA y el Gobierno, es ineludible comenzar por hacer un esfuerzo para comprender lo que ha supuesto, desde su llegada al Gobierno y a lo largo de estos años, la esencia, la naturaleza y los objetivos del proyecto político de Rodríguez Zapatero, así como del significado profundo del proyecto de ETA; los dos actores protagonistas en el actual escenario político.

Un proyecto político, el de Rodríguez Zapatero que se ha ejecutado implacablemente y que no responde, como a veces consideran equivocadamente algunos analistas, ni a la improvisación, ni a los bandazos exigidos por los problemas del corto plazo.

Un hecho, una realidad incontestable, es a lo que ha conducido sus políticas: a unos resultados que, en líneas generales, responde a lo que cualquiera entendemos como una "chapuza" nacional.

Pero, no nos equivoquemos, más allá de los resultados, el proyecto político de Rodríguez Zapatero, es una realidad y responde a una inflexible toma de posición ideológica por su parte y a un planteamiento común a toda la izquierda europea, basado en un profundo relativismo político y moral.

Desde el mismo momento de su llegada al Gobierno, Zapatero dejó bien claro que no creía en España, que para él la Nación era un ‘concepto discutido y discutible’. Y, del mismo modo, dejó igualmente bien claro que a su proyecto político no le valía el modelo político y social al que había dado cuerpo la Constitución de 1978 y que había ido conformándose a partir de la Transición y durante los Gobiernos que le habían precedido.

Por ello, Rodríguez Zapatero convirtió en objetivo de su Presidencia el llevar a cabo una Segunda Transición que buscaba no ya dar un nuevo impulso a los principios que inspiraron la Transición del 78 sino, precisamente, la renuncia a dichos principios para diseñar un nuevo modelo político, social, institucional y territorial para España, en lo que es un auténtico ejercicio de ‘ingeniería social’.

Y, como parte de ese objetivo, desde un primer momento, Zapatero aplicó una peligrosa fórmula política: la permanente concesión a las insaciables demandas nacionalistas. En primer lugar, porque a través de esas constantes concesiones, de convertir su política en un continuo mercadeo con los nacionalistas, consideraba que estaba avanzando hacia ese modelo territorial en el que cada vez pierde más peso ese concepto que le incomoda, el concepto de Nación. Y, en segundo lugar, porque con esa política buscaba, simplemente, asegurarse su propio poder, su propia permanencia.

En la cuestión del terrorismo, no cabe duda que la llegada de Rodríguez Zapatero al Gobierno supuso un cambio radical en la lucha antiterrorista. Un cambio de escenario que condujo a la apertura de un proceso de negociación entre la banda terrorista y el Gobierno con unos márgenes de negociación que aún hoy no nos han sido explicados a los españoles. Y ese cambio nos introdujo en la dinámica de un proceso de resolución de conflictos, que comienza en la primera legislatura de Zapatero, que vive ahora su segunda fase y en el que se están respetando escrupulosamente las reglas, el manual de este tipo de procesos.

El proyecto de resolución de conflictos, el mal llamado proceso de paz, en definitiva, la negociación con ETA, forma parte esencial del proyecto de Rodríguez Zapatero, en la búsqueda de una España irreconocible. No es una política más, es la culminación de su proyecto político.

No lo digo yo, ya lo dijo públicamente en cierta ocasión el propio Rodríguez Zapatero, cuando señaló que de todas sus políticas, la más relevante, la mejor de todas ellas, habría sido iniciar el proceso de paz.

Pero, además, ese proceso de resolución de conflictos se adapta también al proyecto de ETA. Por ello, los proyectos de Rodríguez Zapatero y de ETA tienen puntos de encuentro.

Porque no nos engañemos: ETA también tiene su propio proyecto. Y también trata de ejecutarlo implacablemente. Y el proyecto de ETA pasa inexorablemente por un objetivo fundamental, como es fracturar España. ETA no solo es una organización terrorista, sino que es un proyecto de ruptura. Y no solo es una organización centrada en el País Vasco, sino que necesita el debilitamiento y la fractura del conjunto de España.

Y es necesario entender que, en lo que a ETA respecta, el proceso que ahora vivimos no es nuevo, no comienza ahora, supone una continuación de la estrategia que sigue desde hace años basada en una constante sucesión de treguas, en cada una de las cuales busca un avance más de su proyecto, un nuevo objetivo parcial que le acerque más a su objetivo final, como es la fractura de España.

A raíz del asesinato de Miguel Ángel Blanco, en Julio 1997, la historia, la práctica política de ETA ya pasa a consistir en una sucesión de treguas... Y tengamos bien claro que el proyecto de ETA ha avanzado con cada una de las treguas que sucesivamente ha generado. Treguas que nunca han sido inocuas. ETA siempre ha ganado con todas sus treguas, siempre le han sido rentables para su estrategia y objetivos. En definitiva, la historia de ETA en esta última década es esencialmente una sucesión prácticamente ininterrumpidas de treguas.

El proyecto de ETA avanzó en su momento en el año 98, con el acuerdo PNV-EA-ETA, escenificado parcialmente en el Pacto de Estella.

Su objetivo fue excluir de la vida política del País Vasco a los partidos no nacionalistas. Su resultado más aparente fue aquel Plan de Ibarreche, que llegó a donde llegó.

Pero su resultado más eficaz, fue llevar la autodeterminación, al proyecto y al programa de gobierno del PNV.

Años más tarde, ETA dio un salto inédito hasta aquella fecha a Cataluña, por primera vez en su historia.

El País Vasco, la fuerza del conjunto de las opciones nacionalistas vascas, era insuficiente para el objetivo de la ruptura de España.

Volvió a negociar otra tregua, esta vez limitada a Cataluña y de esta forma, con ERC de aliado, llegó el acuerdo de Perpignan, que a su vez, a través del Pacto de Timell, buscaba la exclusión de la vida política, en este caso, del Partido Popular.

Otra tregua que no ha sido inocua, porque en Cataluña la asunción en sus programas de la autodeterminación, llegó a todas las formaciones políticas nacionalistas, que radicalizaron sus posiciones en este terreno y que han dado lugar a que el debate del derecho de la autodeterminación, de la independencia, se haya instalado de manera definitiva en la política catalana y que se haya multiplicado mediante la celebración de numerosos referéndums ilegales en muchos ayuntamientos catalanes.

A partir de ese momento, se impulsó el nuevo Estatuto de Cataluña, proceso que ha presidido en buena medida y seguirá marcando en el futuro la política de Cataluña.

Y en ese viaje de ida y vuelta, el proyecto de ETA escenificado en Estella y reiterado en Perpignan, regresaría otra vez al País Vasco.

En ese viaje, ETA no ha cambiado de proyecto, ha avanzado en su ejecución e incluso ha favorecido que en su día el PNV perdiera el Gobierno vasco, porque simplemente, ya no le necesitaba gobernando el País, ya no necesitaban a su competidor más importante por el poder en el País Vasco para sus planes, que podía llevar a cabo directamente mediante un proceso de negociación directa con el Gobierno de España.

De este modo, tras Estella y Perpiñán, llegó la tercera tregua, aquella que negoció el Gobierno de España y ETA, con la llegada de Rodríguez Zapatero a la Presidencia del Gobierno, y que se extiende en cuanto a su objetivo estratégico a la situación actual.

He hablado del proyecto de Rodríguez Zapatero, del proyecto de ETA y es evidente que un proyecto de negociación, un proyecto de resolución de conflictos, es la necesaria y lógica consecuencia de la confluencia de ambos.

Esta negociación, aquélla que durante la primera legislatura de Zapatero se denominaba proceso de paz, se interrumpió porque ETA quiso, porque ETA no alcanzaba sus objetivos.

Pero estos procesos entre un gobierno y una organización terrorista, cuando se inician, se blindan automáticamente. Se blindan frente a las detenciones de terroristas y se blindan frente a las acciones criminales que éstos puedan cometer. Así y en este sentido, cuando finaliza la primera parte, con el atentado de la T4 del aeropuerto de Barajas, lo que le sigue es, simplemente, el inicio de la segunda parte del proceso, con otra estrategia, otros métodos, otras fórmulas, pero con los mismos protagonistas, como sucede en las segundas partes de cualquier acontecimiento deportivo.

¿En qué consiste esta segunda parte de este proceso de resolución de conflictos?

Tanto el Gobierno como ETA, han buscado deliberadamente seguir en buena medida el modelo de proceso vivido en Gran Bretaña con el IRA, han buscado lo que se llama la "ulsterización del conflicto".

Y ese es el primer gran error, la primera gran mentira de los muchas que precisa este proyecto.

Seguir el modelo del IRA, es ya de por sí, una primera victoria de ETA, la primera y dañina concesión que les hace desde un primer momento el señor Rodríguez Zapatero.

En el País Vasco no hay dos partes en conflicto, ni los grupos organizados se dividen en terroristas y paramilitares, como en Irlanda del Norte. Lo que hay en el País Vasco son víctimas y terroristas, hombres y mujeres asesinadas y hombres y mujeres que matan.

¿En qué se diferencia esta segunda parte, respecto de aquella primera, tras la llegada al gobierno de Rodríguez Zapatero?

La primera gran diferencia, que supone otra concesión a ETA, dado que siempre lo ha buscado, es lo que se llama la internacionalización del conflicto.

La Fundación Henry Dunant ya participó activamente en la primera fase de negociación, e incluso se trasladó abiertamente la bondad de este proceso al Pleno del Parlamento Europeo, con la división y el bochorno que presidió aquella sesión.

Pero, en esta segunda fase, el papel de estos mediadores internacionales se ha acrecentado significativamente. Los mediadores se han convertido en los principales garantes y guardianes de que, en el proceso, se cumplan y respeten los pasos que marca ese imaginario “manual” que las partes negociadoras deben seguir.

Su presencia, no ya como meros secretarios encargados de redactar actas, sino como protagonistas, permiten esa escenificación a la que el Gobierno puede presentarse como ajeno al proceso, como si el mismo solo se desarrollara entre los mediadores internacionales y ETA y su entorno, lo que supone un claro ahorro en términos de imagen política y de desgaste.

Dicho protagonismo tuvo su propia escenificación con un hito fundamental dentro del proceso e imprescindible para entenderlo.

El 29 de marzo de 2010 en Bruselas, en el marco del Parlamento Europeo, el abogado sudafricano Brian Currin, que por cierto, acaba de participar junto a Felipe González en Estambul en un acto organizado por el Instituto Cervantes, presentaba una declaración suscrita por diferentes personalidades especializadas en resolución de conflictos, donde se marcaba una auténtica hoja de ruta para el proceso de negociación entre ETA y el Gobierno. Para entender el escenario actual, es imprescindible tener en cuenta dicha Declaración.

En ella se daba carta de naturaleza a la izquierda abertzale supuestamente independiente de ETA y proclive a la negociación y se apuntaba a la necesidad a que ETA declarase ese alto al fuego permanente y completamente verificable.

Lo que ha ocurrido a partir de entonces estaba ya en esa Declaración de Bruselas.

La propia Declaración responde al manual propio de un proceso de resolución de conflictos y a partir de entonces, las dos partes, Gobierno y ETA, que no la Izquierda abertzale, cumplen estrictamente con los papeles designados por los mediadores y llevan a cabo, obedientemente, los gestos que se les van marcando por éstos.

Porque un proceso de negociación de esta naturaleza tiene una segunda característica fundamental: es también un proceso de gestos.

Los gestos forman parte de esa escenificación a la que antes me refería; y ese lenguaje de gestos ha sido constante a lo largo de los últimos meses, antes y, sobre todo, a partir de la Declaración del 29 de Marzo de 2010.

Ha habido gestos por parte del Gobierno desde entonces - de política penitenciaria, de declaraciones y calificativos generosos hacia los presos de ETA - que confirman el proceso.

Y, por supuesto, ha habido gestos por parte de ETA, destacando sus dos comunicados de Septiembre de 2010 en los que confirmó y explicó las características de su actual situación de tregua.

Y, en esos comunicados, ETA muestra de manera más clara sus cartas; alude expresamente a la Declaración de Bruselas del 29 de Marzo de 2010, subraya un afán de internacionalizar el conflicto, apuesta por la negociación y alude expresamente a la verificación internacional de su alto al fuego.

Por tanto, sigue de manera estricta las demandas que le marcaba esa Declaración de Bruselas, incluso su lenguaje.

Respeta, por tanto, una vez más, las reglas del manual del proceso de resolución de conflictos.

Pero lo más importante, y lamento decirlo, es que a partir del mes de Marzo del año pasado, el proceso se ha fortalecido porque ambas partes no sólo han consolidado sus posiciones, sino que han ampliado sus apoyos sociales. Utilizando una expresión que le agradaría especialmente al Rubalcaba que nos trajo la LOGSE, para las partes el proceso ‘progresa adecuadamente’.

La tercera característica esencial de esta segunda fase del proceso es su escenificación. Y esta tercera característica es, precisamente, la que tiene una mayor relevancia y un mayor protagonismo en el momento actual.

Tras una primera parte fracasada, cuando durante la pasada legislatura ETA y el gobierno se sentaron en la misma mesa, ahora estamos, como digo, en una segunda fase cuya escenificación ha cambiado por completo.

Ahora, aparentemente, el gobierno no negocia con ETA. No se sienta en una mesa con los etarras. Esta segunda parte exige más tiempo y más sofisticación.

En esta segunda parte, en su escenificación, se escenifica una expectativa con la izquierda abertzale. Se trata de crear la apariencia de que ya no se va a negociar con terroristas, sino que quien está enfrente ahora es algo diferente, una opción ideológica con políticos, con personas, que no han cometido crímenes, con hombres de paz al estilo de lo que tuvimos que oír decir en su momento respecto de Arnaldo Otegui.

De lo que se trata, como una premisa esencial, es de consolidar, día tras día, minuto tras minuto, la ficción de que ETA y la izquierda abertzale son dos realidades diferentes. Ésa es ahora mismo la escenificación fundamental. Esa es la gran mentira del momento del actual proceso.

Y esta tarea es esencial porque antes que después habrá que pactar y llegar a acuerdos públicos con una izquierda abertzale, bien sea directamente, bien sea a través de pactos y acuerdos en los Ayuntamientos, una vez que los representantes de ETA se cuelen en estas instituciones.

Y esa falsa diferencia entre ETA y la izquierda abertzale llega al punto de que, a través de sus comunicadores y de sus medios de prensa, la escenificación incluye que esa izquierda abertzale pueda ser considerada como autónoma, incluso a veces distanciada respecto de la propia ETA, como si se tratara de dos identidades distintas.

Además, dentro de esa escenificación, los papeles de ETA y del Gobierno respecto al proceso son radicalmente diferentes. ETA, la izquierda abertzale, sus medios de comunicación, tratan de realzar, destacar, agigantar, la trascendencia y el hecho mismo del proceso.

El Gobierno, esto es, la otra parte del proceso y muchos medios de comunicación que le apoyan en esta iniciativa, tratan de esconder, ocultar, ensombrecer la existencia del mismo.

El momento del proceso en el que nos encontramos.
Nos encontramos en un momento clave, crítico, de la hoja de ruta. ETA se encuentra en pleno aterrizaje en las Instituciones Municipales Vascas. Las dos partes, los dos protagonistas del proceso, ETA y Rodríguez Zapatero, actualizan su discurso. El Gobierno de Rodríguez Zapatero ha pasado de un discurso en el que lo más importante era la insuficiencia de la respuesta del mundo de ETA a otro presidido por el acento en el hecho de que estamos en el principio del fin. De la insuficiencia hemos pasado al principio del fin. Mientras el Gobierno habla del principio del fin, ETA, su entorno, sus medios de comunicación hablan del principio de un proyecto nuevo, histórico, del proyecto hacia la autodeterminación de ETA. Los dos principios no pueden ser tan diferentes y son dos mensajes absolutamente contradictorios pero útiles para dar satisfacción a las bases sociales que representan unos y otros. Sin embargo, esta contradicción es lógica dentro de lo que es un proceso de resolución de conflictos. Este proceso en términos actuales, esto es, el aterrizaje de ETA en las Instituciones tiene que ser por su propia naturaleza especialmente sinuoso, retorcido y tortuoso, tiene que ser lo contrario a la limpieza, transparencia y claridad. Cuando hablo de proceso retorcido me estoy refiriendo a los falsos debates como el de los socialistas vascos y Zapatero, o entre Eguiguren y Alfredo Pérez Rubalcaba; a la introducción de debates que despistan, que nos alejan de la esencia del proceso. Por ello, es más importante que nunca que no nos perdamos en falsos debates, no nos dejemos engañar por el carácter retorcido del proceso.

Hay dos realidades en mi opinión incuestionables. La primera es que sólo hay dos protagonistas. Todos los demás son actores secundarios, comparsas o incluso elementos de distracción. Pero Rodríguez Zapatero y ETA son los dos únicos protagonistas. La segunda realidad es que el proceso exige que al final de este periodo de una forma u otra, con una modalidad u otra, ETA tiene que estar en las instituciones locales vascas y el Gobierno de Zapatero tiene la obligación de garantizárselo.

El proceso ha avanzado lo suficiente como para que pensemos que el Gobierno no tiene marcha atrás.

Desconozco la formula, el instrumento que habrán escogido unos y otros pero diré que es lo de menos. Lo importante es comprender que al final haya una lista electoral, esto es, una pista de aterrizaje para ETA. La lógica es que ETA mas que una sigla presente ”un polo soberanista”. Lo lógico es que más allá de la legalización o no de SORTU por el Tribunal Constitucional ETA no puede dejar tirada en la cuneta a una formación como Eusko Alkartasuna. Lo lógico es que el nacionalismo vasco tenga legalizados y legitimados los dos únicos referentes, esto es PNV y ETA. Porque de la misma manera que en el proceso solo hay dos protagonistas en el movimiento nacionalista solo hay dos realidades, el P.N.V. que ha recogido hoy Aralar, una escisión de ETA y ETA que recoge a E.A., una escisión del PNV. Quiero decir que no es necesario que el Tribunal Constitucional contradiga en el plazo de un mes la sentencia del Tribunal Supremo. Puede ser, probablemente es, que la coalición con E.A. en un polo soberanista sea el plan A, porque aunque hubiera sido legalizado SORTU el acuerdo con E.A. era una necesidad. En definitiva ETA no necesitaba a SORTU para aterrizar en los ayuntamientos.

Lo que hemos vivido con SORTU forma parte de esa escenificación. Forma parte de ese proceso que se ha vuelto, como digo, más sofisticado, más tortuoso y retorcido.

La aparición de SORTU ha permitido, además, meter en escena a nuevos actores que hacen más complicada la situación y ocultan más aún la realidad del proceso. Con SORTU, se han visto obligados a entrar en juego la Fiscalía General del Estado, la Abogacía del Estado, el Tribunal Supremo… Pero eso sólo hace que ocultar el protagonismo de los actores principales, crear la apariencia de que no hay un proceso de fondo, escenificar una firmeza por parte del Gobierno que no es tal, dado que esa firmeza la ejerce el Poder Judicial, pero refuerza una apariencia de falsa firmeza del Gobierno que le es útil de cara a su imagen pero no altera su actitud de fondo en el proceso y, a la vez, ha permitido reforzar esa ficción de una izquierda abertzale distanciada de ETA. En definitiva, es sólo una forma de hacer aún más oscuro, sofisticado, retorcido y tortuoso ese proceso. Una escenificación que, a la postre, incluso con el rechazo del Supremo, beneficia a la imagen de ambas partes.

De ese modo, la esencia de lo que estamos viviendo – un proceso en el que tanto ETA y la izquierda abertzale como el Gobierno tienen intereses propios de cada parte, papeles diferentes pero también concesiones recíprocas y puntos de encuentro estratégicos – se hace más complejo, más difícil de comprender y menos evidente en cuanto a la existencia del propio proceso. Y además tiene la ventaja de que hace parecer que las decisiones, que su avance o retroceso, ya no depende de los actores principales sino de cuestiones que escapan del control de ambos, como pueden ser las decisiones judiciales o la aplicación de la legislación electoral.

Pero no es así. Porque todo ello no supone que ese proceso largo y sofisticado cuyas líneas esenciales he descrito no exista. Ni altera tampoco lo que debe ser su futuro más inmediato, su siguiente hito: el aterrizaje de ETA en las instituciones en las próximas elecciones municipales y forales.

Por tanto, ¿qué nos espera en el futuro más inmediato?

Como digo, el hito fundamental siguiente del proceso, serán las próximas elecciones locales y forales en el País Vasco y Navarra.

Uno de los problemas que sin duda tendrá ETA, probablemente el más difícil de resolver, radica en la dificultad de controlar, tutelar ese polo soberanista, en el que compartirá presencia con E.A. y no lo olvidemos nunca con algunos sindicatos nacionalistas que son parte esencial del mismo.

Ese será el siguiente hito esencial para la supervivencia del proceso. No será su final, porque entre otras consideraciones, ETA tendrá que analizar los resultados electorales del polo soberanista, de la evolución interna del mismo y de los pactos post-electorales que sea capaz de establecer, incluso con el PNV o el PSE.

ETA, en definitiva, medirá el grado de poder que le proporcione esa vuelta a las instituciones municipales y forales.

Si ETA considera razonable y esperanzado el grado de poder tras las urnas, el proceso continuará y tendrá, sin duda, un segundo hito en la proximidad de las elecciones generales próximas, donde volverá en este caso a tratar de ayudar en víspera de las elecciones a Zapatero o a quien le suceda, como ya lo hizo en el 2.008.

Llegado a este punto, permítame por tanto centrar esta reflexión en dos conclusiones claves:

Nos encontramos ante dos debates diferentes.

El primero, centrado en la existencia o no del "proceso"; y el segundo, localizado en la eficacia o no del mismo.

Me van a permitir que, respecto del primero, afirme y reitere mi absoluta certeza y convicción de que este proceso constituye una realidad.

Es inconcebible que una declaración formal apoyada por personalidades de prestigio internacional, incluidos Premios Nobel, y por fundaciones y organizaciones como las que firman esa declaración de Bruselas sólo exista a demanda o al servicio de ETA. Es inconcebible la existencia de esa Declaración sin el apoyo, el impulso o el visto bueno, más o menos expreso, del Gobierno de España.

De lo que se trata en este momento es de tener claro que el proceso existe. Que no es un proceso que tenga exclusivamente como partes a ETA, a esa izquierda abertzale en supuesta tensión con la propia ETA y a los mediadores internacionales, sino que también implica al propio Gobierno. Y, sobre todo, que para ETA este proceso no supone un cambio de su proyecto sino sólo un cambio de su estrategia. ETA sigue buscando la fractura de España, lo mismo que ha buscado siempre.

La única diferencia, la principal razón por la que ETA entra en este proceso, es que, ante la debilidad de España, la opción política para el logro de su objetivo se le antoja más eficaz que en otros momentos. Es lógico que, cuanto más patas arriba ve ETA a España, más opte por vías políticas para la persecución de sus objetivos.

Respecto a la eficacia del proceso, es algo inevitable que, de una u otra manera, acabará fracasando. Pero, en su desarrollo, lo que no podemos permitir es que tenga un coste demasiado alto para España. No podemos abrir la puerta de las instituciones democráticas a ETA. No podemos permitir que ETA haga girar la política vasca en torno al debate sobre la independencia. No podemos permitir, en definitiva, que ETA siga avanzando en su proyecto de fracturar España simplemente porque tenemos un Gobierno que se lo pueda permitir, que por intereses espúreos deje crecer ese debate, que no defienda con la debida firmeza la fortaleza del concepto de nación como algo indiscutible y necesario para España. Por ello es tan importante que la manifestación el día 9 sea un éxito. Desde luego, desde aquí y delante de ustedes confirmo mi presencia.

No dejemos ahora que, 35 años después, mil muertos después, la ruptura y la desmembración se impongan, como si nada hubiera ocurrido en la historia de España desde 1975.

Lo que les acabo de relatar no lo digo por vez primera en Murcia, lo relate exhaustivamente hace mas de un año en un acto de victimas en Palencia, en febrero del 2010, también en presencia del Presidente del Observatorio de Victimas. En aquel momento, muy pocos me creyeron y pensaron que era una obsesión como exMinistro del Interior o incluso una situación de locura pasajera. Pero que casualidad, todo aquel relato se esta cumpliendo inexorablemente. Algunos estamos convencidos que un problema como el que sufrimos en el País Vasco, asentado durante muchos años en la violencia y en la mentira y el mito, nunca podrá ser resuelto con una ficción o una mentira. Hace falta que en un proyecto de regeneración democrática de España, el primer valor a regenerar y a recuperar sea el valor de la verdad. Especialmente a la hora de afrontar el proyecto de ETA, es decir, un proyecto de ruptura de España.

Muchas Gracias.
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