La renuncia de José Luis Rodríguez Zapatero a volver a ser candidato socialista a las próximas elecciones generales tiene una gran repercusión en el panorama político, pero no hay que desdeñar su importancia económica.
La noticia económica del año ha tenido lugar en Ferraz, en el Comité Federal del PSOE. Se trata, claro es, de la renuncia de José Luis Rodríguez Zapatero a volver a ser candidato socialista a las próximas elecciones generales.
Su importancia política será difícil de exagerar, aunque todo es posible. Pero no cabe desdeñar la impronta económica de la noticia. Hay dos lecturas posibles, las dos se han expresado en los periódicos, y antes de decantarnos por una u otra bueno será exponerlas con todas sus razones.
En las dos cabe pensar que Zapatero ha pensado ante todo en el bien de su partido, más que en el conjunto de España. Especialmente en la primera. Carlos Sánchez la expone
así: “Zapatero anuncia que no será candidato sólo para salvar el pellejo de su partido, pero no para ayudar a España. Entre otras cosas debido a que su anuncio pone punto y final a la legislatura con un año de anticipación. Desde ya los ministros son provisionales en un país con
casi cinco millones de parados, lo cual es un auténtico dislate que sólo emponzoñará un poco más la política y dañará la economía. Los riesgos son ciertos y es probable que se manifiesten en las próximas semanas si los mercados perciben un agotamiento en las reformas económicas”. Es la misma tesis que expresó recientemente Emilio Botín. Ahora habrá, según parece, no menos de dos candidatos. Los ministros que piensen en su futuro político se alinearán con uno u otro, y pensarán más en lo que ocurra a partir del próximo marzo que en su labor. Lo cierto es que con su anuncio no zanja nada y desata una lucha política en el socialismo (en el Gobierno, en el partido, en el Parlamento), que no ayuda a la acción del Gobierno.
Es un político amortizado por su partido y, sobre todo, por el electorado. Esto puede entenderse como un motivo más para sumarse a la primera lectura, pero también a la segunda, que es la del propio Zapatero. Él ha dicho “
actuaré con autonomía como presidente”, lo que se ha entendido como una disposición a realizar todas las reformas necesarias para mejorar la economía, para llevarse él la impopularidad que eso llevaría aparejado, librando de parte de esa carga al nuevo candidato. Eso creen Público y El País. El primer periódico dice que “Zapatero se compromete a culminar las reformas que necesita España”, mientras que el segundo va más allá: “Zapatero fía su validación histórica en ser capaz de transformar la economía”. Es decir, que esa falta de legitimidad por la carencia de apoyo político es también una falta de ataduras, lo que le dejaría libres las manos para aplicar las reformas.
Hay todavía una
tercera consideración. Las consideraciones anteriores tienen valor si tomamos por buena la palabra de Rodríguez Zapatero de que agotará la legislatura,
como le dijo Botín que hiciera. Podemos dudar o no de lo que diga el presidente, pero esa cuestión puede quedar más allá del valor que tenga su palabra. Especialmente teniendo en cuenta que no podía decir otra cosa si no iba a convocar elecciones. Y es que la situación puede obligarle a convocar elecciones antes de lo que quisiera.
Es razonable pensar que querrá agotar la legislatura por
varias razones: 1) Permanecer más tiempo en el poder, 2) Tener más oportunidades de forjarse un mejor juicio ante la historia, 3) Dar tiempo a que las reformas o la recuperación internacional mejoren la economía española, lo que le daría un respiro a su partido.
Pero puede verse obligado a convocar a los españoles a las urnas antes de marzo de 2012. Por un lado no tiene mayoría en el Congreso, y sigue necesitando el concurso de otros grupos para aprobar nuevas reformas, previstas para dentro de dos meses. Si no lo consigue (y con un presidente de pato cojo... y mareado, no es descartable), podría verse obligado a dar por terminada la legislatura. Un
adiós a lo Sócrates. Pero su decisión podría adelantarse también por otro motivo: si su partido, a pesar de haber anunciado ya que se irá, obtiene una catástrofe electoral el 22 de mayo. Si adelanta los comicios, ya podemos decir adiós a las reformas hasta que se forme un nuevo Gobierno
Las reformas. Pero la cuestión no es sólo sí o no, sino principalmente cuáles. Zapatero ni ha apostado de veras por la austeridad ni por la reforma del gasto público ni ha liberalizado los mercados; especialmente el laboral, que sigue siendo muy rígido en comparación con los de otros países democráticos. Por mucho que nuestra política económica esté
en manos de Angela Merkel, quien tiene que hacer los ajustes es el Gobierno, y Zapatero parece incapaz de llevarlos a cabo hasta sus últimas consecuencias. Mariano Rajoy es un misterio, pero al menos tiene el beneficio de la duda a su favor, y por tanto también al nuestro.
Hay una última consideración económica respecto de la noticia política de la renuncia de Zapatero. Habrá que
ver cómo reaccionan los mercados. No lo harán a corto plazo, pero es razonable pensar que la constatación de que Zapatero no va a ser presidente anulará las reticencias de muchos inversores internacionales a volver a invertir en España.