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Argelia clama por una nueva Constitución

La clase política argelina, dividida frente a la revuelta árabe

martes 29 de marzo de 2011, 13:23h
Mientras que en todo el país aumentan las manifestaciones de protesta de los ciudadanos por las condiciones de vida, la injusticia y la impunidad y la falta de futuro para los jóvenes, la clase política argelina se debate entre los que defienden el statu quo actual y quienes exigen una nueva Constitución que de paso a una segunda República.
Hace dos días la explanada que se abre ante el Palacio presidencial de El Muradia en Argel, fue el escenario de cuatro manifestaciones diferentes de ciudadanos. Todos convergieron allí para exigir del Poder que haga cambios, no de fachada sino reales. Los profesores de Instituto y de Universidad, las víctimas del terrorismo, los repatriados que huyen de la guerra civil en Libia y ex-militares que reclamaban sus derechos, se encontraron a las puertas del bunker presidencial. Esta vez, las fuerzas policiales del ministerio del Interior que dirige el general Abdelgani Hamel, no pudieron impedirlo.

Los cambios que ha anunciado el presidente Abdelaziz Buteflika, la anulación del Estado de emergencia en vigor desde hace 20 años en el país, nuevas inversiones para la mejora de la situación social y hasta algunos retoques en la Constitución del país, no son considerados suficientes por la población argelina. Por su parte la clase política se encuentra dividida entre los adeptos del cambio radical y los reformistas que predican cambios paulatinos y controlados.

Dos partidos políticos con trayectorias diferentes han coincidido esta semana en reclamar la disolución del Parlamento y la instalación de una Asamblea Constituyente representativa para redactar una nueva Carta Magna en el país. Son el Frente de Fuerzas Socialistas (FFS) liderado por el veterano revolucionario Hocin Ait Ahmed, y el izquierdista Partido de los Trabajadores dirigido por Luisa Hanun, que paso de participar en las protestas callejeras estudiantiles de los años 80, a convertirse en “partido parlamentario” y otorgar legitimidad a un Poder que ahora contesta.

Las propuestas formuladas por Ait Ahmed de “refundar las instituciones y devolver sus derechos a los ciudadanos”, que han tenido el apoyo de una parte de la Coordinación Nacional por el Cambio y la Democracia (CNCD) promotora de manifestaciones semanales desde hace dos meses, no han sido bien acogidas por los partidos de la “Alianza presidencial”, el Frente de Liberación Nacional (FLN) y la Reagrupación Nacional Democrática (RND), que han rechazado categóricamente la necesidad de una nueva Constitución.

En el campo de quienes preconizan un nuevo rumbo para el país, la lucha sin cuartel contra la corrupción y los derechos democráticos y libertades sin condiciones, se encuentra el recién creado Frente para el Cambio Nacional (FCN), constituido por medio centenar de personalidades de la vida política, mediática, de militantes de los derechos humanos, y de líderes de los sindicatos autónomos. El FCN, como los movimientos de la oposición radical sean islamistas o laicos, pretenden seguir el camino emprendido por las revoluciones tunecina y egipcia y promover un cambio de régimen.

Entre los partidarios del reformismo respetuoso del statu quo se encuentran diferentes personalidades que han jugado un papel prominente en anteriores gobiernos, como el exprimer Ministro Ahmed Benbitur que dirige la Alianza Nacional para el Cambio, Yamel Benabdeslam del islamista Islah, Abdelmayid Menasra del también islamista Movimiento por el cambio, y otras personalidades políticas de diferentes horizontes. Todos coinciden en evitar una ruptura brusca del equilibrio político en le país, y son partidarios de cambios cosméticos.

De cualquier manera los vientos del cambio en el mundo árabe y en el Magreb en particular, son irresistibles. La inmensa mayoría de sus poblaciones son jóvenes de menos de 25 años, y no se sienten ni representados ni tenidos en cuenta por los poderes públicos. En Túnez y Egipto una gran parte del cambio ya se ha operado, y en Yemen y Siria, está en marcha, señala el periódico argelino Le Soir; que añade que en Libia el régimen autoritario de Gadafi hace frente a una oposición armada que quiere derrocarle, mientras que en Marruecos, Jordania e incluso Arabia Saudita, aumentan las voces que piden cambios. “Argelia no puede quedarse al margen”, estima la publicación.

“¿Quien tiene miedo de una nueva Constitución?” Se interroga la prensa argelina. “La respuesta es evidente: los pilares del actual régimen”, sostiene el periodico El Watan. “Porque un cambio seria para ellos el fin de la legitimidad histórica de la que se han valido sus responsables para permanecer en la periferia del poder”, en alusión a los partidos de la coalición presidencial FLN y RND, a los que considera como meros “instrumentos del poder para frenar cualquier voluntad de cambio”, según el analista Rachid Tlemsani. “Hablar de Asamblea constituyente, es hablar de una nueva República, que exige un cambio radical del sistema que ponga fin al actual statu quo”.

Estados Unidos y Francia observan con recelo la tormenta que se cierne sobre Argelia, por las repercusiones que podría tener no solo en la geopolítica del Mediterráneo, sino en el aprovisionamiento energético mundial. Además Argelia ha vivido ya una larga y cruenta guerra civil en los años 90 que dejo 200 mil muertos en su camino. Y eso nadie lo ha olvidado.
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