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Catalunya, Catalunya, über alles (y II)

José Antonio Ruiz
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jantonruytelefonicanet/9/9/20
viernes 01 de abril de 2011, 21:38h
No está lejos el día en el que la Fuentealbilla natal del manchego Iniesta se proclame república independiente de IKEA. ¿España? Ni una, ni grande, ni libre, siempre peleada consigo mismo, moviéndose por el filo de la navaja trapera del españicidio. ¡Pena de país! Pobre España descabellada, te tratan como a una furcia decadente de las novelas de Cela.

Cuatro años y cuatro meses hace, cuatro, que en noviembre de 2006, el andaluz renacionalizado José Montilla era investido nuevo president de la Generalitat, dando pie para la crítica ácida a quienes albergan la convicción, avalada por los hechos, de que los “charnegos” suelen ser peores que los conversos, porque viven en un sin vivir a partir del momento que abjuran de un pasado imborrable salvo que repudien a la madre que les parió.

Y es que tan sólo unas horas antes de dejar de ser oficialmente ministro de Industria para lanzarse de lleno a su particular campaña como candidato a la presidencia de Cataluña y al Cirque du Soleil, se vio en la tesitura de tener que dar un doble salto mortal sin red en su localidad cordobesa natal, donde ante el dilema de tener que pronunciar el pregón de las fiestas ante sus paisanos, no tuvo otra ocurrencia que declararse «un catalán de Iznájar», o sea, más español que el caballo de Santiago. Y dicho esto, cerró su alocución con un sonoro «¡Viva la Virgen de la Piedad!» ¡Con un par!

De vuelta a Cataluña, el ya candidato Montilla, después President, se hizo acompañar en la Diada del “Onze de setembre” de 2006 de toda la plana mayor del PSC: al frente de los guardias de corps, Joan Clos, el mismo que después heredaría el ministerio montillano durante la recta final de la primera legislatura de Zapatero; la vicepresidenta primera del Congreso de los Diputados, después ministra de Vivienda y hoy de la Guerra, Carmen Chacón, apparatchik de tercera (Aleix Vidal-Quadras); el alcalde de Barcelona, Jordi Hereu, otra alegría de la Huerta; y el presidente de la Diputación de Barcelona (fichado igualmente por Zetapé como ministro del Paro), el extremeño Celestino Corbacho, entre otros. Y por un dirigente de sus Juventudes (el primer secretario de las Juventudes Socialistas de Cataluña) que vestía una camiseta con el lema “Tots som Rubianes” (“Todos somos Rubianes”), en solidaridad con el actor gallego Pepe Rubianes, que de no haber fallecido al poco tiempo, llevaba camino de convertirse en un ídolo del socialismo catalán, candidato a figurar en los altares del martirologio catalanista, después de que el alcalde de Madrid, Alberto Ruiz?Gallardon, vetase el estreno de su obra Lorca eran todos en el Teatro Español de la capital de España, que es lo menos que se merecía un personaje, también charnego pero con más pedigrí catalanista inclusive que Montilla, que meses antes había insultado zafia y soezmente a España y a los españoles en TV3, la televisión del régimen catalán, en los siguientes términos:

«Que se vayan a tomar por el culo estos españoles» (primeros aplausos del público del plató y risas del presentador Alberto Om)… Que se vaya a la mierda la puta España» (aplausos y risas)… Que se metan a España en el puto culo a ver si les explotan los huevos» (más aplausos y más risas).

¡A saber la que se hubiera montado en Cataluña! –Y con razón– si a algún insensato en Madrid se le calienta la boca –tal y como confesó el lenguaraz Rubianes que le sucedió a él– y dice: «Que se vayan a tomar por el culo estos catalanes. Ojalá les exploten los cojones. Que se vaya a la mierda la puta Cataluña».

Así es la indescriptible Catalunya del unipartito barcelonista a la que en más de una ocasión han glosado, sumidos en un éxtasis teresiano, muchos de los prebostes que van de divinos de la muerte, y que como tantos otros compañeros de profesión muestran una extraña querencia al noble oficio de chachas chupeteras.

A fin de cuentas, desde mucho antes del Tripartido, todos los gobiernos autonómicos catalanes han sido, sin excepción, gobiernos pretorianos integrados por las élites de la burguesía catalana y foránea recriada, versión Estado Novo portugués; con la aparente salvedad de que no han necesitado ningún Petain, Antonescu o Franco que acudiese a redimirlos, pues en cierto modo puede que ya lo hayan tenido dentro y hayan sido tan ilusos como para no percatarse de ello.

¿Qué ha sido el Tripartit sino un gobierno más de derechas que la derecha radical italiana de antaño: instrumental, modernizadora e imperialista, por más que tratase de revestirse de un neo autoritarismo autoritario tradicionalista? Desde luego en lo que a la política lingüística se refiere, ha tenido todas las trazas de una dictadura cincinatesca, encubierta bajo la apariencia falsa de un régimen democrático ateo, pagano, anticristiano, autárquico, plutocrático, oligárquico, arcaico, medieval, feudal, rudimentario, reaccionario, vocinglero, belicoso y demagógico. Nacionalismo autoritario al fin y al cabo, en lo que parece una vuelta al nativismo populista de antaño.

Al fin y al cabo, los republicano independentistas catalanes (ERC), los socialistas pro federación (PSC), y los nacionalistas a secas (CiU), siempre han ambicionado lo mismo: influir en Madrid a base de componendas y gobernar en Cataluña por medio de un gobierno de partido único. Y tres cuartos de lo mismo, con las debidas salvedades, ha sucedido con los Sabinoaranas del PNV en Vascongadas.

Como el futurista Marinetti (cabeza visible de la tercera fuerza ideológica en la fundación del fascismo italiano), acabaremos creyendo que «la guerra entre los pueblos de España es la única higiene de la Nación de Naciones». La Marcha sobre Madrid está al llegar (por mucho que Esperanza Aguirre se empeñe en emular a Cristina de Aragón en bicicleta y Gallardón se refugie en una de sus gloriosas zanjas?trincheras), a manos de las milicias políticas nacionales catalana, vasca, gallega y balear.

La operación de adoctrinamiento ya está en marcha. Lo peor para Cataluña, las Ínsulas Baratarias, Vascongadas, Navarra, Galicia y lo que para entonces quede de España, es de temer que está todavía por arribar, cuando salga de la Universidad la primera hornada de cachorros amamantados en las ubres exhaustas del ultranacionalismo protosocialista, adoctrinados sobre la perversa idea de la división y el odio al resto de España.

Los ideólogos del nuevo régimen están ahora en período de formación, por supuesto mono lingüística, en catalán, euskera, gallego o mallorquín, excepción hecha de los hijos de la clase dirigente, que estudian en colegios privados y que, como las hijas del reservista Montilla, cultivan el alemán, el inglés y el español. Sin duda será esta la mayor tragedia, aunque no la suframos nosotros, sino nuestros hijos y los hijos de nuestros hijos. También Mussolini fue un portento en el “arte” de introducir la enseñanza del fascismo en las escuelas. Y así le fue a Italia durante largos y tortuosos años.

En los futuros libros de Historia que ya están en fotomecánica aguardando su impresión, dejará de hablarse del «pronunciamiento» de Primo de Rivera para exaltar el «Pronunciamiento de los Periféricos» que, siempre tan oportunistas, tratan de sacar partido al camelo de “la nación catalana desposeída”. Cincinnatus fue un pobre hombre al lado de estos nuevos próceres de los Països Catalans Lliures, inventores de su particular subcultura política de la intelligentsia radical nacionalsocialista catalana.

¿Por qué ninguno de los partidos fascistas del norte de Europa logró jamás movilizar más del 2% del voto popular, excepción hecha del efímero IKL finlandés en 1936 y de los nacionalsocialistas holandeses en 1935 y 1937?

La respuesta no deja lugar a la duda: porque ninguna democracia norteña, salvo Irlanda, se enfrentaba con problemas importantes de nacionalismos, etnias o tribus. O dicho de otro modo: porque todas ellas, salvo la irredenta república celta (la misma que en plena Eurocopa de Fútbol de 2008 dijo “no” al Tratado de Lisboa), eran democracias civilizadas, tenían un nivel alto de educación, estaban socialmente equilibradas y gozaban de culturas políticas modernas establecidas y de tradiciones constitucionales parlamentarias. Ni existía espacio para un nacionalismo revolucionario, ni necesidad ninguna de “salvadores” nacionalistas, vestigios inexplicables de la Edad de Piedra, recién salidos de las cavernas, con el taparrabos cubriéndoles los ojos, haciendo las veces de venda. Es decir, tenían muy clara y asumida su devoción inquebrantable por el proceso constitucional liberal y no necesitaban (es más, lo detestaban) a ningún aventurero dispuesto a ejercer sobre la masa su caudillaje caribeño, ni mostraron nunca ningún interés por leer el Libro verde del dictador libio Muamar el Gadafi, donde se habla de los vínculos inquebrantables del jefe con su pueblo, y de la «verdadera democracia» del régimen.

Como la cabra que tira al monte, André Breton acabó poniendo su talento al servicio de la revolución bolchevique de su camarada Trotsky, el mismo que organizó el golpe de Estado de 1917 y jodió bien jodidos a los rusos hasta la eternidad de la serpiente que simbólicamente se devora a sí misma comenzando por hincar el diente a su propia cola.

94 años después, el surrealismo es, como la Nación para Zetapé, el insomne Presidente Campeador según la confesión que le hizo al diario El País, un concepto discutido y discutible, traicionado por sus digresiones semánticas, que como su antecedente dadaísta bien pudiera aplicarse a una resolución que no hay por donde cogerla, por buena voluntad que ponga uno en el envite.

Por eso, todavía me sigo rulando de la risa floja Ramblas abajo cuando releo lo escrito a cuatro manos en el periódico oficial de la bancada socialista por la ministra Carmina y el ex presidente González, su padrino-valedor, diciendo de Cataluña que es «uno de los sujetos políticos no estatales, llamados naciones sin Estado».

Lo mismo convendría no tomar a broma al humorista Javier Coronas cuando dice, muy en serio, que Los pajaritos debería ser el himno de España. Visca Catalunya Llibre. Catalunya?Catalunya über alles (Cataluña-Cataluña, por encima de todo). «Laporta president, Catalunya independent!». (…) Catalonia 10 de abril: Independence Day. ¡Pena de país!

José Antonio Ruiz

Periodista

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